Semanario Crítico Canario
RotosLa Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, dando la espalda a los riscos

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

Opinión

Rotos

Lo ocurrido ayer en el Estadio de Gran Canaria en los minutos finales del Las Palmas-Córdoba debe mover a una profunda reflexión. Toda ocasión es buena para aprender y me atrevería a decir que especialmente sucesos como los que hoy ocupan las primeras páginas de los periódicos de Gran Canaria son especialmente útiles para realizar la tarea pedagógica que urge tanto a nuestra sociedad. Aquí va mi modesto grano de arena.

Que quede claro que cuando digo reflexión no me refiero al ejercicio de cinismo con el que nos obsequiaba Bravo de Laguna, presidente del Cabildo de Gran Canaria y miembro de una saga de caciques de rancio abolengo que hoy quiere perpetuarse. Dijo el ínclito en su cuenta personal de Facebook,

“(…) lo ocurrido, culpa de 200 gamberros que asaltaron a destiempo el terreno de juego, demuestra lo peligroso que es jugar con fuego, estimular la indignación, la protesta incontrolada y, en definitiva, un cierto modo de anarquismo. Es una muestra más de lo peligroso que resulta alentar bajas pasiones, en lugar de el (sic) respeto a la ley y a los demás, por muchas discrepancias que pueda haber.”

Destila Bravo de Laguna clasismo y también irresponsabilidad, como si el cargo que ocupa, las políticas que ha practicado su partido junto con los demás, no tuvieran nada que ver en la gestación de esa sociedad paralela que en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria lleva años adquiriendo unas proporciones absolutamente inmanejables. Apuntar a los movimientos sociales o el enfrentamiento con Coalición Canaria da idea de la catadura moral de quien hoy detenta la presidencia del Cabildo. En esas manos estamos.

Pero, a fin de comenzar esa reflexión que nos ayude a comprender y tratar de poner soluciones, hemos de preguntarnos lo siguiente: ¿qué ocurrió exactamente ayer? Muchas cosas a la vez, como suele suceder. En primer lugar, un equipo incapaz de alcanzar un objetivo deportivo durante toda una temporada y que, como los malos estudiantes, quiere resolverlo todo a última hora. Creo que admitir que la Unión Deportiva no hizo una campaña particularmente gloriosa puede ayudar a descargar la tensión de este funesto final. Seguidamente, una gestión bochornosa de lo que debe ser la seguridad de un espectáculo deportivo masivo, que permitió la apertura de las puertas del recinto de Siete Palmas unos diez minutos antes de tiempo. Creo que cabe investigar y depurar responsabilidades, si las hubiera, sobre este delicado asunto que, afortunadamente, no se saldó con heridos o víctimas personales, aunque perfectamente hubiera podido ocurrir de prolongarse el escándalo. Resulta como mínimo paradójico que el presidente de la Unión Deportiva haya amasado una fortuna en el negocio de la seguridad privada y no sea capaz de mantener la misma en el propio recinto. Y, last but not least, sobre todo, la visibilización, en prime-time, sin posibilidad de ocultación, de los sectores depauperados que se han ido conformando en la que es en puridad la única ciudad de Canarias, para bien y como vimos ayer para mal. Es en este último punto donde creo que hay que detenerse.

Las Palmas de Gran Canaria ha sido el dramático escenario de la fractura social y generacional que afecta, en mayor o menor medida, a toda la sociedad canaria. El boom del turismo de los sesenta posibilitó el que algunos sectores, en su desplazamiento de las zonas rurales a la ciudad, incrementaran su calidad de vida, el nivel de estudios de las segundas generaciones, a la par que abandonaban los esquemas de la sociedad tradicional que ellos y sus antepasados habían reproducidos sin demasiadas alteraciones durante siglos. Sin embargo, otros muchos sectores, los más, quedaron al margen de esta incipiente prosperidad, comenzando a formar los sectores subalternos y prescindibles de nuestra sociedad. A mediados de los setenta, el abandono español del Sáhara, no hizo sino añadir otra problemática más en forma de oleadas de colonos que se arracimaron en los barrios populares de la ciudad, muchos de ellos carentes de servicios tan elementales como el agua. La batalla popular por este bien precioso contra el PSOE municipal inauguró la década de los 80. El ensoñamiento de una ciudad atlántica, con un Puerto siempre pujante y Festival de Música, apenas alteró el esquema de una urbe bipolar, de dos pisos: la ciudad baja, con su coqueto barrio de Vegueta-Triana, la cosmopolita zona de Mesa y López, la joya de Las Canteras y, por otro lado, barrios enteros de precariedad, cuando no directamente prostitución y droga. Crecí en uno de esos barrios bipolares. Sé bien cómo esa estructura era fácilmente perceptible hasta en mi clase de E.G.B. Lo que vino después no hizo sino confirmar que algunos podríamos escapar y ascender un poquito mientras que los más continuarían en los mismos peldaños que ya habían ocupado sus padres pero en una sociedad mucho más hostil. Eligio Hernández alertó en los 80 de la posibilidad de un “caracazo” en Las Palmas nunca ocurrido. Acaso lo de ayer sea la forma que adoptan los caracazos en Canarias. Ojalá queden ahí.

Ningún partido, ningún alcalde, ha hecho gran cosa por derribar este esquema insostenible con que hemos recibido el siglo XXI. Ni siquiera aquella legislatura de pena en que llegó a haber tres alcaldes. Tampoco el ínclito José Manuel Soria cuando fue alcalde. Del tiempo que Jerónimo Saavedra ocupó la alcaldía sólo se recuerda su jardín zen del Parque Doramas. Y sin embargo, las señales venían siendo claras desde principios de los 90. No era casualidad que los Carnavales se acabaran convirtiendo en una fiesta muchas veces peligrosa. Los intentos del Partido Popular por elitizarla, desplazando a la “chusma” a un ghetto, mientras reservaban las terrazas a la “gente decente”, no hacían sino evidenciar la ingeniería social que una derechona clasista quería practicar en ese polvorín en el que se iba convirtiendo la capital. Bravo de Laguna estaría contento. Mientras la política de parques y jardines avanzaba imparable, los servicios sociales se depauperaban sin fin. Es esa misma gente, excluida en buena medida del ocio popular, sin estudios ni educación, sin recursos materiales ni personales, sin expectativas ni identidad cultural, la que ayer invadió el campo. Son mis compañeros de clase.

En otros lugares han sucedido cosas parecidas, no cabe duda, pero saberlo no nos va a ayudar a solucionar este tremendo problema ya imposible de ocultar. Fenómenos como el hooliganismo británico o la violencia política en lugares como Italia o Alemania en poco van a aclarar lo que ayer ocurrió. Ni Capital Europea de la Cultura ni el nuevo Singapur, sea eso lo que sea: somos una sociedad fragmentada, subdesarrollada y lo peor es que nuestros gestores son incapaces de acometer esto. De hecho, quieren engañarnos reduciendo lo sucedido ayer a la categoría de “altercado”. Más allá del linchamiento público en las redes sociales, la endofobia, la estigmatización o la negación, como sociedad, debemos encontrar caminos que nos permitan comenzar a afrontar el tremendo desafío que tenemos delante. Esto sólo puede hacerse, en mi opinión, desde la convicción de que ya hemos tomado fondo y desde el análisis y el conocimiento de una realidad que ya no se debe embellecer más. Se acabaron los argumentos de barata promoción turística que tanto hemos interiorizado los canarios. Toca irse barrio adentro a hacer trabajo social, invertir en educadores y trabajadores sociales, monitores socio-culturales, elaborar un plan de choque ya mismo para aliviar las carencias materiales pero también cultivar la visión estratégica, pensar en el medio y largo plazo. Liberar las asociaciones de vecinos del clientelismo político, abrirlas a la participación y a la gestión colectiva y resolución de problemas. Que sean más asociaciones de vecinos y menos correas de transmisión de los partidos políticos. Hay que abrir los colegios por las tardes. Los maestros tienen que comprender que no nos podemos permitir un trabajo de jornada corrida cuando eso significa que nuestros chinijos pasan horas y horas botados en la calle. Hay que prolongar y mejorar su escolarización; que todos tengan comedor, luchar a toda costa para que el tránsito a la educación secundaria no acabe en abandono y fracaso. Proporcionarles modelos de referencia positivos: gente honesta, sana, trabajadora,… que pueda servirles de espejo en el que mirarse.¿De verdad la televisión pública canaria sólo puede lanzar el mensaje de que el joven canario “Quiere” ser como Pepe? ¿Podemos pensar que el mundo del fútbol puede ayudar en esto? Desde luego, debiera ser así pero toda la sociedad debe volcarse a ello. No es tarea exclusiva de las instituciones sino que concierne a todos los que no queremos que nuestros hijos crezcan en una sociedad deshumanizada, rota, con miedo de ir por ciertos barrios y recluidos en grupos sociales que no van más allá de su promoción en la escuela concertada/privada donde los matriculamos para que no se mezclen con los otros. Ponerse a marchar en esta dirección, que llevará décadas, sí que nos llevaría a la Primera División de las sociedades que se conocen, se respetan y avanzan juntas en la resolución de sus problemas. En cambio, continuar por este otro camino nos llevará indefectiblemente a estallidos como el de ayer, con la diferencia de que este partido sí que no lo podemos perder.

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

Reacciones
  • Totalmente d acuerdo. Abandonar la educación e identidad social, así como la igualdad ciudadana básica provoca monstruos alimentados por na exclusión, el abandono y la marginalidad

  • “en la que es en puridad la única ciudad de Canarias”
    ¿Podría explicarme esa “puridad” por la cual Las Palmas es la única ciudad de las islas?

    • Desde mi punto de vista, ni Santa Cruz de Tenerife ni La Laguna ni Telde son propiamente ciudades, al menos grandes. Ni por dimensiones ni por las problemáticas que padecen, infinitamente menores a las de LPGC. Entiendo que esto es opinable pero usted me pedía una explicación y aquí la tiene.

  • A ver, que alguien me explique que tiene que ver el edificio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria con lo que pasó con la UD en el Estadio de Gran Canaria.

    • Me gustó la imagen del edificio del Rectorado dando la espalda a nuestros riscos. Me pareció sugerente y, desde luego, no quería reproducir la imagen de ninguno de los asaltantes de ayer. Saludos.

  • Enhorabuena, compañero.
    Es la reflexión más lúcida que se puede hacer. Una respuesta tan ágil como profunda, radical (de ir a la raíz).
    Aunque no soy, no he sido nunca, muy futbolero, ayer me “gocé” ese partido aprovechando que los domingos acudimos siempre para que mi hija disfrute de la compañía de su abuelo (y viceversa).
    Sentí ante el televisor una mezcla de rabia, indignación y pena. Con tu artículo, Josemi, apalabraste las razones profundas de mi dolor.
    Desde Tenerife, un abrazo.

    • Yo veo en todo razones para aprender y mejorar. Creo que la de ayer, por terrible, debe ser la mejor lección. Agradezco el no haber leído burlas ni comentarios ofensivos desde la isla de Tenerife. Supongo que alguno habrá habido pero no es la tónica. Al contrario, empatía, solidaridad, tristeza,… Todo esto nos hace más humanos y más dignos del ideal que queremos alcanzar. Nos merecemos otro fútbol, otras actitudes,… pero todo eso debe venir de una sociedad mejor. Construyámosla. Un abrazo.

  • Me sumo a la enhorabuena por el análisis completo y lúcido, qué lujo.

    Ayer en la retransmisión postpartido decía un periodista algo así como que si me dicen que esto pasa en Sudáfrica o Latinoamérica me lo creo. Más allá de los prejuicios que esconde esa frase, lo tremendo es la alucinación colectiva en la que vivimos, con unas cifras y unos datos que nos dejan mucho más cerca de Latinoamérica o África, pero que luego ignoramos completamente mientras hablamos de nosotros como “Europa”.

    Me pareció ilustrativo de cómo vivimos cerrando los ojos ante lo que nos rodea.

  • Hola Josemi,
    Felicidades por el artículo, muy acertado. Sobre Santa Cruz de Tenerife / La Laguna, probablemente Fernando tenga mucho que decir ahí. Es cierto que SCTF o La Laguna no son metrópolis como Las Palmas y persisten en un provincianismo del que esta carece. Pero curiosamente, en términos de continuum urbano SCTF-Laguna constituye en la práctica un área metropolitana (de ahí los proyectos de fusión municipal) con ghettos no tan diferentes de los de Las Palmas. Pero sí, carecen de esa identidad.
    Abrazos.

  • Aunque haya supuesto tanta tristeza leerte, gracias por tu magnífica reflexión y clarividencia, Josemi, pues siempre es una puerta abierta a la esperanza.

    Creo que viene a cuento comentar que el foro ciudadano Demócratas para el Cambio viene señalando, desde hace años, al antidemocrático sistema electoral canario como el culpable de la grave situación socioeconómica en la que se encuentra nuestra tierra. Y que es, precisamente, en las islas capitalinas -que acumulan la mayoría de la población y donde se han generado los mayores problemas sociales- donde el sistema peor representa la voluntad ciudadana.

    Varios estudios demuestran que el déficit democrático influye en el bienestar general de una sociedad y la carencias de Canarias en educación, sanidad, empleo, etc. lo corroboran. Corregir la desviación de nuestro sistema electoral es hacer por mejorar el bienestar de nuestra gente y el futuro de esta sociedad.

    • No dudo, Mónica, que ése que señalas sea uno de los factores a los que prestar atención. En cualquier caso, habrá que usar un enfoque global para algo tan complejo. Yo no pretendo, no sería capaz, agotar aquí la discusión. Como digo en el artículo, ésta es mi modesta aportación. Ahora que todo el mundo haga la suya. Saludos y gracias.

  • Muchas gracias, Josemi por tu reflexión. Pones orden y palabras a los que muchos pensamos. Siento una tristeza enorme de ver que lo que gran parte de la sociedad dice de lo que ocurrió ayer se limita a castigar con comentarios verdaderamente hitlerianos a quienes son únicamente la consecuencia de años y años de abandono y marginación. Ojalá todos aquellos que hemos tenido otro tipo de vida y oportunidades fuéramos capaces de hacer análisis como el tuyo, y actuar en consecuencia, en vez de potenciar más este sistema político y esta estructura social que cada vez nos hace más irreflexivos, consumistas de pensamientos enlatados y palabras envasadas al vacío.

    • Yo no creo que sea cuestión de hacer análisis como el mío o como otros sino de tener voluntad de analizar y, sobre todo, de intervenir en nuestro círculo más inmediato. Ahí es donde nos la jugamos, creo yo. Saludos.

  • Está claro que eres un gran conocedor de Gran Canaria a nivel general y de Las Palmas a nivel particular, pero mejor no hables de Tenerife, porque se ve que no tienes ni idea. Santa Cruz y La Laguna son ciudades, como cualquier otra, no tan pobladas como Las Palmas, pero ciudades con las mismas problemáticas, a fin de cuenta. Demuestras un gran insularismo por tu parte. Pero bueno, de una web como Tamaimos, de opiniones mediocres, no se puede esperar más.

    • Sí, desde luego, si por algo me caracterizo yo en particular y Tamaimos en general es por su insularismo. Y la mediocridad, por supuesto. Decir que Las Palmas es la única ciudad del país me parece más descriptivo que valorativo y, para el caso que nos ocupa, tendría seguramente una valoración negativa. Afortunadamente, ni en SCTF ni en LL ni en Telde existen las bolsas de pobreza y marginación que sí existen en LPGC. No sólo es una cuestión de tamaño o número de habitantes. Piensa, si quieres, en el porcentaje de suelo rural que hay en LPGC y el que hay en SCTF y en LL o en Telde. O en el peso del sector primario, infraestructuras, etc. Si quieres también puedes consultar el ranking de ciudades del Estado español, por ejemplo, para tener una idea un poquito más clara de las dimensiones. En cualquier caso, a riesgo de parecer mediocre, el artículo no iba de eso.

  • O estudia tú un poquito de historia y ten en cuenta que La Laguna es la primera capital de Canarias. O de que tiene la universidad más antigua del Archipiélago, así como el instituto en activo más longevo. También podrías echar un repasito a los rangos para calificar a una ciudad como tal, en las cuales, las tres que citas, entran ampliamente. Puede que la magnitud de pobreza sea superior en una ciudad más poblada como Las Palmas, pero los problemas sociales son exactamente los mismos en ambas islas, lo que pasa que para tí, existen en tu isla, pero en la de al lado, sorprendentemente, no. Tu calificación despectiva de las ciudades tinerfeñas, así como la negación de sus problemas sociales (muchos de ellos, claramente urbanos) denota un gran insularismo por tu parte, otra cosa es que no lo quieras reconocer.

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