Semanario Crítico Canario
Leopoldo María Panero, el ángel caído

Este artículo lo publica

(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Opinión

Leopoldo María Panero, el ángel caído

El ser humano es ser de juicios. Enjuicia cuando ignora y cuando conoce. Y así, valora al ser y a sus circunstancias, siempre, inexorablemente. Y es que quizá, pocos son los que se salvan del dogma de sus impresiones. Esa virtud está destinada para quienes nada tienen que perder, porque aún perdidos, lo han alcanzado todo.

El prócer, aquí, es Leopoldo María Panero (Madrid, 1948 – Las Palmas de Gran Canaria, 2014), y el ingenuo, torpe y mal aspirante a poeta, soy yo.

Le vi acostado en un banco de Triana, frente al Banesto. Tenía las pintas de un vagabundo maltrecho. Panero era, en toda su magnificencia, un desahuciado de las aceras. El hombre hecho loco. La mente preclara que había muerto a la vida, porque la vida, esta vida, es, en sus propias palabras, un algo que tan sólo precede a la cuna del rock and roll.

Meses más tarde, me dijeron aquello de:

– ¿Ves a ese viejo vomitando Coca-Cola light?
– No —respondí sincero.
– Es Panero, el último poeta maldito.

Nos acercamos y le quise tentar. Me habían advertido que era receloso de compartir la palabra, y que sólo se le arrancaban sollozos cuando se hablaba de poesía y se le comparaba con los de su talla, ergo, con los grandes.

– Buenas, ¿sabe de quién es el poema «Dejo a los sindicatos / del cobre, del carbón y del salitre / mi casa junto al mar de Isla Negra…»? Es un gran manifiesto —apenas me miró y bostezó con su gran boca de tortuga. Me ignoró y marchamos.

Pasaron diez segundos. Su hilo de voz cansada sonó entre el piar de los pajarillos.

– Testamento 1. Yo soy. Neruda —y prosiguió el silencio.

Desde ahí empecé a leerle. Algunas veces con él sentado a cinco metros de mí, en las mesas de mármol del “Esdrújulo”, su última paz previa al sanatorio. Me inquirió con su poesía. Me hizo ver la fatalidad del ser a través de su ingeniosa pluma que plasmaba la fatalidad de su propia esencia. Me hizo sentir pequeño, nimio ante la poesía que narra la decrepitud de buena parte del espacio en que vivimos, el que compartimos, al que estamos destinados…

La poesía destruye al hombre

La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruido por la poesía.

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(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Reacciones
  • Interesante comentario el suyo.La poesía abre fronteras. Conocíamos la existencia de Panero en el Hospital psiquiátrico de Tafira Alta, en Gran Canaria, desde hace más de 20 años. Nos lo dijo en una conversación amigable un empleado de ese Centro. Lo vimos sentado en el jardín, al sol, e in mente le deseamos mucha suerte. ¿Qué es la vida?… Ilusión y lucha. Es curioso, la prensa de Madrid e incluso algún periódico digital canario ignora el lugar donde pasó los últimos años de su vida y de su óbito, esto es, Las Palmas de Gran Canaria. Saludos.

    • Aunque no es lo fundamental ahora, no he podido evitar pensar en cuestiones como las tradiciones literarias, los cánones,… ¿Diremos algún día que Panero fue también parte de la Literatura Canaria? ¿O que tuvo una etapa canaria? ¿Por qué sí o por qué no? En fin. Que la tierra te sea leve, Leopoldo.

  • No es por nada concreto, simplemente por su obra: nada tuvo ni tiene que ver con Canarias… Será un apunte de su biografía, en la parte final, poco más. Pero no por nada, sino porque así fue.

    En fin… Más allá de su situación de pena (porque eso es lo que a mí personalmente me transmitía), no pasa de ser su figura una parte de la prensa rosa de la literatura por su parte familiar, una malditismo de pose y un pobre hombre al que habían convertido algunos en un figurín para una foto de la literatura, que nada tiene que ver (la literatura) con la foto. Descanse en paz, o más bien habría que decir, como con tanta otra gente, que lo dejen descansar en paz ya…

    Salvaría dos o tres versos suyos… poco más. Salud.

    • Me confieso un absoluto ignorante de la obra de Panero. Me pasa lo mismo con casi todo lo que se escribe ahora. Si algo sé -poco- es normalmente de gente que ya hace mucho que no está viva. Dicho esto, sí pude percibir ese acoplamiento generalizado del postureo diletante para hacerse fotos con el difunto cuando no lo era. El caso más obsceno fue el de Bumbury. Forma parte de una concepción que va creciendo, la literatura como show-business, el literato como estrella de la autopromoción,… No sé si Panero comulgaba con esto que comento pero estos días he visto mucho de eso en torno a su partida. En cuanto a lo de Canarias, doy por buenas las palabras de Perera, como experto en la materia, las cuales, si no me equivoco apuntan en la dirección de alguien que vivió en Canarias accidentalmente pero cuya literatura, tradición literaria, etc. le importaron más bien poco. No fue el primero ni probablemente será el último, añado.

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