Semanario Crítico Canario
Los verdugos: episodios de represión en CanariasEl estudiante y joven sindicalista, Dani Casal, conmocionado tras recibir una agresión policial el día de la Apertura del Curso Universitario 2012/2013. Fuente: Canarias Semanal.

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Periodista. Graduado en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, también estudió Historia en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Actualmente Coordinador de la revista Tamaimos.com y Coordinador de Proyectos de la Fundación Canaria Tamaimos. Experiencias en Canarias Radio La Autonómica y otras emisoras de radio en Canarias. Aptitudes en el ámbito del periodismo digital y las labores propias de community manager. Curioso e inquieto, pregunta tras pregunta, indagación tras indagación, desea conocer lo mejor posible el árbol enigmático que es Canarias. Desde lo local hasta lo universal, concibe el periodismo como un servicio público para repensar el mundo en el que vivimos y sus complejidades. Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported. En Twitter @RaulVega1984 y en Facebook .

Opinión
  • Publicado el 5 de febrero de 2015
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Los verdugos: episodios de represión en Canarias

Con el caso de Guacimara Vera se ha vuelto a abrir el debate sobre la criminalización de la protesta social. En Canarias tenemos varios ejemplos de presión policial en los últimos años

Hablemos de cultura española. En 1963 Luis García Berlanga estrenó la genial película “El verdugo”. En ella se narra la historia de José Luis, un empleado de funeraria con aspiraciones de irse a Alemania. Sin embargo su suegro es verdugo profesional y él debe heredar el oficio familiar. El joven acepta el trabajo, ya que le da derecho a una vivienda, pero confía en que no se dará la ocasión de ejercer el oficio. Pero se da… El filme de Berlanga es la oda más cruda y brutal contra la pena de muerte franquista, que vista con la distancia del tiempo, no se entiende que sorteara a la censura. Seguramente los censores no eran tan inteligentes como para entenderla…

La vergüenza y los miramientos morales de José Luis no están generalizados. Algunos aceptan de buen grado el trabajo de los que vinieron antes. Por ejemplo, los hay que son dignos herederos de los grises, que usaban la represión en las calles, o de sus abuelos, entendido desde el punto de vista profesional, que enterraban desafectos en las cunetas o lanzaban rojos en las simas y los pozos. Hoy la represión se ejerce de manera distinta, pero vive soterrada bajo el disfraz de una democracia que recibió 6.621 denuncias por torturas y malos tratos policiales desde el año 2004 en todo el estado. En palabras de Pau Pérez, asesor del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura y perito en tribunales estatales e internacionales para víctimas de maltrato y tortura, “cuando hablamos de tortura, la gente piensa en la tortura del franquismo. Esta no existe apenas en 2015. La tortura intimidatoria al inmigrante, al militante de movimientos sociales es física, pero juega más con el miedo, las amenazas, el terror. El miedo al dolor es más demoledor que el dolor”. En “El Verdugo”, José Luis llega al barco que los devuelve a casa tras ejercer por primera vez el oficio. “No lo haré más”, dice, a lo que el suegro, que ejerció la profesión durante muchos años, contesta: “eso dije yo también la primera vez”.

Canarias no es una excepción al ejercicio de la represión, intimidación, calumnias o de las denuncias falsas para tapar una agresión policial. En las últimas semanas se habló mucho del caso de Guacimara Vera, una estudiante a la que se imputa un delito de agresión a un policía durante la inauguración del curso 2012-2013 en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Pero no es el único caso de represión en Canarias. En los últimos años asistimos a una escalada represiva. A los hechos me remito: un ciudadano es expulsado de Canarias tras haber protestado en la sede del PP en Arrecife, un grupo de jóvenes golpeados delante del Cine Víctor, donde se celebra un Congreso del PP, un conductor de un programa de radio en La Palma denunciado por conocidos aguatenientes de la isla, una mujer es golpeada en Agaete por portar una bandera canaria, un grupo de estudiantes es intimidado y amenazado por agentes de la autoridad o sindicalistas son imputadas por protestar contra la Reforma Laboral el Día de la Mujer Trabajadora. Son solo algunos casos, hay muchos más. Dice el diario Público en un artículo sobre la represión en el conjunto del Estado: “según Amnistía Internacional en España se tortura. Y no poco. La práctica de la tortura no es sistemática pero tampoco se trata de casos aislados. De hecho, sólo en los últimos diez años la Coordinadora para la Prevención de la Tortura ha recopilado 6.621 denuncias por malos tratos o torturas policiales. La cifra contrasta con el escaso número de condenas emitidas por la Justicia. Concretamente, 752, la mayoría por faltas y no por delitos. Además, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España hasta en seis ocasiones por no investigar suficientemente estas denuncias y el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura reprendió a las autoridades españolas por no investigar las denuncias por malos tratos”. Con este panorama se entiende que los atropellos policiales en Canarias queden la mayoría de las veces sin castigo. Algunos, incluso, terminan con los afectados imputados.

¿Cuándo se erradicó la represión?
La cacareada y celebrada Transición no fue tan victoriosa en cuanto a práctica de la represión o incluso del asesinato por causas políticas. Así lo aseguran historiadores como Pierre Villar o Sergio Millares Cantero. En el caso de Mariano Sánchez Soler en su libro “La transición sangrienta”, ofrece cifras de cerca de 3.000 heridos por violencia política y 591 muertos, de los cuales 188 son asesinados por el propio aparato estatal. Sánchez Soler compara el período convulso con el inmediatamente anterior al golpe de estado de 1936. Si Amnistía Internacional y otros organismos internacionales siguen denunciando la práctica de la tortura y la intimidación, es que estamos ante un problema que nunca se fue.

Que se lo pregunten a José Morales, ciudadano uruguayo afincado en Lanzarote que fue deportado en junio de 2012. Se le acusó de provocar altercados frente a la sede del Partido Popular en Arrecife, donde se realizó una protesta contra las prospecciones petrolíferas. En el vídeo de la protesta podemos ver que no hay ningún acto punible que imputar a los manifestantes. Si vemos el otro vídeo, lo que sí podemos observar es la actitud provocadora de los militantes del PP que van saliendo de la sede. Lo cierto es que José Morales y seis manifestantes más fueron acusados de alterar el orden público, sin identificaciones de por medio, lo que les extrañó sobremanera. Meses después, José Morales fue detenido en Tenerife y deportado a Uruguay sin oportunidad de pasar por su casa, de despedirse de su hija o de arreglar algún trámite. Directamente deportado desde Tenerife a Uruguay, vía Madrid. Morales sigue a día de hoy en el país sudamericano.

En la otra punta del Archipiélago, Pedro Pérez conocido como ‘Pedro el Gasio’ fue denunciado por los aguatenientes de La Palma por decir en su programa que La Palma estaba dominada por caciques y por denunciar repetidamente el monopolio del agua. Los Rosendos (Rosendo Luis Cáceres y Rosendo Luis Brito), no solo denunciaron a Pedro, sino a siete personas más, entre ellos al dueño de Radio Murión. Desde esta radio del Valle de Aridane se venía criticando el dominio que tienen sobre este preciado bien la familia de los Rosendos, monopolio que ejercen generación tras generación y que ahoga al pequeño agricultor. Radio Murión estuvo luego cerca del cierre, por culpa del manido concurso de licencias radiofónicas del Gobierno de Canarias.

En el Cine Víctor de Tenerife tenía lugar el Congreso del Partido Popular en Tenerife. Fue una mañana de verano en la que un grupo de activistas protestaron contra los recortes, la precariedad y las prospecciones petrolíferas, ante el partido político valedor de todo ello. También debía haber una protesta de la guardia pretoriana del Partido Popular, porque delante del Cine Víctor habían casi tantos agentes de Policía como manifestantes. La pacífica protesta y los abucheos a Soria derivaron en carga policial tras el supuesto lanzamiento de un petardo. Varios heridos y dos detenidos, los dos miembros de Azarug. En comunicados posteriores de algunas organizaciones, como ANC, se criticó que los agentes estaban buscando justamente a los jóvenes independentistas. A los dos pibes los tuvieron en Comisaría durante horas sin ni siquiera ofrecerles agua e insultándolos continuamente.

¿Se imaginan alguien golpeada en una fiesta por portar una bandera canaria? Pues esto le sucedió a Dunia Ramos Medina en Agaete, durante la Fiesta de la Rama. Dunia en un momento de lo que debía ser un día de fiesta, se dio la vuelta y vio como un agente de la Policía Local le rompía la enseña. Al preguntarle por qué hacía eso, el agente le propinó un empujón que le produjo la rotura del peroné derecho. El supuesto delito de Dunia Ramos fue portar una bandera canaria cuando llegaban las autoridades, entre ellos el alcalde de Agaete Antonio Calcines, del Partido Popular. Calcines ya ha protagonizado varios actos parecidos por la presencia de un símbolo habitual en la Rama, pero que debe ser que no tolera. El agente de la Policía pudo ser identificado gracias a que otro facilitó los datos del agresor. El perito dedicado a temas de maltrato y tortura, Pau Pérez, dice que “los policías no se dedicarían a efectuar estas prácticas si en el ambiente no respiran una cierta impunidad”. Lo cierto es que no hay noticias de que el policía haya recibido ninguna sanción.

Los Estudiantes Pre-Parados no solo reciben golpes por parte de los agentes, también amenazas, hasta de muerte. Durante la celebración de una asamblea cerca de la parada de guaguas en la zona de la Escuela de Arte, varios miembros fueron vejados y amenazados por miembros de la UIP (Unidad de Intervención Policial). Los miembros de la Policía Nacional registraron y empujaron a los jóvenes, mientras proferían amenazas de muerte a los estudiantes y a sus familiares. Recordemos lo que decía Pau Pérez más arriba: “la tortura es física, pero juega más a amedrentar en el plano psicológico”. Cualquiera que sepa sumar sabe que por el acoso policial muchos activistas y estudiantes abandonan la movilización, por esa máxima de no buscar problemas.

Los agentes se contradicen

Guacimara Vera (a la derecha) delante de la Ciudad de la Justicia. Detrás una concentración en su apoyo. Fuente: Juan García Luján.
Guacimara Vera (a la derecha) delante de la Ciudad de la Justicia. Detrás una concentración en apoyo. Fuente: Juan García Luján.

Corría el 13 de septiembre de 2012. Los estudiantes acuden al acto de inauguración del curso académico 2012/2013, al que por cierto, estaban invitados. El recibimiento distó de ser cordial. A los alumnos se les prohibió el acceso, reitero que estaban invitados. La Universidad es mucho más de ellos que de políticos, empresarios y autoridades militares y eclesiásticas que poco o nada han visto una Universidad en su vida. Los jóvenes se colocaron delante de la entrada para protestar contra los recortes en Educación, la aplicación del Plan Bolonia y la mercantilización de una enseñanza cada vez más privada. Allí estaban algunos adalides de boquilla contra estos recortes, entre ellos José Miguel Pérez, consejero canario de Educación, pero no movió un dedo para defender que los estudiantes protestaran contra ellos. La cosa se fue caldeando hasta que llegaron las primeras cargas. Varios heridos, entre ellos uno de carácter grave por traumatismo cerebral a causa de los golpes (el joven de la foto que encabeza la entrada) y otra estudiante sufrió un esguince cervical. Guacimara Vera, una de las estudiantes concentradas ese día, recibió varios porrazos, entre ellos uno en la zona trasera, que le produjo una herida bastante visible.

Docentes, padres y alumnos denunciaron el exceso de fuerza. Algunos medios se hicieron eco, otros callaron y entre los profesores hubo algunos bastante oportunistas que recriminaron a los estudiantes. Todos se fueron a casa, pero la historia no acabaría en los porrazos recibidos para Guacimara. Un policía de considerable altura y se supone que portando el casco, le denunció por una agresión en la que supuestamente le rompió un diente. Guacimara Vera, para quien no la conozca es una muchacha de baja estatura. La conozco hace años y he compartido con ella mesa de debate y conversaciones varias. Nunca le he visto ningún tipo de actitud violenta, ningún atisbo de perder los papeles, incluso en las situaciones más tensas. Pero lo que yo diga no vale nada. Al juez tras ver el vídeo tampoco le convenció lo que veía: “yo ahí no veo nada”. Mientras tanto, los tres policías que hablaron por la acusación se contradecían. Para completar el relato apurado y desordenado de esta imputación, apareció el dentista. Eso sí, por videoconferencia y desde Cantabria, aunque el hombre dijo que cada tres meses venía a Canarias. Ante la falta de herida en el labio tras el presunto golpe, el dentista aseguró que “puede ser que tuviera la boca abierta”.

Los policías montaron una trama digna de culebrón que no se cree casi nadie, ni siquiera el juez. Pau Pérez señala que “muchos policías utilizan denuncias falsas de resistencia y atentado a la autoridad como estrategia disuasoria frente a denuncias de malos tratos”. Prosigue Pérez sentenciando que “no me cabe ninguna duda de que el Consejo General del Poder Judicial tiene perfecta constancia del uso de denuncias falsas de resistencia y atentado a la autoridad como estrategia disuasoria frente a las denuncias de malos tratos y de la tolerancia pasiva de muchos jueces por razones que no atisbo”. La Fiscalía sigue sin ver delito en el caso Guacimara, pero los policías siguen erre que erre. Ahora piden cuatro años de cárcel en vez de tres por otro nuevo delito de lesiones. El juez ha dado un mes de plazo para que se vuelva a celebrar una nueva vista, de un caso que se está convirtiendo en dantesco.

Es evidente que el caso de Guacimara Vera no es un hecho aislado. La represión, principalmente en el ámbito de los movimientos sociales, ha vivido un repunte importante en los últimos años en Canarias. Los verdugos que mataban en la Guerra y posguerra y los que practicaban la tortura en el Franquismo y posfranquismo, siguen vivos en la actualidad. Las caras son distintas y las formas han cambiado, pero las casi 7.000 denuncias en todo el Estado desde 2004, es solo la punta del iceberg de un ejercicio sistemático en plena supuesta democracia. Muchos apuntan que la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida popularmente como la Ley Mordaza, acentuará la criminalización de la protesta social. Algunos se creen que viven en una democracia plena, pero en este caso se evidencia el hecho de que, como dijera Rosa Luxemburgo, “quien no se mueve no siente las cadenas”.

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Reacciones
  • !Madero!es la fuerza policial
    !Madero!al servicio del capital
    !Madero!mercenario beligerante
    el perro de presa de la clase dominante.

    -Los chicos del MAIZ(Millo en canarias)

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