Semanario Crítico Canario
Por la regeneración del español de Canarias

Este artículo lo publica

Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

Opinión

Por la regeneración del español de Canarias

La semana pasada Josemi dio un campanazo al tocar uno de los temas clave en lo que es la identidad y el ser de toda persona o colectividad: la lengua y, más específicamente, la concepción que los hablantes tienen de ella. Como creo que el tema es capital y está lejos de haber quedado zanjado, les cuento cuáles son las conclusiones que extraigo del debate que se generó, para que ese mismo debate continúe.

Como punto de partida, queda claro que los canarios por lo general consideramos nuestra variedad lingüística, el español de Canarias, una modalidad inferior a otras variedades, cosa de magos y maúros. No es que no le tengamos cierto cariño, quién no se ha hincado algún sancocho con escaldón de gofio de millo en algún asadero cumbrero. Pero claro, cuando la situación comunicativa sale de la chuletada e implica formalidad o simplemente discurre por canales escritos, le damos de lado al español de Canarias, que sólo vale para asaderos y patios de vecinos, y nos disfrazamos de pulcros hablantes de la variedad castellana o estándar, que casi es lo mismo.

A todos nos han mareado con el guineo de que lo “correcto” (o sea, lo prestigioso), lo formal, es el español estándar, que está por encima de variedades y dialectos, y además es ideológicamente neutral. Pero quien esto escribe ya no se lo cree: el estándar no es más que la variedad castellana algo elaborada (por tanto no está por encima de variedades o dialectos, sino que procede de uno) y ha venido impuesto por el territorio que más poder fue amasando, Castilla, en su esfuerzo centralizador y castellanocentrista. Así, el castellano/estándar se impuso no por cuestiones de corrección lingüística, como algunos parecen pensar, sino por una mera cuestión de poder.

Que la superioridad de la norma castellana se asumiera en el pasado quizá fuera normal por los tiempos que corrían, pero que en pleno siglo XXI se considere una modalidad más correcta que otras es un atropello, a parte de una sandez. Los canarismos son creaciones de la lengua tan legítimas como las que más, ¿cómo no lo van a ser, si son producto del devenir de generaciones de canarios que expresaron así la realidad que les rodeaba? ¿Es que valemos menos como personas, para que también valgan menos nuestras creaciones?.

Sin embargo, el desprecio hacia nuestro español propio parece estar más vivo que nunca. Y no es raro, puesto que el nacionalismo centralista, lejos de democratizar la lengua, cuenta con dos poderosos instrumentos a su favor para imponer su variedad lingüística: los medios de comunicación y el sistema educativo.

Los primeros le dan trato de favor y la envuelven de un halo positivo, al tiempo que presentan las demás hablas como risibles, costumbristas, de ruralidad mal entendida, atrasadas. En la escuela, en lugar de limitarse a enseñar la norma estándar, se han hecho esfuerzos por castellanizar el léxico de los niños canarios e infundirles la convicción de que los canarismos son vergonzosos rusticismos, con el resultado, y tomo prestadas palabras de Marcial Morera, de que se avergüenzan de su cultura (y del modo de hablar de sus padres), se les despierta un miedo enfermizo a expresarse libre y espontáneamente, se obligan a usar palabras extrañas para expresar la realidad (con el consecuente extrañamiento de la misma) y por tanto encuentran dificultad para encontrar la palabra justa (de ahí los típicos titubeos de los canarios al expresarse en situaciones formales). Como consecuencia, los niños canarios se atrasan porque parte del tiempo en clase se va en erradicar las “palabrotas” canarias (lo que explicaría en parte el fracaso escolar), frente a alumnos de otras regiones que no tienen que someterse a esta purificación. Por si fuera poco, los niños terminan por reprimir en el habla de sus padres las expresiones propias que a su vez a ellos les “corrigió” el profesor.

Cierto es que me dejo por el camino bastantes elementos en un asunto tan complejo, pero lo que expongo explica a grandes rasgos incoherencias como el uso alambicado de “vosotros” en textos de hablantes de la norma canaria, o el frecuente entrecomillado de palabras nuestras, como si fueran de menor valía. La razón última es el desprecio inculcado en el canario hacia su modalidad expresiva. Desde aquí propongo una regeneración consciente del español de Canarias para que coloquemos, sin complejos, nuestra habla allá donde le corresponde estar, junto con todas las demás. Nunca por encima de ninguna, y jamás por debajo.

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Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

Reacciones
  • Enhorabuena, Iván. Escribiste una entrada muy certera acerca de la problemática del habla canaria, que no es sino la problemática de la imposibilidad de la canariedad genuina en el actual estado de cosas. Desmenuzas muy bien las relaciones de poder que se dan en ese terreno: locutor-oyente, profesor-niño, niño-padres,… Creo que todos hemos visto ejemplos de todo esto a nuestro alrededor. Quizás algunos de nosotros hayamos sido víctimas en algún momento. Tal vez hemos sido victimarios en alguna ocasión de las generaciones que nos precedieron. Rescatas uno de los casos, a mi juicio, más sangrantes: el uso acomplejado y acomplejizante de las comillas para los canarismos. Lo nuestro no puede estar al mismo nivel que lo de los demás, sino un escalón por debajo. Otra cosa: no sé si es una discusión académica en el plano terminológico. Quizás me pueden otros aspectos pero yo me siento más cómodo usando la expresión “habla canaria” que “español de Canarias”, no porque niegue que la lengua que hablamos siga siendo español, lógicamente, sino porque pone el peso en lo español frente a lo canario que, nuevamente, queda relegado a “complemento”. En fin, es sólo una apreciación personal. Mi más sincera enhorabuena.

  • Quisiera informar a D. Iván, creo que no debe ser Josemi, que en referencia a este lamentable blog, que el nivel de la ingeniería canaria no tiene parangón alguno con ese espacio ni con su autora.

    Le felicito a usted por saber interpretar crítica e insulto, por supuesto siempre desde el punto de vista óptimo para la construcción nacional.

    Un saludo.

    P.D: Perdonad que ensucie esta entrada con este comentario.

  • No es por nada, pero creo que están un poco perdidos. La mayoría de los hablantes canarios ni pensamos que nos expresamos en un sub-estándar, ni nos hincamos sancochos con escaldón de gofio de millo en los asaderos cumbreros (esto último sería bastante poco razonable, aparte de poco inteligente).

  • Confieso, Mr. Bitdrain, que al principio no tenía ni idea de lo que usted hablaba, pero ya me informé. En fin, cada cual se califica con sus hechos y palabras. No se me ocurre otra cosa. Gracias por participar.

  • Sancocho, yo debo ser poco razonable además de poco inteligente, pero algún sancocho con escaldón de gofio de millo sí que me he hincado en asaderos, chuletadas y demás reunencias campestres,… sobre todo en Viernes Santo. Un saludo.

  • El habla canaria será tanto más culta cuanto menos complejines seamos los hablantes, creo explicarme.

    Por cierto, que echo de menos un estudio -o muchos- de doblaje canario para los dibujos animados, para las series, para las películas y para los documentales.- Por un lado será una fuente de ingresos para el ingresador y, por otro, un regreso al futuro para las nuevas generaciones.

    Y lo de las pellas de gofio en los asaderos, a Dios pongo por testigo que es una añulguez.

  • Sancocho, el habla canaria ya es culta. ¿De dónde vienen los complejines de los hablantes? ¿Casualidad? ¿Coincidencia? Creo que la entrada de Iván apunta en otra dirección.

    Genial la idea de los estudios de doblaje canario pero ¿cómo combinar eso con que la noble aspiración de que nuestros pibes estén cada vez más expuestos a las lenguas extranjeras? Permíteme recomendarte, si no lo has oído ya, nuestro podcast sobre el asunto de los idiomas.

    Manejas un concepto de asadero excesivamente restrictivo. Si éste se entiende exclusivamente como aquella ocasión donde se asan alimentos, sobre todo carne, debo darte la razón. Si vamos a una concepción más amplia tipo reunencia donde se da cuenta de condumios, enyesques y beberajes varios, creo que la presencia del escaldón de gofio o la pella está más que justificada, ahuyentado para siempre la odiosa añurgadera.

    Un saludo.

  • Saludos a todos, y gracias por las felicitaciones, me alegra que encuentren interesante la entrada.

    Personalmente no creo que los hablantes piensen conscientemente que lo suyo es un sub-estándar. Inconscientemente, sin embargo, están convencidos de ello. He visto a la misma persona decir que no cambia su forma de hablar por nada y que se regocija de hablar canario, y a las primeras de cambio decir “autobús” y “ya ha venido tu hermano” porque había un peninsular en el grupo. Ejemplos parecidos se dan todos los días.
    ¿Por qué, si la norma canaria también es culta? Pues en primer lugar porque pocos canarios parecen saberlo, y eso desde luego no es ninguna casualidad. Más bien causalidad.

    Hombre, reconozco que no uso la palabra “asadero” stricto senso y que un sancocho, al pie de la letra, quizá no sea un asadero, pero creo que se me entiende igualmente. Y además, ¿no se han mandado nunca un escaldón (que no pella) calentito un día de invierno y brumerío en la cumbre? No saben lo que se pierden. Por no decir que pocas cosas hay tan refrescantes como una pella de gofio ligerita y recién sacada de la nevera para los calores veraniegos, prueben y verán.

    Igualmente, creo que en Canarias aún más que en España si cabe, tiene sentido ir dejando atrás paulatinamente el doblaje de películas y programas. De otra forma no arrancaremos nunca con el necesario conocimiento de idiomas. Donde sí habría que canarizar es en locutores de radio y televisión, entrevistadores, periodistas, políticos… porque algunos parecen concursantes de “a ver quién imita mejor el acento de Burgos”, si bien no todos, claro está. Eso es un síntoma de grave complejo.

    Y por último, la cuestión español de Canarias-habla canaria. La verdad, no me planteé el matiz diferente de ambos términos y los usé como sinónimos. De hecho, los libros que manejo suelen hablar más bien de habla canaria… Me lo apunto para la próxima. Al mismo tiempo, creo que se habla del español de Uruguay o de Puerto Rico por ejemplo, no del habla ¿no? La verdad, no he reflexionado sobre el tema

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