Semanario Crítico Canario
Por la regeneración del español de Canarias

Este artículo lo publica

Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

Opinión

Por la regeneración del español de Canarias

La semana pasada Josemi dio un campanazo al tocar uno de los temas clave en lo que es la identidad y el ser de toda persona o colectividad: la lengua y, más específicamente, la concepción que los hablantes tienen de ella. Como creo que el tema es capital y está lejos de haber quedado zanjado, les cuento cuáles son las conclusiones que extraigo del debate que se generó, para que ese mismo debate continúe.

Como punto de partida, queda claro que los canarios por lo general consideramos nuestra variedad lingüística, el español de Canarias, una modalidad inferior a otras variedades, cosa de magos y maúros. No es que no le tengamos cierto cariño, quién no se ha hincado algún sancocho con escaldón de gofio de millo en algún asadero cumbrero. Pero claro, cuando la situación comunicativa sale de la chuletada e implica formalidad o simplemente discurre por canales escritos, le damos de lado al español de Canarias, que sólo vale para asaderos y patios de vecinos, y nos disfrazamos de pulcros hablantes de la variedad castellana o estándar, que casi es lo mismo.

A todos nos han mareado con el guineo de que lo “correcto” (o sea, lo prestigioso), lo formal, es el español estándar, que está por encima de variedades y dialectos, y además es ideológicamente neutral. Pero quien esto escribe ya no se lo cree: el estándar no es más que la variedad castellana algo elaborada (por tanto no está por encima de variedades o dialectos, sino que procede de uno) y ha venido impuesto por el territorio que más poder fue amasando, Castilla, en su esfuerzo centralizador y castellanocentrista. Así, el castellano/estándar se impuso no por cuestiones de corrección lingüística, como algunos parecen pensar, sino por una mera cuestión de poder.

Que la superioridad de la norma castellana se asumiera en el pasado quizá fuera normal por los tiempos que corrían, pero que en pleno siglo XXI se considere una modalidad más correcta que otras es un atropello, a parte de una sandez. Los canarismos son creaciones de la lengua tan legítimas como las que más, ¿cómo no lo van a ser, si son producto del devenir de generaciones de canarios que expresaron así la realidad que les rodeaba? ¿Es que valemos menos como personas, para que también valgan menos nuestras creaciones?.

Sin embargo, el desprecio hacia nuestro español propio parece estar más vivo que nunca. Y no es raro, puesto que el nacionalismo centralista, lejos de democratizar la lengua, cuenta con dos poderosos instrumentos a su favor para imponer su variedad lingüística: los medios de comunicación y el sistema educativo.

Los primeros le dan trato de favor y la envuelven de un halo positivo, al tiempo que presentan las demás hablas como risibles, costumbristas, de ruralidad mal entendida, atrasadas. En la escuela, en lugar de limitarse a enseñar la norma estándar, se han hecho esfuerzos por castellanizar el léxico de los niños canarios e infundirles la convicción de que los canarismos son vergonzosos rusticismos, con el resultado, y tomo prestadas palabras de Marcial Morera, de que se avergüenzan de su cultura (y del modo de hablar de sus padres), se les despierta un miedo enfermizo a expresarse libre y espontáneamente, se obligan a usar palabras extrañas para expresar la realidad (con el consecuente extrañamiento de la misma) y por tanto encuentran dificultad para encontrar la palabra justa (de ahí los típicos titubeos de los canarios al expresarse en situaciones formales). Como consecuencia, los niños canarios se atrasan porque parte del tiempo en clase se va en erradicar las “palabrotas” canarias (lo que explicaría en parte el fracaso escolar), frente a alumnos de otras regiones que no tienen que someterse a esta purificación. Por si fuera poco, los niños terminan por reprimir en el habla de sus padres las expresiones propias que a su vez a ellos les “corrigió” el profesor.

Cierto es que me dejo por el camino bastantes elementos en un asunto tan complejo, pero lo que expongo explica a grandes rasgos incoherencias como el uso alambicado de “vosotros” en textos de hablantes de la norma canaria, o el frecuente entrecomillado de palabras nuestras, como si fueran de menor valía. La razón última es el desprecio inculcado en el canario hacia su modalidad expresiva. Desde aquí propongo una regeneración consciente del español de Canarias para que coloquemos, sin complejos, nuestra habla allá donde le corresponde estar, junto con todas las demás. Nunca por encima de ninguna, y jamás por debajo.

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Este artículo lo publica

Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

Reacciones
  • Hola a todos:

    En relación con este tema tan interesante, me gustaría añadir que considero que son la educación y el conocimiento los que deben hacernos comprender para que podamos querer y proteger. Es decir, el estudio de nuestro idioma —tanto de ese minoritario español estándar (no se qué porcentaje exacto de hispanohablantes acata rigurosamente sus normas y usos), como de cualquiera de sus variedades (ya sea el usado en Canarias, Cádiz o Guatemala)— debe hacernos ver que, por mayor primacía o prestigio del que disfrute el habla de una comunidad sobre otra, no existe una variedad lingüística correcta por oposición a otras incorrectas o menos correctas, sino un gran corpus al que las distintas comunidades hispanohablantes enriquecen y han enriquecido durante siglos con sus aportaciones. Debemos saber que las hablas de las distintas comunidades entrañan evolución y adaptación a las realidades cambiantes que han debido denominar y, en consecuencia, encierran en lo más hondo las necesidades de diversa índole que han promovido los cambios de sus usos lingüísticos respecto a los de otras comunidades, es decir, el devenir de nuestra historia. Considero que este conocimiento es el que nos permitirá querer y proteger nuestras diferencias lingüísticas sin complejos de magos y maúros, atribuyéndole el justo valor a la sabiduría que guardan.

    Asimismo, me gustaría comentar que, aunque sí creo cierto que en el pasado el sistema educativo canario menospreció e incluso intentó disuadirnos del uso de las especificidades que distinguen nuestra habla, no todo sigue así en nuestros días. Por un lado, debemos tener en cuenta que ya desde la nueva ley de educación (L.O.E.) se intenta fomentar el conocimiento de nuestro léxico y variedad lingüística propia y, por otro lado, también creo justo e importante resaltar el esfuerzo que están haciendo actualmente algunos docentes canarios para la promoción y protección de nuestra habla. Un esfuerzo que hace posible que los niños canarios no tengan que contentarse con leer los libros de ‘El barco de vapor’ y similares, sino que puedan disfrutar también de lecturas que se ajustan a la norma lingüística de su tierra. Tal es el caso, por ejemplo, de “Suso”, un libro de lectura para primaria escrito por Carmen Dolores Marante (http://www.leerinterseven.com/web/?cat=25), maestra que tras su prolongada dedicación a la enseñanza aún encuentra ganas para crear una historia en la que los niños puedan ver plasmadas en un libro las palabras que escuchan a sus padres y abuelos y quitarles así el estigma de expresiones ‘incultas’.

    Este no es más que un ejemplo entre muchos, pero con él que me gustaría aportar el contrapunto necesario para que nuestra crítica, aunque justificada en muchos ámbitos, no desaliente el ánimo de muchos canarios por cambiar las cosas que consideran que están mal.

    Un saludo,

  • Muchísimas gracias, Natalia, por tu interesantísima aportación. Coincido además con el sentido de la misma. No todo está perdido. Yo mismo puedo decir que fui educado por serios profesionales de la Escuela Canaria y jamás fui reprendido por utilizar el habla canaria, aunque me consta que miembros de mi generación sí lo fueron. Es importantísimo que los niños canarios tengan referentes que les muestren que el “habla canaria” no es sinónimo de incorrección: en los materiales de texto, en los libros de lectura, en los medios de comunicación, en los juegos, etc. Y el ejemplo que nos comentas es, en este sentido, encomiable. Un saludo.

  • Gracias Natalia, qué alegría verte por aquí!

    Comparto tu reflexión, y sobretodo el tono. Yo sí fui severamente reprendido en la escuela por hablar de forma natural y quizá por eso mi crítica tenga un punto vehemente, pero soy optimista y no creo que esté todo perdido (si no, no escribiría aquí). El ejemplo que pones así lo demuestra, y estoy seguro de que hay muchos más, el asunto sería darlos más a conocer (y reconocer-los), y como tú dices alentarlos.

    Y gracias también a Nueve Puertas por el interés, ojalá se genere un debate sustancioso. Estaré atento.

  • El artículo me ha parecido muy interesante, sobre todo porque, por lo menos a mí, no me llega con ningún tufillo de localismo antediluviano ni requemado. Expone un hecho, un conjunto de observaciones y las coloca en su contexto, las argumenta o las explica con otros hechos sin que por ello se pueda acusar de “complejo” ni de “inseguridad”.

    Simplemente añadiría que, en este asunto de valorar el dialecto canario (creo que así como se refiere a él la Academia Canaria de la Lengua y la propia RAE), en el asunto de regenerar nuestros usos lingüísticos, tienen mucho que hacer, no sólo los profesores y maestros de escuelas e institutos, no sólo las instituciones (que desde mi punto de vista siempre corren el riesgo de escudarse en un centralismo lingüístico injustificado, o de un ultranacionalismo ridículo y, posiblemente, de postal turística); sino, sobre todo, aquellas personas que hacen del lenguaje, de la lengua española, su herramienta de trabajo, hablo de poetas, escritores, autores de teatro, músicos, creativos de publicidad, redactores, etc.

    No obstante, no me refiero con ello a llenar novelas, cuentos y poemas de canarismos inútiles. Las palabras van donde tienen que ir, ni más ni menos, y una guagua es una guagua si, por ejemplo, el personaje que habla en un diálogo es canario, y no madrileño; y un asadero será tal, si quien lo organiza es un gran canario y no alguien de Tenerife donde, si no recuerdo mal, se habla de “chuletada”. Lo mismo pasará con la poesía y, en general, con la literatura que se produzca en Canarias y por autores que vivan nuestra realidad. Pero, ¡ojo!, vivir en Canarias ( y subrayo que no me limito a decir “autores canarios” o autores nacidos en el archipiélago) no quiere decir escribir todo el rato sobre el mar, el océano, el Atlántico, la arena, la playa, etc, etc. De limitarnos a ese tipo de literatura correríamos el riesgo limitar la propia experiencia que expresa cada acto de habla (y este tema ya, de por sí, da mucho qué hablar). AL fin y al cabo, escribimos sobre lo que vemos, sobre lo que sentimos. Escribimos a caballo entre la experiencia con nuestra realidad interior, y la interacción con nuestro paisaje externo sea una playa, un risco, una calle del casco antiguo de Vegueta, un barrio con personalidad como la Isleta, a los barrios más capitalinos o nuevos. Quiero decir que el uso que hacemos de la lengua, las palabras y expresiones que utilizamos viene determinadas, en primer lugar, por los usos que hemos aprendido (De abuelos, padres, medios de comunicación, colegio, etc) y, luego, por la capacidad que tengamos de elegir entre una palabra u otra, por la variedad de palabras que conozcamos y sepamos emplear.

    En resumen (que ya me enrollé), la regeneración del dialecto canario o la normalización de su uso, creo que debe ir acompañada y apoyada por aquellas personas que trabajan con el lengua, pero siempre de una forma natural, dentro de un contexto correcto de manera que se evite el uso fácil, y la asociación chistosa de canarismo = ¡ño que precios!, por ejemplo.

  • Hola Javihf, gracias por pasarte y comentar.

    Desde luego que en Tamaimos no nos va el localismo ombliguista ni el costumbrismo reduccionista, nada más lejos, conque me alegra que te resultara interesante no sólo el contenido sino también el tono del texto.

    Coincido mucho con lo que planteas: no se trata de meter canarismos con calzador y sin ton ni son, sino simplemente de hablar con naturalidad. Por eso critico no la transformación natural de la lengua (sin transformarse cualquier lengua muere), sino el deterioro nada casual que supone que un hablante, de forma antinatural, escoja conscientemente formas de expresión que no forman parte de su habla (y que a menudo ni siquiera domina). Me preocupa muchísimo la concepción que subyace a esa manera de actuar porque es una idea malsana: el convencimiento de ser menos que.

    Pones el dedo en la llaga cuando señalas a los profesionales de la lengua: profesores, periodistas y locutores, escritores… Pienso que precisamente a ellos se debe en gran medida el deterioro de que hablo, por la indiferencia e incluso desprecio de muchos a los valores lingüísticos del habla canaria. Está claro que si en un diálogo un personaje es canario, tendrá que usar el habla canaria (aunque cuidado, otra práctica nefasta ha sido la de caracterizar sólo a personajes populares con canarismos, cargando estos de connotaciones negativas), pero me pregunto ¿y la narración? ¿Y un ensayo? ¿Por qué no habrían de tener cabida ahí los canarismos? Yo abogo por un uso normalizado de nuestro léxico, y si, pongamos por caso, me quiero referir a un guirre, yo diré guirre y no alimoche; o beletén en lugar de calostro; o machango en lugar de muñeco, monigote. A eso me refiero, a que en la escritura “seria” se usen con normalidad nuestros vocablos, que son maravillosas creaciones que además en la mayoría de los casos expresan una realidad más certera que su equivalente estándar (porque para mí decir “cogió agua de la talla” es mucho más evocador, y tienes más implicaciones, que “cogió agua de la vasija”).

    Total, que me enrollo yo también: uso natural de la lengua siempre en todos los ámbitos y situaciones, por supuesto. Pero ¿cómo, si hasta los propios profesionales de la lengua valoran un dialecto ajeno por encima del propio?

    Saludos!!

  • Ahora, la pregunta podría ser, ¿qué se hace en aquellos casos donde los profesionales de la lengua y aquellos personas que transmiten el conocimiento y el correcto uso de esta no se han criado o vivido en un entorno de riqueza léxica de vocabulario canario; donde el español de Canarias tiene poco color, o un color eminentemente popular o folklórico?

    Es decir, todos sabemos que según sea tu familia o tu entorno más cercano, usarás más o menos palabras canarias. ¡Y ésta es una cuestión simplemente de aprendizaje cuando somos niños! Por otro lado, está claro que, a medida que crecemos, podemos ampliar ese cuerpo léxico, esas palabras de nuestra realidad más cercana y aprender a usarlas, ¡porque es cierto que tendríamos que aprender a usarlas para no sentir extrañeza, por ejemplo!

    Respecto a los escritores y poetas canarios, tanto contemporáneos como de otras épocas, no podemos saber, a priori, por qué usaban o no un léxico “canario”. ¡A saber!

    La naturalidad en el uso de nuestro léxico pasa por una esfuerzo investigador y normalizador por parte de todos nosotros, de los interesados en este tema digo, jeje. Por ejemplo, desde hace un tiempo, prefiero usar la palabra bochiche o timbeque para referirme a un bar sucio, viejo (por mucho que yo le vea personalidad y elegancia, jeje), y es un término que empleo en mis poemas. Lo mismo que si hablara de un bosque, diría pinos, porque es el árbol que más conozco de Gran Canaria, o si buscara una metáfora para el órgano del corazón podría buscar un drago que sangra.

    Los poetas y escritores podrían plantearse este aspecto, ¿qué palabras emplear? ¿por qué una y no otra? Es probable que poniendo esas preguntas sobre la mesa, salten otras y a saber si, al final, el poeta o escritor tendrá que vérselas consigo mismo, con sus educación, con sus miedos, inseguridades, ingonaricias…

    En cuanto a los maestros y profesores, creo que deberían hacer lo mismo. Idem para las instituciones, aunque no espero mucho de ellas en este aspecto ya que están o suelen estar infectadas de polititis crónica.

    Por lo que veo, parece que este asunto se puede reducir a un ejercicio de aprender más sobre nuestra historia (para conocernos un poco más en profundidad), ver los males que han aquejado y afectan a la sociedad canaria en general, y de estudio de nuestro español de Canarias, teniendo siempre un ojo mirando a nuestras Islas, y otro mirando más allá, no vaya a ser que sigamos mirándonos el ombligo ;)

    p.d: sin duda un post más caótico que el anterior :)

  • Creo que la cosa se reduce bastante a la pregunta siguiente: ¿las palabras canarias tienen la misma capacidad expresiva que las de la norma estándar?

    Sobre los escritores canarios, dice Marcial Morera en su libro “En defensa del habla canaria”:

    “[…] Es de sobra sabido que el estigma de vulgarismo con que siempre ha marcado el perverso purismo español la expresión insular canaria ha determinado que muchos de nuestros escritores aborrezcan el vocabulario de su región, por temor a que el público españolista los tilde de incultos o chabacanos […]. Ahora bien, como resulta que, por su propia condición de hablante canario, le es difícil manejar esa norma (la estándar) en su totalidad, los patinazos lingüísticos son constantes. Resulta así patético ver cómo ciertos poetas canarios se esfuerzan por hacer distinciones fonológicas que ellos no conocen […] o cómo intentan sustituir automáticamente palabras regionales por palabras generales del idioma cuyos significados lingüísticos e incluso denotaciones y connotaciones son distintos […].
    […] Por eso los dos riesgos más graves que acechan al escritor canario son: primero, la tentación universalista, que lo induce a reprimir su expresión natural (los canarismos) y someterse vilmente a los dictados de la norma estándar. Lo que suele resultar de esta práctica es una prosa gaseosa, retórica y deshumanizada que no conmueve (ni puede) el alma de sus lectores, sean regionales o no; segundo, la tentación localista, que lo induce a emplear canarismos a troche y moche […] por el mero deseo de añadir color local a su obra.

    ¿Qué piensas al respecto?

    Saludos!!

  • Aunque no me he documentado mucho, mi observación personal apunta a que ese estigma no se encuentra sólo en niveles conscientes, como a la hora de elegir entre decir “rocío” o “ralentada”, sino, y es lo más difícil de identificar y manejar, en el subconcientede de la sociedad en general, y de los escritores, en particular.

    Repito que todo esto no son más que observaciones mías sin un fondo ni estudio científico. Es una observación digamos social, y no estaría de más un estudio sociológico de miras amplias y con la humildad y la honestidad como base (ganas de llegar a donde haga falta) sobre este asunto.

    Sobre la opinión de Marcial Morera acerca de los riesgos a los que se enfrenta, o los agujeros donde tropieza (o se caen) los escritores canarios (En general y, quizás ya sea hora de decirlo, del pasado) los comparto, pero vuelvo a hacer hincapié en el componente inconsciente de muchas elecciones de la lengua.

    Quiero decir que, muchas veces (quizás la mayoría) no podemos controlar qué palabras o expresiones nos “salen” de la boca primero, y es una vez el escritor se encuentra en el proceso de revisión y corrección, cuando puede plantearse, de manera más consciente, qué palabra utilizar, y el por qué de ese cambio.

    A partir de aquí, plantear el tema del universalismo como uno de los agujeros o tropiezos que pueden encontrarse los escritores canarios (en general, no hay que olvidarlo) creo que concebir el universalismo como fruto, o dependencia, del empleo de unas palabras de la norma estándar es un idea cerrada de lo universal y, de hecho, hasta contradictoria.

    En mi opinión, una obra literaria que aspire o quiera ser universal no tiene porqué preocuparse por el vocabulario que utiliza ya que lo universal no es la palabra que se usa sino la historia que se cuenta, la amplitud del sentimiento, de la experiencia humana (mejor dicho) que permite que, aún hablando de la extrañeza, por ejemplo, que siente un niño cuando toca por primera vez el confite al ir de pesca con su padre, es capaz de hablar de la capacidad de sorprenderse de los niños en general.

    Estudiar el potencial expresivo del léxico del español de Canarias creo que es una tarea más que útil, pero no deja de ser una tarea externa que parte de una curiosidad, una necesidad, quizás, o una voluntad de reencontrarse con la realidad más cercana, un corpus léxico que, aunque nunca hayamos escuchado, tenemos la posibilidad de conocer de primera mano.

    De aquí ya creo que se podría enviar a muchos escritores canarios a la consulta del psicoanalista, del psicoterapeuta o de retiro espiritual o, mejor, preguntarle, simple y llanamente, si se atreve a este ejercicio de sinceridad y de instropección que supone preguntarse por qué dice, por ejemplo, vosotros, y no ustedes; de dónde vienen sus usos lingüísticos, por qué no los cambiaría, o por qué sí, qué realidad expresa, por ejemplo, la palabra bochinche, o ventorrillo, si es más visual o expresiva…Ejercicio que, personalmente, considero muy interesante y útil. Claro está, depende de lo que uno busque y quiera para su Escritura. Y ojo, en muchísimas ocasiones el uso de “vosotros” es una elección meramente literaria, por su sonoridad, y punto, ni más ni menos.

    Asimismo, mi experiencia personal me ha llevado a ver lo siguiente (y que ahora recuerde), por un lado,
    que desconozco muchas palabras canarias porque, simplemente, no formaron nunca parte de mi entorno social más cerca;

    que si no las utilizo, la razón principal está ahí;

    que, de la misma forma, alguna que otra vez he escuchado eso de que tal o cual palabra tiene una categoría inferior a la estándar (casi siempre relacionada a estratos sociales bajos, a los poligoneros o a los magos del campo);

    que cuando escribo, sí hay veces en que una determinada palabra tiene la expresividad que quiero, dice lo que quiero decir y ya la he integrado en mi mirada;

    que no discrimino, a priori, ningún término canario por ser, eso, una término canario; y que lo universal no depende de las palabras, sino de la historia;

    y, por otro lado,

    que “lo canario”, no depende exclusivamente de las palabras que se utilice. Al fin y al cabo, eres de donde eres, y eso no lo puedes negar pero eso no te obliga a hablar de una forma u otra…y vuelvo al ejercicio de crítica con uno mismo y sus usos lingüísticos, sus razones, etc.

    Ya para terminar con esta entrada, otra vez extensa ;), me gustaría comentar que, por una lado, el hecho de elegir un español estándar para una novela, por ejemplo, puede que habrá las puertas para que un mayor número de personas te lea sin necesidad de utilizar un diccionario pero te cierra aquella puerta por la que puedes aportar riqueza léxica a dichas personas. Y al decir esto tengo en mente el libro de Martín Fierro, que contenía un listado con todas los indigenismos y americanismos que utilizaba su autor. ¡He aquí un motivo más para utilizar nuestro léxico! ( si no se había comentado ya, jeje). Y, por otro lado, existe un error, o riesgo para los escritores canarios más allá de las cuestiones léxicas y es hablar sólo de realidad de las Islas, o tratar los mismo temas que ya han tratado otros escritores canarias, y de la misma forma.

    A este respecto, creo recordar que Federico J. Silva (http://federicojsilva.com/) y Pedro Flores tiene algunos poemas donde tratan el tema de la herencia indígena canaria y su encuentro atroz (como lo son todos) con los europeos desde una perspectiva que dista, creo recordar, del nacionalismo de película.

    ¡Saludos Iván!

    p.d: hace tiempo, y sin haberme embarcado en un estudio exahustivo, creía con cierta firmeza que la literatura canaria tendría unos rasgos específicos inequívocos, ya fuera por el léxico que la enriquecía, ya fuera por la impronta que nuestra realidad física dejara sobre el texto. No obstante, en estos momentos de mi crecimiento y formación como poeta, estoy más cerca de la idea de que la Literatura, la Escritura es algo universal (y no descubro nada nuevo) donde esas marcas de, por ejemplo, canariedad (uso del léxico canario) son aspectos secundarios, importantes (ojo) pero secundarios en lo referente a la capacidad de comunicar, de contar, de expresar. Y, repito que por secundario no quiero decir, en ningún momento, menos importante con tono peyorativo.

  • Gracias Javier, me interesa mucho lo que cuentas.

    Yo también pienso que el estigma está en el subconsciente. Veo normal que cuando uno se pone a crear, las palabras que “le van saliendo” surjan de manera espontánea, inconsciente. Pero me pregunto ¿si no hubiéramos estado los canarios sujetos a esa labor de zapa lingüística que nos lleva a ver como menos válida nuestra modalidad expresiva, no serían otras distintas las palabras que nos “irían saliendo”?

    Me parece normal que un escritor, pongamos que canario, utilice un “vosotros”, por ejemplo, si con eso consigue un efecto expresivo buscado, consciente. No creo que haya que dejarse atar por las palabras, o que haya que estar obligado a usar unas expresiones por ser canario; no, en absoluto. Sería absurdo.
    Lo que no veo normal es que ese mismo escritor canario utilice el “vosotros” de manera pretendidamente inconsciente, porque en el fondo considere que esa es la forma adecuada para la expresividad literaria, elevada. Vamos, que se ponga automáticamente un filtro cuando empieza a escribir, mientras que cuando se comunica con sus seres cercanos no se le ocurriría usar la forma “vosotros”. A eso me refiero.

    El problema de extractar un fragmento de una obra es que se puede perder el contexto por el camino, creo que es lo que ha pasado. Morera no basa su argumento en que un autor use palabras canarias o no; más bien, lo ve como síntoma de algo más profundo, y es ese algo lo que me parece interesante. Y dañino. Efectivamente, una obra no es universal por el léxico que emplea, ni mucho menos, sino por la capacidad que tiene de transmitir sensaciones, por su capacidad de emocionar al lector, venga este de la cultura de que venga.

    Entonces, si Pedro Páramo es una obra indiscutiblemente universal, plagada como está de palabras propias del Méjico occidental, de la zona de Jalisco, y cuya narración está tremendamente ligada a esa región (es decir, es una obra profundamente localista, como dirían algunos), ¿por qué no va a ser universal también una obra que se desarrolla en un entorno canario, con personajes canarios, que consecuentemente se expresan en canario? Si la obra es buena y emociona, no veo por qué no iba a ser considerada universal, interesante para lectores de cualquier procedencia, no creo que debiera ser menospreciada por emplear canarismos… ¿Por qué lo que vale para otras literaturas no parece valer para la literatura canaria?

    En fin, no sé si me explico bien. Creo que todo es bastante más sencillo de lo que aparenta. Se trata de no sentirse obligado por ninguna convención, sino simplemente crear desde lo que/quien uno es. Y necesariamente si uno ha desarrollado su cosmovisión en un territorio y no en otro, esas vivencias se reflejarán en su obra de un modo u otro, porque un creador trabaja con vivencias. Por eso creo que oponer literatura universal a literatura local es falso. ¿Qué obra universal no es local? ¿Hay universalismo sin localismo? El Quijote es profundamente local, y por supuesto universal.
    Creo que la oposición sería más bien literatura buena frente a literatura mala.

    En cuanto a que la canariedad de la literatura sea algo secundario, pues incluso estaría de acuerdo contigo siempre que lo importante para uno sea la buena literatura, venga de donde venga. Entonces la literatura canaria estaría en pie de igualdad con la literatura francesa, literatura española, catalana, finlandesa, rusa… Que sin embargo seguirían siendo diferentes entre sí.
    Lo malo es que la literatura canaria no está en pie de igualdad, sea buena o mala. De hecho hasta hay quien niega que exista una literatura canaria…

    ¡Un saludo!

  • “Creo que la oposición sería más bien literatura buena frente a literatura mala.”

    Aquí está la china en el zapato. El debate fundamental es, en mi opinión, sobre la buena literatura, sobre cómo distinguir entre buena y mala literatura, sobre cómo formar a una cuerpo de críticos literarios, musicales y artísticos (de intelectuales, también) que sepan hacer frente a una realidad hipersaturada de “productos de consumo” (cultural) y pocas obras literarias, poca música, etc. Si no empezamos a distinguir entre buena literatura y mala, el debate acerca de la literatura canaria está condenador a ser la sardina que se muerde la cola.

    La gran pregunta podría ser ahora, ¿cómo formarse para poder discernir entre mala o buena literatura o, mejor, en Literatura y literatura de entretenimiento, de ocio, literatura-producto. En este punto, la sensibilidad literaria es fundamental, así como una sólida formación en la propia lengua, sus normas, sus recursos, la riqueza léxica de sus variantes ;) y, como no, el oficio de ser un “buen lector”, un lector crítico, capaz de ver los puntos fuertes y flacos de una obra literaria, capaz de construirse su propio juicio a base de ensayo y error.
    […]
    “Lo malo es que la literatura canaria no está en pie de igualdad, sea buena o mala. De hecho hasta hay quien niega que exista una literatura canaria…”

    Sobre este segundo punto, me permití hacer esa misma consulta a la Academia Canaria de la Lengua para buscar una definición de qué se considera por “literatura de un país/región/lengua/etc”. Mi consulta y su respuesta fueron las siguientes:

    Consulta: Cuando se habla de literatura española o francesa, nos referimos a la literatura hecha en ese idioma. Tengo dos preguntas:
    1.-¿Qué hay detrás de la denominación \Literatura canaria\?¿Nos referimos a la literatura hecha en Canarias y por autores canarios, o a una literatura con rasgos diferenciables e identificables con la idiosincrasia canaria y su geografía?
    2.-¿Existe algún estudio acerca del uso particular del español de Canarias por parte de autores isleños?
    Muchísimas gracias.

    Respuesta:

    Estimado señor:
    La literatura como acto de creación humana es universal por esencia. Pero las creaciones humanas responden a la idiosincrasia del individuo que les da vida, y éste, quiéralo o no, está condicionado por su naturaleza y sus circunstancias (históricas, culturales, geográficas…); por lo que podríamos llamar su imaginario.

    Y en ese sentido, sí que puede hablarse de una literatura canaria, como producto de la creatividad del individuo canario; aunque esta literatura no se refiera directamente al espacio insular en concreto, ni ese espacio trascienda directamente en los textos.

    El tema es complejo y no todas las reflexiones críticas son coincidentes.

    Para algunos no puede hablarse de una literatura canaria genuina, sino que sólo es la española, singularizada en el transcurso del tiempo por una singular idiosincrasia insular, dentro de una literatura regional;

    para otros, el carácter fronterizo de nuestra cultura canaria propicia una apertura a la novedad que −sobre todo en la poesía− ha conseguido plasmar el complejo mundo de lo insular, aunque sin desvincularse de la literatura española peninsular;

    para otros la renovación incesante de la tradición plasmada en la literatura permite hablar con propiedad de una literatura canaria, y aun de una literatura atlántica en cuanto producto de “espacio cultural atlántico”, un espacio imaginado; por fin, puede verse la literatura canaria como la resultante de una confrontación, sustancial y asumida, con la españolidad.

    Alguna bibliografía al respecto, por orden cronológico:

    ÁNGEL GUERRA, “El regionalismo literario en España”, Revista La España Moderna, nº 238, 1908.
    MARÍA ROSA ALONSO, “La literatura en Canarias (Del siglo XVI al XIX)”, en Historia general de las islas canarias, Tomo I, Edirca, Las Palmas, 1977.
    ALFONSO GARCÍA-RAMOS, Revista Millares, nº 2, Las Palmas, octubre-diciembre de 1964.
    DOMINGO PÉREZ MINIK, “La poesía de las Islas canarias en entredicho”, en Revista Guadalimar, nº 20, febrero de 1977.
    JORGE RODRÍGUEZ PADRÓN, Una aproximación a la nueva narrativa en Canarias, Aula de Cultura de Tenerife, 1985.
    — Lectura de la poesía canaria contemporánea, Madrid, Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias, 1991.
    EUGENIO PADORNO, Vueltas y revueltas en el laberinto, Santa Cruz de Tenerife, CajaCanarias, 2006.
    ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA, Museo Atlántico. Antología de la poesía canaria, Santa Cruz de Tenerife, Interinsular Canaria, 1983.
    JUAN-MANUEL GARCÍA RAMOS, Por un imaginario atlántico, Editorial Montesinos, 1996.

    Reciba un cordial saludo.

    *** *** ***

    Todo esto no deja de ser una generalización típica de la ciencia, es decir, de todo proceso que a través del estudio, la recopilación de datos y el contraste de estos llega a una conclusión. Puede haber (¡y los hay!) escritores canarios que se escapen mucho de la idiosincrasia canaria (otra generalidad), pero dudo mucho que eso sea argumento suficiente para negar la existencia de una literatura canaria. Además, aún en el caso de que, por lo menos en la superficie del autor, un número grande de autores se saliera de esa generalidad, es decir, no se ajustase a la idiosincrasia canaria, no valdría de nada decir que no existe la literatura canaria, que se trata de una literatura española/Castellana o en español ya que, en última instancia, es literatura hecha aquí o por autores canarios. Pero bueno, supongo que lo que nos interesa es saber si en caso de llevar a cabo un análisis exhaustivo de toda la producción literaria (o la más relevante según criterios establecidos científicamente) podrían hallarse una serie de características, fueran de tema, léxicas, lingüísticas, tratamiento del tema, los personajes, etc, que diferenciasen la literatura de autores canarios de aquella del resto del ámbito hispánico. A propósito, ¿por qué se habla de literatura latinoamiericana? ¿Qué la hace diferente o diferenciable de la literatura peninsular-española?

    Evidentemente, yo no he realizado ningún estudio así que no puedo ofrecer una opinión basada en datos ni análisis, y es mi sentido común el que me dice que sí, que si se puede hablar de literatura canaria, que el entorno natural y físico deja algún tipo de impronta en el ser humano que nace y vive aquí pero que siempre hay individuos menos afectados o influenciados por dicha geografía isleña; y siempre y cuando se acepte el hecho de que puede que no sea tan marcadamente distinta o identificable del resto e, incluso, que depende de “modas de época”; no hay más que recordar aquellos años cuando se forjó la “atlanticidad” de nuestra literatura.

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