Semanario Crítico Canario
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El Síndrome de San Borondón

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Persona inquieta, natural de El Paso, Isla de La Palma. Versador, romanceador, miembro del grupo Achicatnas, activista social y cultural, amante del juego de palo y las tradiciones en general, estudiante de historia. Conductor de los programas de radio El Sirinoque y Frente a Frente, en la emisora Radio Murión. De ideas libertarias, políticamente busca la consecución de una Canarias Libre y justa socialmente, como medio para ayudar a mejorar este maltrecho mundo en el que vivimos.

Opinión

El Síndrome de San Borondón

Debemos coger el timón de nuestro insular país para cumplir con las necesarias determinaciones. Ese día ya no existirá el síndrome de San Borondón

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Al producirse la colonización de Canarias, los diferentes componentes existentes en la sociedad de las islas aportaron sus mitos, ideas y reflexiones de origen a la colectividad resultante, aunque no de manera homogénea. En el caso de los pobladores de origen europeo, nos encontramos con la llegada de una antigua leyenda que vincula Canarias con ancestrales mitos europeos de origen celta, luego cristianizados.

Se trata del conocido mito de San Borondón, que nos trae una supuesta isla canaria que aparece y desaparece, como Jasconius, la ballena de la historia. El santo irlandés San Brendan, Brandan, o Brendano, recorrió los mares en busca del paraíso perdido, en consonancia con el antiguo gusto céltico por los viajes. No sabemos de mano de quién llego exactamente, pero los testimonios de viajeros e insulares que se encontraron con la dichosa isla abundan en las páginas de nuestra historia. A tal punto llegó la historia que se fletaron expediciones con el objeto de encontrarla.

Recordar la existencia de una isla como Aprósitus, La Encubierta, conviene en nuestros días. Y digo que conviene precisamente porque ya no hablamos solo de una isla que aparece y desaparece. En los días que corren hablamos de un archipiélago que posee dicha cualidad: el nuestro. Incluso se esfuma para las propias personas que viven dentro de sus insulares fronteras, algo que supera cualquier leyenda.

Bromas aparte, es un hecho habitual la inexistencia de Canarias en el marco del Estado Español, más allá de los consabidos tópicos playeros y vacacionales. Es un hecho notorio que en los noticiarios y medios estatales en general, Canarias aparece como un lejano recuerdo, como una resaca de carnavales pasados. No hay integración dentro de ese marco, en el que no estamos por voluntad propia, para rematar la mitología actual que nos ocupa. No importa que aquí existan casos de corrupción enormes y superiores en muchas ocasiones a los que nos bombardean desde las Españas, o que padezcamos problemas más enconados en ciertos rincones de nuestra sociedad.

No importa absolutamente nada, porque las personas de Canarias ya tienen una oportunidad de oro para salir en toda clase de shows denigrantes, estilo gran hermano y demás porquerías. O para quedar en el grupo de los amigos exóticos a recordar. Al margen de generalizaciones hilarantes, es perentoria la inexistencia de Canarias para la dimensión colectiva española, a pocas personas conscientes de aquí, e incluso de allá, se les escapa.

Pero la vuelta de tuerca más chirriante es aquella que sale de las propias islas, porque si bien es lógico debido a la distancia, cultura diferenciada, orígenes dispares y demás, que no exista Canarias en el imaginario español, lo que es absolutamente disparatado es que exista en las islas una mirada que excluya, ampliamente, todo lo que tenga que ver con esta tierra a cualquiera de los niveles que estudiemos. Es lo que denomino el síndrome de San Borondón.

El considerarse muchas veces como un elemento provinciano, de segunda clase, que no puede alcanzar los logros de Madrid o esas ciudades donde la gente es tan asentada y no padece las idas y venidas del sanborondonismo inestable, les hace renunciar a cualquier aportación seria al mundo desde aquí, apostando por aportar al mundo desde el mundo, entendiendo que Canarias no forma parte del mismo.

Resultarán apasionantes los procesos políticos ajenos, si es posible aquellos que estén situados a miles de kilómetros, sitios en los que encontrar Mesías y causas que apoyar. Si son en el inestable San Borondón archipielágico, es mejor dejarlos aparte o sumarse cuando se haga visible algo, quizás generalmente olvidarlos a base de fiesta y cañas. Eso de meterse a cambiar las cosas en el sitio en el que se vive, ocasiona enemistades, problemas personales y perder el estatus de gente “coolchachiprogrefashion”, del que gozan muchos amigos de todo lo que “supera” la canariedad.

Se trata de cambiar para que nada cambie, porque si más allá de la pose y las palabras radicales no existe una verdadera acción en el lugar que se habita, el cambio no existirá  realmente. Pablo Iglesias no nos va a liberar de las diferentes lacras que padecemos en forma de importadores, aguatenientes, caciques locales y demás. Ojalá estos tristes indígenas desamparados en las inestables islas borondonianas, abandonen algún día ese gatopardismo colonial.

Incluso para personas que no padecen ese complejo y desapego total por el lugar en que se habita, también existe el complejo de San Borondón. Y digo que existe porque el hecho insular, con sus diferentes problemáticas, solamente se hace visible en determinadas ocasiones para luego desaparecer en los mares a la espera de un Pedro Vello que vuelva a encontrárselo. Luchas como las del petróleo, o la de Tindaya, parecieron y parecen una reivindicación pancanaria, pero a la hora de la verdad vemos como quedan arrinconadas al nivel de tantas y tantas luchas localizadas en comarcas concretas, que pasan desapercibidas en el marasmo de la invisible existencia isleña. No en vano vemos como existe una disgregación casi total, una comarcalización y una jerarquía de los problemas, en base a que isla, zona o intereses sean los que son tocados.

Se hace necesario replantearse si la invisibilidad de Canarias conviene a la hora de construir una sociedad más justa. Es necesario reforzar el lazo entre todas las islas, agrupar todas las causas, hacerlas visibles y expandirlas no solamente por nuestra tierra, sino por cualquier sitio del mundo en el que puedan apoyarnos contra la barbarie.

Es conveniente aislar y denunciar políticamente a los partidos y grupos de poder que usaron y usan la canariedad de manera absolutamente indigna, al servicio de oscuros intereses de las oligarquías dominantes. Recuperemos una canariedad visible, fresca, digna y que si es interpretada políticamente lo sea de la manera más seria, con el objeto de garantizar la supervivencia de las nuevas generaciones en nuestra tierra, que es tan parte del mundo como cualquier otra.

Ya está bien de asumir nuestra incapacidad o inexistencia. Muy al contrario, debemos coger el timón de nuestro insular país para cumplir con las necesarias determinaciones. Ese día ya no existirá el síndrome de San Borondón, porque si queremos desaparecer o tomar otros rumbos, no será porque creamos que nuestra casa vale menos que la de los demás, sino porque estaremos convencidos de que es una casa hermosa, a la que albear, airear y tener digna al servicio de los que nacen cada día, asegurando el futuro de este país.

 

Estas islas tan hermosas
dormidas sin un despierta
a veces desaparecen
se vuelven tierra desierta

Y es que ellas no existen
para gentes de otros lares
y aquí nuestra inexistencia

la bebemos en los bares

Ser invisible no cuenta
solo cuenta la intención
pero aquí caló bien fuerte
huir cual San Borondón

Y esta huida es bien cruel
nos tilda de tontería
y luego se esconde fiera
con ropas de progresía

Ya lo dije el otro día
esto esconde un mal cinismo
se visten de universal
y en falso universalismo

Y es que es triste mis paisanos
en mis islas agachadas
que existiendo tantas luchas
se encuentren tan disgregadas

Pero eso no dura siempre
tengamos pronta paciencia
corren vientos ahora nuevos
y vendrá la coherencia

Para terminar les digo
síndrome San Borondón
se terminará en el día
que agarremos el timón

 

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