Semanario Crítico Canario
¿Por qué me abstengo?

Este artículo lo publica

(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Opinión

¿Por qué me abstengo?

La primera vez que me abstuve de votar fue por causas fortuitas. Se trataba del referéndum planteado a todos los nacionalizados en Estados que conformaban la Unión Europea, y el tema era, en concreto, la famosa Constitución que meses posteriores dio mucha literatura, en particular de prensa. No acudí el 20 de febrero de 2005 a las urnas de mi colegio electoral, sito en el barrio marinero de San Cristóbal de Las Palmas de Gran Canaria, al encontrarme estudiando en Aguere y al habérseme acabado la paga semanal con la que subsistía en una época difícil en lo que concernía a mi situación familiar y a la inexorable tardía resolución de las becas que siempre recibí como buen estudiante que era. Les confieso que me sentí profundamente frustrado.

Valga antes que nada como aclaración que yo creo profundamente en el sufragio como un derecho y un deber, y además, creo firmemente que el ejercicio del voto supone, en cierto sentido, una victoria frente al aún irresoluto nacionalcatolicismo perpetrado durante cuatro décadas en las tierras que hoy pisamos.

Algunas de las cuestiones de fondo que se deben plantear de cara a los comicios del próximo domingo 25 de mayo son las siguientes: i) ¿el sufragio como concepto democrático tiene correspondencia con el voto a ejercer en apenas una semana?; ii) ¿el ejercicio del voto refrenda pues el estatus quo europeo, es decir, un neoliberalismo imperante e impuesto?; y iii) ¿qué papel juega Canarias en Europa, o viceversa?

La democracia es la expresión por la cual el pueblo interviene en su propio gobierno. Es la antítesis a las diferentes formas de absolutismo vividas durante épocas pretéritas como el feudalismo, el caciquismo o el militarismo de Estado. Sin embargo, la democracia que hoy vivimos no es más que una plutocracia donde son las élites económicas quienes, a través de las fuerzas vivas de la política (mercaderes), mueven los hilos de unas marionetas que conforman al pueblo (nosotros, por si queda alguna duda). Votamos un programa electoral y no se cumple ni a mínimos. Incluso votamos, y hasta se hace todo lo contrario a lo que apoyamos con nuestras papeletas en suma. Los órganos jurídicos no tienen competencias para invalidar a los gobiernos infieles. Y cuando nos quejamos, nos restriegan por la cara que ellos están ahí porque así lo quisimos nosotros mismos. Y la verdad, es que en eso, llevan toda la razón.

En este sentido, votar a un partido político promotor del estatus quo, representa, y de facto, otorga legitimidad. Las tres vías que existen para mostrar el rechazo al sistema y su procederes son: i) votar a un partido con carácter de contra-poder para así cambiar al sistema desde dentro; ii) votar en blanco; y iii) abstenerse(*). El primero de los supuestos es un ideal a descartar desde ya. Los pequeños partidos nacidos del descontento ciudadano tienen clarísimas dificultades debido precisamente a un sistema electoral monstruoso. No hablo en este caso del conteo de votos y los mínimos para la obtención de representación, hablo sobre todo de planchas cerradas, del control de los medios de comunicación de masas para minimizar las voluntades de quienes pretenden hacer las cosas de manera diferente, o del beneficio de la duda a quienes se autoproclaman como salvadores de los pobres. Por otro lado, el voto en blanco es una buena opción si lo que se quiere es mostrar un rechazo al personal que opta a “eurodiputarnos” en Bruselas, sin embargo, y a diferencia de la abstención, el voto en blanco no expresa una negación absoluta al sistema. Y está claro, que el sistema es, sobre todas las cosas, el problema de raíz.

Pero la abstención es una arma de doble filo, porque son variopintas las interpretaciones si el resultado no es contundente. Una abstención menor del 50% da pie a que se tilde a la población de inmadura ante lo que se supondría que habría de ser una irresponsabilidad de quienes no aportan a la democracia. Pero imagínense ustedes lo que supondría una abstención mayor del 80%. La lectura unívoca es aplastante: “con nuestros votos ustedes no cuentan para seguir con sus mierdas”, y perdonen si me pongo abrupto.

¿Y con Canarias, qué es lo que pasa? Para Europa, nosotros somos ultraperiféricos, que es el nuevo concepto aplicado a los otrora “territorios de ultramar” o “colonias”. La cuestión es graciosa, ya que quizá ellos no se han dado cuenta de que la localización espacial es de las variables más fáciles de entender en lo que respecta al relativismo. Para nosotros, si colocamos al centro de referencia en Caleta del Sebo (población canaria más cercana al continente), Europa también nos queda un poco “ultraperiféricamente”. Mas volviendo al asunto, los canarios necesitamos entender que las sucursales españolas en Canarias(**), no nos garantizan la defensa de nuestro intereses, que en estos momentos son el paro, la integración social, y la asfixiante falta de soberanía sobre nuestras aguas en lo referente a pesca, medio ambiente y prospecciones petrolíferas. Llegados aquí, podríamos encontrar resolución a este problema si pensamos en las formaciones políticas locales que sí concuerdan en algunos de estos puntos. El colmo es que, a excepción de un solo partido, el resto de grupos canarios se presenta con otras formaciones nacionalistas o de corte progresista de España. Hasta en eso somos malos, es decir, preferimos asociarnos con gentes que ni nos va ni nos viene a hacer esfuerzos por la integración política canaria en aras de perseguir objetivos comunes.

– “Es que con Coalición Canaria(**), nosotros no podemos ir porque son los enemigos principales de nuestra propia tierra…”.

Dirán algunos. Y estoy de acuerdo de pleno. Pero, ¿y entonces qué hay que hacer? ¿Fulminamos a partidos como el mentado y muchos otros a través de la derrota electoral? Vale, ¿y qué hacemos con los integrantes de dichas formaciones y con sus acólitos? ¿Les expulsamos? ¿Nos exiliamos nosotros?

Precisamente, el problema canario, además de las colas que lideramos en casi todo lo malo, es la falta de consciencia de que el concepto “unidad” que tanto enarbolamos se debe hacer con los elementos que tenemos. Porque no hay otros. Porque somos los que estamos. Porque vivimos, escribimos y voceamos los ideales sin tener en claro nuestras miserias o que el mundo es así como así son las antípodas en las que estamos como pueblo.

(*)NOTA ACLARATORIA: El autor de este artículo no exhorta a ningún lector a votar a ningún partido, ni a votar en blanco ni a abstenerse, sino que expresamente simplemente por qué toma la decisión de no votar en su calidad de elector.
(**)NOTA ACLARATORIA: El autor de este artículo muestra explícitamente el rechazo intelectual a todas las formaciones políticas aquí mentadas o sugeridas.

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(Las Palmas de Gran Canaria, 1985) es Licenciado en Química por la Universidad de La Laguna, máster europeo en Química Teórica y Modelización Computacional por la Universidad Autónoma de Madrid y doctor en Química Cuántica. Es además timplista y fundador de la primera 'Escuela de timple' asentada y regular en Madrid y es fundador de Forotimple. Cuenta con varias publicaciones científicas en revistas de prestigio internacional y ha publicado la obra literaria 'El disconforme'. En la actualidad, es investigador postdoctoral en Monash Universiy (Melbourne, Australia).

Reacciones
  • El problema es que la abstención ha hecho posible una mayoría absoluta (a nivel nacional) que nos está asfixiando. Ellos no se abstienen, saben lo que quieren y hacen todo lo posible para lograr sus objetivos.

    No podemos dejarnos llevar por la desilusión y el desencanto, motivos tenemos, pero visto los resultados, no es el camino.

    En cuanto a votar, no me siento representado por ningún partido de corte nacional, y los que dicen ser nacionalistas, mienten, son regionalistas españoles, no defienden nuestra autodeterminación.

    O sea, que estoy hecho un lió, debo votar y ninguno merece mi respeto.

    Saludos.

  • Como comentaba en el artículo, creo que los resultados de abstención son un arma de doble filo. El voto otorga poder, y el no voto, por ende, no lo otorga. Por cuestiones de lecturas espurias, tristemente, para que el batacazo sea contundente es necesaria una negación en bloque. En ese caso, si hubiese sólo 1/4, un 20%, o mucho mejor, un 10% de participación, significa que los elegidos no tienen legitimidad popular porque el pueblo no ha ejercido la democracia a través del sufragio en los mínimos exigidos. Por otro lado, el voto tiene doble intencionalidad:

    i) El voto al partido X o al partido Y, significa refrendar su programa electoral.
    ii) El simple hecho del voto significa refrendar el sistema que luego estamos 5 años criticando precisamente por la falta de democracia participativa (que no representativa).

    En el caso de las elecciones europeas, la evolución de voto ha sido: 62, 59, 58, 57, 50, 45 y 43%, desde 1979 hasta 2009. En el caso de las elecciones estatales, la participación aún no ha bajado al nivel crítico. Es evidente que con un 43% a 2009, el número de euro-escépticos y de europeos que rechazan las formas de hacer política de la UE, están suponiendo un punto de inflexión, que se verá, en mi opinión, finalmente resuelto si como indican las encuestas, la participación a 2014 no supera el 40%.

    Me quedo con tu reflexión José Miguel: <>. ¿Si ninguno merece tu respeto, por qué lo harás?

  • Necesitamos un cambio urgente, la situación es insostenible, ese es el problema. Por otro lado, la falta de legitimidad política en el mejor de los casos solo nos llevaría a nuevas elecciones, o sea, más de lo mismo.

    No veo en la abstención ni la urgencia ni el cambio que necesitamos. Aun así, creo entender tus motivos, pero el sistema hay que cambiarlo desde dentro.

  • Valiente reflexión y a mi entender necesaria.

    Sin querer ofender a nadie, es increíble que se hable de abstención y enseguida aparezcan los que de inmediato te dicen oooohhhhh!!!! abstención no porque favorecerás a los grandes partidos, al que está en el poder,….Es como si el mismo sistema les pusiera en marcha para garantizar su supervivencia.

    Uno se puede abstener de ir a votar y en su día a día hacer muchas cosas transformadoras que pueden generar cambios más potentes que aquellos que votan (aunque sea a partidos pequeños). Desgraciadamente votar contra la Troika no es suficiente.

    Me parece que el sistema es muy difícil cambiarlo desde dentro puesto que estamos sujetos a sus servidumbres (ley electoral tramposa, medios de comunicación que dan cancha a los que más les interesan, potentes redes clientelares de los partidos instalados en el poder,..) Aunque en Canarias, en mi opinión, hay alguna formación que está haciendo un buen trabajo.

    Para quien le interese dejo aquí la reflexión que hace José Manuel Naredo sobre la posibilidad de utilizar la abstención como protesta al mismo tiempo que se impulsa una plataforma de movimientos sociales con un gran respaldo social http://bit.ly/1fsjw3n

    Saludos

    • A mí la abstención me parece tan legítima como el ir a votar si uno considera que hay una opción que lo representa suficientemente. Ahora bien, no estoy completamente de acuerdo con la afirmación de que «la abstención no da poder». Es un hecho que, objetivamente, ayuda a los partidos mayoritarios, luego sí da poder. No hay más que ver el entusiasmo en las llamadas a la participación de los partidos pequeños comparado con el «mutis por el foro» de los partidos grandes. Por otro lado, para que la abstención tenga los efectos que Naredo predica tiene que ser masiva y acompañada de un discurso político-ideológico coherente. Estamos lejos de eso pero nos vamos acercando en las europeas, que tradicionalmente despiertan poco interés. Ahora bien, falta el discurso. Este artículo apunta en esa línea. Suceda lo que suceda, será difícil cuánta de la previsible abstención será «política» y cuánta será más producto de la apatía o desinterés. Saludos.

  • @El Oikos

    Una observación en cuanto a «objetivos»:

    «Una plataforma que obtenga la mayoría necesaria para iniciar un proceso constituyente….»

    Todo es posible, pero hay que tener en cuenta que la derecha española vota, tampoco creo que el partido socialista desaparezca del mapa político. Pensar que en dichas condiciones se puede lograr una mayoría suficiente para iniciar un proceso constituyente, es una utopía, por no decir una broma.

    Para finalizar, creo conveniente recordar que son muchos los que no pueden esperar y, aunque el cambio no sea el óptimo (que no existe), es urgente que se produzca. Hay muchas familias pasándolo muy mal, que necesitan «soluciones » urgentes. Eso se entiende mejor cuando estas bien jodido (con el perdón de la palabra).

    Saludos.

  • En Canarias hay una ausencia clamorosa de interés, de reflexión y de pensamiento estratégico (no confundir con la politiquería de si el partido este y el partido tal… zzzzz). La abstención electoral en Canarias no es lo más grave, sino la abstención en todo lo demás (hay muchas más maneras de hacer política democrática, antes y después de las elecciones). No se trata de esperar a ver si hay un menú que te guste. Las alternativas se van haciendo colectiva y democráticamente. El Partido X y Podemos habrán nacido en la península pero es que han entendido esto, y no sorprende que en Canarias haya gente que haya formado círculos Podemos o nodos X. ¿Por qué desde Canarias no nace nada parecido? Tenemos una gran responsabilidad por ello.

  • Canarias lo que necesita, sin duda, es la nucleación por parte de la sociedad civil de cara a la conformación de nuevas fuerzas políticas con espíritu de democracia participativa y liderado desde diversos frentes por un buen sustrato de gente renovadora, con alta preparación académica, profesional y con un debate auto-centrado desde la identidad y la cultura propias. Votar a Podemos, que me parece sumamente respetable, es empezar otra vez a hacer la casa por el techo (y nunca mejor dicho). Sucursales en Canarias ya hay muchas. Por otro lado, la gente está obnubilada con la formación que lidera Pablo Iglesias. Y yo es que tengo mis reservas, porque no es la primera vez que entra a la palestra un partido nuevo con un debate cañero de crítica hacia el sistema y que luego, no deja de ser más de lo mismo. El ideario de los salvadores dejó de ser elocuente desde que Felipe González le ganó a la UCD. Pero sobre todo, en Canarias, lo que urge es que conformemos de una vez por todas una mayoría de canarios de bien que sea una piña frente a Madrid, Europa y el propio mundo. Esta unidad ya la tienen otras comunidades autónomas del actual Estado, y sin duda, y a pesar de los múltiples peros, les va mejor. Estamos en fase larvaria, y no sé si la larva aquí, acabará en mariposa o en gusano nuevamente.

    PD: la abstención no favorece a los partidos mayoritarios porque obviamente, el voto no depositado no contabiliza en el cómputo, y por ende, en los cortes de representación. Sí el blanco.

    • Cuando digo que la abstención favorece a los partidos mayoritarios lo digo porque el electorado de estos partidos suele ser más fiel que el de los partidos minoritarios. Los partidos mayoritarios están más cohesionados aunque en buena medida sólo sea por la posibilidad de victoria. Los partidos minoritarios quedan más al albur de la variedad de opciones, una de ellas la propia abstención. Espero haberme explicado mejor ahora. Saludos.

  • Me sorprende que digamos que en Canarias no se ha hecho nada parecido a Podemos. ¿Ya nos olvidamos del trabajo que viene haciendo la gente de SSP o Alternativa Ciudadana 25 de mayo? Es verdad que no salen por la tele, pero son alternativas que se van haciendo colectiva y democráticamente, y desde el conocimiento de la realidad del terreno que se pisa, cosa que no todos pueden decir.

    Claro que hay una abstención y una desmovilización clamorosa, pero ¿por qué? ¿Cuáles son las causas profundas? Ese es un debate que no veo por ningún lado

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