Semanario Crítico Canario
Yo, pido el divorcio

Este artículo lo publica

(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Opinión

Yo, pido el divorcio

Cuando un progresista español y un progresista canario se encuentran en el camino, se desencadena un idilio, estallan burbujas de tanto amor concentrado, se produce el acoplamiento de dos partículas en el infinito.

¡Ay… es que tenéis un acento tan dulce!

Surge una reciprocidad, una simbiosis durante la cháchara, un horizonte de causas. El progresista español y el progresista canario hablan de los derechos fundamentales de la mujer, de la lucha por la igualdad de los homosexuales, de la necesidad de eliminar los privilegios que goza la Iglesia Católica en el Estado Español –amén de su desencaje en la Constitución de 1978–, del anacronismo de la monarquía, de la lucha de clases, de la revolución en el barrio burgalés de Gamonal, del neo-liberalismo, del anti-capitalismo, y así, sumen y sigan.

Pero siempre llega ese día ‘D’ en que ambas mentes preclaras entran en crisis. Ese día ‘D’ en que se produce el gran desastre:

Yo soy independentista.
¿Pero… en “las” Canarias tenéis de eso?
¿En dónde dices?

Independentista, independentista, independentista”… taladra ese guineo que, casi imperceptible, envenena poco a poco la sangre de Eros hasta matarlo. En esta situación, el progresista español, deseoso de paliar la situación fatal, acude mayormente al archi-usado argumento “juntos mejor que separados”. Y es entonces cuando el progresista canario, auto-centrado, consciente de su realidad harto reflexionada, empieza a desgranar esas perlitas sopesadas sobre su inconsciente –por aquello de Frank Fanon– y presentes como un runrún en su sub-consciente, y le lista la conquista asesina de los pueblos nativos de Canarias, la venta de esclavos en Valencia y Sevilla y demás lugares de Extranjelia, los mono-cultivos, las épocas de hambruna y la emigración, el tributo de sangre, la prohibición de “negros, moros y canarios” de asistir a la Universidad, la consideración de Canarias como colonia española hasta 1927, los regímenes fiscales y su balanza, el nacionalcatolicismo y su represión cultural, la imposibilidad de control sobre nuestras aguas y recursos naturales, etcétera, etcétera, etcétera.

Y es que, al final, el progresista español (al igual que el facha), ni conoce ni asume cuestiones pasadas y presentes sobre qué ha sido y es Canarias para con el Estado. El progresista español cree (insisto, al igual que el facha) en la unidad de España y en su grandeza. Está incluso convencido de que la historia de su pueblo es una historia de libertad, como si el imperialismo de los libros de texto que nos meten por los ojos no existiese. El progresista español es bienintencionista mas ciego. Tanto, que al día siguiente parece no haberte visto aunque te pase rozando.

Porque la cuestión fundamental que aquí se plantea a través de este suceso común es que el “juntos mejor que separados” suena exquisito cuando las partes que conforman al conjunto, como el otro que dice, duermen en la misma cama, pagan las facturas a medias o pasean de la mano por El Retiro. Pero en este matrimonio, se produce aquello del “hacen buena pareja: él le pega y ella se deja”. Así, yo, pido el divorcio.

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(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Reacciones
  • Luis, de acuerdo contigo, pero no veo con claridad eso de que Canarias tuvo consideración de colonia hasta 1927. ¿Por qué hasta ahí? Sólo se me ocurre pensar en la división provincial, pero es que antes Canarias era también una provincia. Asimismo Cuba y Puerto Rico tuvieron en el siglo XIX ese estatus, pero casi no se pudo aplicar debido a los vaivenes políticos de España; lo mismo sucedió en Canarias. Cuando a finales de siglo ya la cosa empezaba a consolidarse, Cuba entró en guerra contra España y fue gobernada militarmente con lo que eso de provincia quedó en suspenso. Canarias fue, es y será colonia mientras no haya un grupo político amplísimo o varios que así lo consideren, porque nominalmente somos provincias insertas en una comunidad autónoma de pacotilla. Hay que recordar que también el dictador institucionalizó las otras posesiones africanas como provincias y ya vimos cual fue su evolución histórica.

  • Hola Secundino. Estoy totalmente de acuerdo contigo, y quizá esa parte merezca una aclaración más larga a través de este comentario. Yo sigo pensando que Canarias no ha dejado de tener un estatus colonial. Explicar el porqué es evidente y dada la reciprocidad de nuestros argumentos, creo que cae por su propio peso. En esa pequeña secuencia de sucesos de “cómo ha sido España con Canarias” en diversas etapas de la historia (conquista, post-consquista, siglos XVII y venideros, siglo XX y actualidad) no se hace una descripción de la evidencia, sólo se listan.

    En 1927, con el pleito insular, y en plena crisis de las colonias españolas en África, se pierde en el Estado esa idea a voces de Canarias como colonia. Eso se termina de rematar en “la democracia”, cuando en el 82 nos dan la autonomía. Pero esta retahíla no es más que una cuestión estética, formal. La realidad colonial de Canarias sigue existiendo, y buena razón (actual por cierto) es lo que quieren hacer con nuestras aguas frente a Lanzarote y Fuerteventura, a pesar de la práctica totalidad del pueblo canario en contra.

    Lo que me llama la atención es que para dejarnos de considerar colonia al menos desde dicho marco estético, tuvieron que pasar más de 400 años, y para darnos autonomía casi 500. Parece que la memoria colectiva es frágil y hay quienes se sienten “españoles de pro y pleno derecho” como uno de Salamanca o Toledo. ¡Bueno estuviese!

  • Gracias, Luis, por solventarme esa duda de 1927. Aclarado queda. Lo que es una pena es que si la práctica totalidad del pueblo canario está en contra de las prospecciones petrolíferas, esta misma gente no se conciencie en movilizarse para modificar nuestro status y que seamos reconocidos como pueblo.

  • Sin duda alguna. En mi humilde opinión, creo que el pueblo canario adolece de varios problemas en mayúscula, entre ellos, la necesidad de movilizarse y posteriormente aglutinarse (que es lo importante) para luchar por sus intereses. Espero que con los nuevos tiempos, vengan nuevas actitudes. Ahul.

  • Quería agradecerte, Luis, tu escrito brillante y lúcido, porque refleja la experiencia que puede tener (yo la he tenido, desde luego) todo canario consciente con la gran mayoría de “progres” españoles. Como decía uno de nuestros viejitos supervivientes del fascismo español en la prisión de Fyffes, se trata de analfabetismo político y yo añado, de carencia de verdaderos fundamentos democráticos. Has descrito una vivencia mía que me marcó muchísimo y, en efecto, pedí el divorcio, por suerte. Gracias, amigo.

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