Semanario Crítico Canario
Antonio Henríquez
Fe de erratas sobre algunas (mal)aventuradas (re)ediciones de Alonso QuesadaAntonio Henríquez

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Opinión

Fe de erratas sobre algunas (mal)aventuradas (re)ediciones de Alonso Quesada

¿Cómo se llama esta actitud? Dejo al lector la calificación. Eso es una característica, parece, de ciertos “investigadores” en estas Islas. Por encima de todo, es una falta absoluta de respeto por el autor que se dice conocer y amar, y por los que, de buena voluntad, intentan presentarlo de un modo más fiable.

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Por Antonio Henríquez Jiménez

La puerta de la edición ha sido abierta de nuevo para sacar el primer libro de una selección de la obra de Alonso Quesada, preparada por Lázaro Santana con el sello de las publicaciones del Cabildo de Gran Canaria. La mentada Institución actúa como si la obra del autor canario ya estuviera totalmente exhumada y encarga lo esencial a quien se considera dueño absoluto del escritor, que ha recibido las cosas nuevas que de él se han trabajado con espantadas de intolerancia (me refiero al trabajo sobre El lino de los sueños del profesor Correa, y a mi propuesta de edición de Smoking-Room, publicado por Anroart). El método viene de lejos. Solo recordaré aquel hecho de sacar a la luz unos poemas con el fin de neutralizar una tesis doctoral sobre un poeta canario, y poder decir que él fue el primero que exhumaba aquellos versos; o el hecho de presentar a más de un estudioso, con falsa generosidad, poemas de otros autores diciendo que eran de Alonso Quesada, para que el bisoño investigador hiciera el ridículo publicándolos con tal autoría.

A mi citada edición de Smoking-Room, hay que añadir otro libro; titulado En el solar atlántico, también publicado por Anroart, contra el que no tuvo ocasión Santana de arremeter, porque no se comentó su aparición en la prensa, ya que ni siquiera se hizo acto de presentación en público. En ambos he mostrado lo que encontré en La Publicidad de Barcelona firmado por Alonso Quesada, con algún texto más que no pudo encontrar en su momento el antólogo de ahora, incluso con escritos que iban para tal periódico, pero que probablemente no vieron la luz por la censura, y que aparecieron en la prensa de Las Palmas. Esos textos se han publicado con mejores lecturas que las descuidadas de Santana, anotando las diferencias respecto a las negligencias mayores.

Descuidos se suelen tener siempre en todas las actividades humanas, porque la perfección es imposible; y por eso vienen las equivocaciones, o los despistes, que existirán, por supuesto en mis dos trabajos citados, como los hay en todo lo publicado por Lázaro Santana, como queda patente si se comparan mis lecturas con las suyas. Ya vendrán otros estudiosos que, con mejor preparación y mejores medios, logren perfeccionar los textos.

Repetidamente, el antologador de ahora ha venido presentando a Alonso Quesada a dos niveles sucesivos: Primero publica en colecciones o editoriales que “gobierna”, y luego en las instituciones. Su empeño en sacar algo más de Alonso Quesada (digno de alabar, y que nadie le discute, porque se propuso exhumarlo cuando se conocía bastante poco de su obra), comenzó junto al ya ausente Fernando Ramírez, con aquel tomo I de Obras completas (Poesía), de Tagoro, de 1964, que no tendría continuación.

Otro paso, ya en solitario: la publicación Smoking-Room, en Fablas Ediciones, en 1972. Más adelante, viene la acogida institucional: de 1975 son los seis tomos proyectados de Obras completas, editadas por el Cabildo de Gran Canaria (el tomo V no salió, o, al menos, no tengo constancia de ello). Nuevo paso particular: Edirca, con Total de Crónicas, en 1985. Y otro avance institucional: en 1986, la Obra completa, con seis tomos, patrocinada conjuntamente por el Cabildo de Gran Canaria y por el Gobierno de Canarias. Esta es la edición que casi todo el mundo ha manejado, y que los informadores de la prensa de estos días han citado, dándole todo el honor al Cabildo, sin mencionar al Gobierno de Canarias. Estos informadores se han creído más una de las noticias que preceden a las obras publicadas ahora. En la p. 128, se cita la edición de Smoking-Room en Obra completa de 1985, hecha por el “Cabildo de Gran Canaria”. Uno va al tomo 5 de dicha Obra completa y, además de ver el año 1986, puede leer que los editores son el “Gobierno de Canarias” y el “Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria”. Las inquietudes del Hall, en edición particular, ha visto la luz, de nuevo, hace poco tiempo (2008), y ahora aparece integrado en esta nueva edición que comentamos del Cabildo de Gran Canaria. Se me escaparán, probablemente, en este recuento apresurado, más publicaciones sobre Alonso Quesada.

Nueva edición ahoraen estos días, con una diferencia sustancial con respecto a las anteriores. Ahora aparecen correcciones. Resulta, pues, que este señor ha venido presentando como buenas unas malas lecturas, que ahora corrige porque hay otros que se las han evidenciado. Lo primero que he hecho al abrir el libro es ver si el encargado de la edición seguía la práctica que ha usado una y otra vez en la edición del libro Crónicas de la ciudad y de la noche (publicado en 1919 por Alonso Quesada). Este libro ha aparecido siempre al principio de sus publicaciones de las crónicas. El lector avisado se preguntaba el porqué se publicaba una y otra vez una crónica que no está en el libro de Alonso Quesada. Se trata de la crónica “El isleño se aburre emancipado”, que Santana publicó siempre al final de la sección de las “Crónica de la ciudad”, a saber: p. 141 de la edición del tomo IV de las Obras completas. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1975; p. 82 de la edición de Edirca (1985); p. 110 de la edición conjunta del Cabildo de Gran Canaria y del Gobierno de Canarias (1986, en el tomo 4); y p. 136 de Insulario, edición de la Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias (1988), el número 23 de la Biblioteca Básica Canaria.

La crónica “El isleño se aburre emancipado” no aparece en el libro de ahora al final de la sección de “Crónicas de la ciudad”, ni en ninguna otra parte. ¿Ha habido explicación? Ninguna. La bromita o falta de respeto hacia el escritor podría haber estado bien la primera vez que se difundieron las crónicas modernamente, pero repetir la acción por otras tres veces parece algo excesivo. En la nueva edición, la broma está en cambiar de orden la crónica número 8 del libro de Alonso Quesada de 1919 (“Yo no leo periódicos”) y atrasarla cinco puestos (ahora aparece en la p. 42, cuando su lugar estaría en la 36).

Smoking-Room, en esta nueva edición, queda menguada, con dos textos menos de los que siempre ha publicado. Ahora sí da razones, las primeras, sus razones, que se nos antojan pueriles. ¿Tantos años publicando lo mismo, y ahora advierte la no conveniencia de su inserción en el libro? Ya he dicho que este libro lo había publicado en 1972, en Fablas Ediciones. No apareció el tomo V del Cabildo, donde debería haber salido, pero sí apareció en el tomo 5 de la edición Cabildo-Gobierno de Canarias. Siete cuentos aparecieron en la mencionada edición de la Biblioteca Básica Canaria.

Nueva curiosidad del que esto escribe: remiro y comparo mi edición de Smoking-Room de la Editorial Anroart, y veo que el antólogo actual corrige muchísimas cosas que se señalan en mi trabajo. He aquí la razón de tantas correcciones en la edición de ahora. Y me da la sensación de que el responsable de la mejora de los textos de Alonso Quesada que ahora se presentan he sido yo. Me he entretenido en entresacar algunas notas, que ofrezco a los que les pueda interesar.

Ahora, por ejemplo, se pone alguna fecha de publicación en el periódico barcelonés que no aparecía antes, como sucede con “Una locura excéntrica” (p. 221). En “Mister Cross, don Francisco y Jehová” (p. 228, párrafo segundo, renglón 8), se añaden dos renglones que no aparecían en las ediciones anteriores, y qué curioso, también las corrijo yo, con un añadido que no consideró oportuno copiar el “especialista” en Alonso Quesada ahora, salvo solamente las dos primeras sílabas del verbo asentar (véase p. 236 del libro del que esto firma). Allí intenté aclarar un lío de 6 renglones del periódico, en los que se cambia el orden de los mismos, o se escriben de derecha a izquierda, en un ejercicio bustrofedónico, o se repiten. Al faltar unos 47 espacios que rellenar, presento mi propuesta, con la ayuda de lo que allí aparece, poniéndola entre corchetes, y explicando todo en nota: “no podía –por en[contrarse tremendamente nervioso– asen]tar en ellos la pluma acerada y correcta.” ¡Qué casualidad! Vean que desecha el guión y lo que sigue en el periódico (–por en-), y elige la última parte de mi solución (“asen”), para formar la forma verbal “asentar”, que da más coherencia a su descuidada lectura. Hay más ejemplos. En “La silueta de Duncan”, ya aparece corregido el adjetivo “curiosa” (en el penúltimo renglón de la página 236 del libro nuevo del Cabildo), que antes lo transcribía como “sumida”.

En mi libro, presento un “Apéndice de la Introducción. Algunas observaciones de la edición de Smoking-Room realizada por Lázaro Santana” (pp. 51-58). El número 1 de ese “Apéndice” se titula: “Seguimiento de las lectura de Planas de Poesía, incluso en el hecho de omitir algunas palabras no comprendidas”. La primera malísima lectura del texto que señalo en el “Diálogo introductorio” aparece ahora medio subsanada (p. 138, párrafo 2, renglón 4). Aquella mala lectura: “Por lo menos el humor del salón sostiene al señor del monóculo erguido, firme” es ahora casi como pone el periódico, y corrijo: “Por lo menos el humo del volar del monóculo sostiene al señor del monóculo erguido, firme”. Falta por modificar “humo” por “humor” (en mi libro, p. 69).

En “La silueta de Duncan”, mencionada más arriba, se dejan de leer tres palabras, que yo opino son “el resorte de”. Ahora aparece la corrección de la primera y tercera palabra, eligiendo “desate” para la de en medio (p. 236, último renglón del penúltimo párrafo): Obra completa: “¿Dónde estaba este secreto?”; lectura mía: “¿Dónde estaba el resorte de este secreto?” (p. 94). El término “resorte” sí se encuentra en la práctica escrituraria de Alonso Quesada, no así “desate”.

En el apartado 2 del “Apéndice de la Introducción” (“Lecturas erróneas, idénticas a las de la edición de Planas”), se restituye el “le” que falta en “que ayuda a mantenerse en pie” (en “La silueta de Duncan”, p. 235, párrafo 2, renglón 5). Corrige, como observo en mi trabajo, “Las bananas de la ínsula correrían a Inglaterra otra vez” (Anroart, p. 94) por el señalado “Los bimanos de la ínsula corrieron a Inglaterra otra vez” (p. 237, párrafo 2, renglón 4). En la próxima edición le tocará al verbo.

En el apartado 3 del “Apéndice de la Introducción” (“Entendimiento distinto de lo que dice el original o de lo que figura en la edición de Planas de Poesía”), aparecen más ejemplos que ahora están retocados conforme al criterio que allí se expone. Vemos que el “porque” que aparecía en Obra completa se ha enderezado por el clarísimo “pero” (sexto párrafo de la p. 235) del periódico barcelonés, y que aparece enmendado en el libro de Anroart. De igual modo se corrige el “ser” de las ediciones anteriores por el legible “Ahn” (que ahora transcribe como ahn en el cuarto párrafo de la p. 236), y que no es otro que uno de los métodos de idiomas, el creado por Franz Ahn. Suponemos que en la próxima edición lo pondrá con mayúscula, entre otras cosas, porque el precedente método citado es el “Ollendorf” (Anroart, p. 93). Hasta muchas de las malas comas aparecen ahora remediadas, y, qué curioso, coinciden con las lecturas que se presentan en mi edición.

También aparece la corrección que hice en “y fuese a disponer el entierro” (Anroart, p. 75), que en la Obra completa se presentaba como “y fue a disponer el entierro” (“Las dos mujeres de Mister Talbot”, último renglón de la p. 142). En la p. 143, en el mismo cuento (párrafo 7, renglón 3), se restituye la corrección que presenté conforme al periódico: “tennis” (Anroart, p. 76), con cursiva y con dos enes, que en Obra completa aparece como “tenis”. Se corrige de igual modo la coma mal puesta en Obra completa en “hallose en el hall de su casa, a su mujer” (p. 144, párrafo 2, renglón 3). Cuatro renglones antes, se corrige, tal como hago yo, lo que le faltaba en Obra completa (“la estridente inglesita no podía ser”), que aparece clarito en el periódico: “la estridente inglesita no era, no podía ser” (Anroart, p. 76). Incluso pone los signos de exclamación en la última frase del párrafo cuarto de la misma página, también como señalo. Y la anterior “dureza” de Obra completa es ahora, como está en el periódico barcelonés y como yo transcribo, “durez” (p. 145, renglón 8; Anroart, p. 78). El “más espacio” que Alonso Quesada exigía en el recorte de La Publicidad después de acabar la frase donde está “durez”, y que no aparece en Obra completa, y cuya inexistencia señalé, también aparece ahora. Asimismo, se ha colocado la coma después de “Por ventura” en el renglón 12 de la misma página. Hasta los signos de exclamación, cuya falta anoté cinco renglones más abajo, están presentes ahora: “¡No podía serlo!” De igual manera aparecen los signos de la exclamación en “¡Ah, qué alegría!” (p. 146, renglón 6). Y, ¿cómo no?, ahora se da cuenta, como noté, de que la preposición “en” es “a” en “se le arrojó en los brazos” (p. 146, párrafo 3, renglón 7; Anroart, p., 80).

No se han aprovechado otras correcciones que ofrezco en mi libro, no tomadas a capricho, sino de los textos de La Publicidad o de las correcciones de Alonso Quesada en los recortes del periódico. Las notas a pie de página del Smoking-Room editado por mí (2007) proporcionan más ejemplos de los aquí anotados, por lo que es de justicia reclamar mi parte en la mejora de estas Prosas de ahora; asunto que se suele saldar, entre gente educada, con una simple mención. De seguro que si me hubiera esforzado más y hubiera insertado en mi libro las notas a otras muchas malas lecturas de la Obra completa, hoy tendríamos una edición más fidedigna. Pero se comprende que el tal libro hubiera resultado un monstruo de anotaciones. Se corrigieron, pero no se explicaron en nota.

Otro detalle que se ha encargado de difundir estos días la prensa. Al hablar de los periódicos donde aparecieron las crónicas en vida de Alonso Quesada (en la p. 12 del nuevo libro), se cita El Tribuno como acogedor de crónicas de Alonso Quesada. En dicho periódico republicano solo apareció una crónica, sacada del libro recién publicado entonces por Gil Arribato o Felipe Centeno. Se trata de “Un entierro en la madrugada”, publicada el 14 de noviembre de 1919, y luego en un homenaje a su autor en 1933. El Diario de Las Palmas también publicó por la misma época dos crónicas del libro.

El formato del libro es inmejorable, vistoso, elegante. Pero tiene un pero, que le ocurre a varias de las publicaciones del Cabildo. Si usted abre el libro muchas veces, no resiste porque se le desencuaderna. Uno saca como conclusión que lo que interesa es el envoltorio. Y otro detalle, el libro me parece excesivamente caro, para ser de una Institución sin ánimo de lucro, y con un fin difusor de la literatura canaria. Lo mismo ocurre con la reciente Antología Cercada.

Se nos anuncia otro tomo con las restantes prosas de Alonso Quesada publicadas en La Publicidad de Barcelona. El trabajo de revisión ya está realizado, pues el que esto suscribe ha publicado estos textos, incluso con algunos nuevos, en el citado En el solar atlántico. Panorama espiritual de un inulario (Anroart Ediciones, 2010). Estén atentos a mis notas, corrigiendo las malas lecturas. Verán que aparecerán en el tomo anunciado, como han aparecido las de Smoking-Room. Allí se señalan asimimo los renglones que se come el editor varias veces, que de seguro aparecerán igualmente corregidas en el nuevo tomo de prosas que se nos anuncia. Y aparecerán restaurados ciertos títulos, como están en el periódico barcelonés, y no como aparecen en la Obra completa. Se pondrá, reparada, la fecha de publicación de algunas de esas prosas. Se cambiarán ciertos signos de puntuación que en mi trabajo se señalan, como ha ocurrido con este primer libro de Prosas.

También se nos anuncia que se publicará próximamente una selección de las copiosas crónicas que no integró Alonso Quesada en su librito de 1919. Esperemos a ver qué nos presenta el crítico. Como Anroart dejó de publicarme (según me dijeron, por presiones) los tomos que tenía preparados con las restantes obras de Alonso Quesada, entre ellas las crónicas, con bastantes más que las publicadas en la Obra completa, con corrección de los innumerables descuidos y manipulaciones que en dicha Obra completa aparecen, con corrección de las fechas de aparición de las piezas y los pseudónimos que las firman, con pseudónimos nuevos, etc., etc., por eso, colijo que se seleccionarán las que el crítico crea que tiene mejor publicadas. Ahí no va a tener ya las ayudas ahora no confesadas.

Mientras tanto, el firmante de este escrito va desgranando en Bienmesabe.org y en alguna otra publicación más textos de Alonso Quesada no vistos por el editor de ahora, porque no se ha sentado a buscarlos. Pues es muy fácil trabajar con los recortes que la familia te deja. Más difícil es sentarse a buscar. Que recuerde, hasta ahora, he presentado unas crónicas sobre la Semana Santa impagables, las nueve del último pseudónimo de Rafael Romero, la versión fidedigna del recuerdo de Galdós, la crónica del sepulcro del veinticuatro de Sevilla Argote de Molina, el retrato de don Domingo Rivero, y otros textos valiosísimos de Alonso Quesada, que en nada desmerecen de lo publicado hasta ahora, y que dejan en mentiroso el rimbombante título de Obra completa.

¿Cómo se llama esta actitud? Dejo al lector la calificación. Eso es una característica, parece, de ciertos “investigadores” en estas Islas. Por encima de todo, es una falta absoluta de respeto por el autor que se dice conocer y amar, y por los que, de buena voluntad, intentan presentarlo de un modo más fiable. Una última nota: cuando publique de nuevo los textos que he sacado en libro de Alonso Quesada, corregiré los fallos que he advertido, y no esperaré a hacerlo en la cuarta o quinta edición, como ocurre con el caso que comentamos; y si alguien me indica esos fallos, lo incluiré en los agradecimientos.

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