Semanario Crítico Canario
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Los nombres canarios, una reflexión necesariaFoto: Aníbal Martel para Cislanderus (cislanderus.com)

Este artículo lo publica

(Las Palmas, 1983). Licenciado en Historia y docente. Apasionado de la historia y etnografía canaria fue Asesor histórico en los cortometrajes de ‘Ansite’ y 'Mah' de Armando Ravelo. Guionista y asesor del documental etnográfico 'Juego del Garrote Canario. El rescate de un legado' dirigido por Jusay Mahamud. Estudiante de idiomas, actualmente está realizando el doctorado sobre historia y socio-lingüística en Canarias.

Opinión
  • Publicado el 17 de septiembre de 2016
  • por

Los nombres canarios, una reflexión necesaria

La progresiva caída en desuso de nuestra antroponimia nos muestra un síntoma más de un problema más general en relación a nuestra autoestima e identidad como pueblo

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Me contaba mi amigo Tanausú que para alquilar un apartamento en el sur de la isla debía evitar dar su nombre. Mi amigo Óscar me revelaba cómo su padre, a pesar de ser un amante de la cultura canaria, decidió no bautizarle con nombre guanche para evitar los prejuicios sociales. Otros conocidos me comentaban, sin despeinarse, que a sus hijos nombres guanches no les van a poner ya que es propio de gente de barrio. Sin olvidar nunca el señor que me confesó, con terrible normalidad, que para él los nombres guanches eran propio de animales.

¿Cómo y por qué hemos llegado a esto?
No todos los países cuentan con un patrimonio de nombres propios y mucho menos habitual es que cuenten con una antroponimia tan rica como la canaria. Paradójicamente, fue a causa del tráfico de esclavos canarios que se registraron amplias listas de nombres propios de nuestros antepasados amazighes. Todo un patrimonio que, como otros rasgos de nuestra identidad, es tristemente desdeñado.

Una victoria de la sociedad canaria
La recuperación de nuestros nombres propios, denominados popularmente como ‘nombres guanches’, constituye un logro escasamente conocido y valorado de la sociedad canaria. Aunque existe algún precedente excepcional con anterioridad, no es hasta los años setenta que se ponen los primeros nombres guanches. En esos momentos, instituciones religiosas y civiles se mostraron durante años reacias a bautizar y registrarlos. Posteriormente, los toleraron a condición de adjuntar un antropónimo cristiano.

Ejercer el derecho de poner un nombre canario a nuestros chinijos no fue un regalo. El trabajo de militantes que recopilaron nombres, distribuyeron listas entre padres y constituyeron gabinetes de abogados para asesorar a estos nunca ha sido justamente reconocidos. En esta meritoria labor no podemos dejar de nombrar a pioneros de este despertar cultural como Hermógenes Afonso de la Cruz ‘Hupalupa’ que jugó un papel destacado en esta labor sabiendo entender en su momento la importancia de la misma. Todo ello facilitado por el contexto político y cultural del momento en que nuestro pueblo salía de una dictadura centralista y albergaba sed de identidad.

Fue una victoria. Miles de niños recibimos la bendición de portar estos nombres propios que nos vinculaba con nuestra tierra y nuestros antepasados. Este fenómeno reflejó un despertar canario que nuestra sociedad demandaba, sentía. La importancia del fenómeno no era baladí ya que la extensión de la antroponimia propia de un pueblo es un marcador de identidad de reconocida importancia.

Fue precisamente durante la década de los años ochenta del siglo pasado que se registró el mayor número de nombres guanches. Para los niños el más habitual fue Yeray y para las niñas Yurena, junto a los más habituales; Jonay, Rayco, Guacimara, Yaiza y Nayra, preciosos nombres que volvieron a la vida siglos después.

Algunos creen que se trató sólo de una moda, pero en absoluto. No fue ninguna tendencia o moda marcada desde telenovelas o películas extranjeras sino un impulso de nuestra propia gente. Fue ejercer una libertad que antes no se disfrutaba, fue proclamarse canario sin complejos.

Retroceso
Desgraciadamente, tras este despertar de canariedad los isleños volvimos a encandilarnos con los espejitos fuereños. Así, durante los años noventa, comenzó el lento declive del interés por nuestra identidad ya secuestrada por cierto engendro político “nacionalista” que aún padecemos en nuestras instituciones. Volvimos a mirar a las telenovelas y perder nuestra propia identidad con nombres como Jonathan, Kevin, Lady, Íker o Jennifer, Héctor, Aitor… Además de los mayoritarios hispanos Carlos, Sara, Javier, Laura, Pablo, Irene, Adrián, Claudia, Mario, Marta y Lucía. Más recientemente destacan Paula, Mateo, Gabriel o Alexia.

En el 2015, según la Estadística de Nacimientos del Instituto Nacional de Estadística (INE) los más elegidos para los 8.196 chinijos y 7.965 chinijas nacidos en el país fueron Hugo, Lucía, Martina, Sofía, Pablo, Daniel, Alejandro, Valentina, Daniela y Diego.

Todos ellos, por supuesto, nombres muy respetables y bonitos pero resulta triste que con el rico legado de nombres propios isleños, que tanta personalidad nos pueden aportar, no hagamos un mayor uso y promoción de los mismos.

Desprecio hacia nuestros nombres
La tendencia no sólo ha continuado, sino que ha venido acompañada de un bochornoso desprestigio hacia nuestros antropónimos. Lo que debería ser un patrimonio inmaterial mimado por nuestras instituciones y del que nuestra sociedad se sintiera orgulloso, se ha convertido en todo lo contrario, incluso en objeto de prejuicios sociales.

Para muchos, portar un nombre canario es sinónimo de estrato social bajo e incluso de delincuente en potencia. ¿Acaso no hay quiénes se llamen David, Carlos, Miguel, María, o Borja que pueden reunir estos requisitos? ¿Acaso no hay canarios que son un ejemplo social y portan nuestros nombres propios? ¿No se esconderá en el fondo un simple rechazo hacia lo canario en sí mismo?

La triste constatación de este fenómeno es que, en general, ni siquiera esos padres actuales que portan un nombre isleño están transmitiendo otro nombre canario a sus descendientes.

Afortunadamente, aún hay padres conscientes que siguen con la tradición o deciden poner por primera vez en su familia un nombre de los nuestros. En los gustos por los nombres cortos también nuestros nombres pueden cumplir perfectamente y es por lo que seguramente los nombres indígenas más difundidos en la actualidad son Aday, Gara, Airam y Ancor.

Quisiera llamar a la reflexión de nuestros lectores sobre este asunto y la relación que guarda con nuestro compromiso social con nuestra cultura e identidad. Pero sobre todo felicitar y reconocer a todos aquellos padres que han tenido la conciencia y determinación de apostar por nuestro patrimonio antroponímico, por nuestra identidad.

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Este artículo lo publica

(Las Palmas, 1983). Licenciado en Historia y docente. Apasionado de la historia y etnografía canaria fue Asesor histórico en los cortometrajes de ‘Ansite’ y 'Mah' de Armando Ravelo. Guionista y asesor del documental etnográfico 'Juego del Garrote Canario. El rescate de un legado' dirigido por Jusay Mahamud. Estudiante de idiomas, actualmente está realizando el doctorado sobre historia y socio-lingüística en Canarias.

Reacciones
  • Mi más sincero recuerdo a uno de esos raros precedentes:
    Guetón Rodríguez-Figueroa Melo , hijo del diputado, abogado, poeta y escritor Luis Rodríguez Figueroa, Guetón nació en 1906 en el Puerto de la Cruz. La vivienda familiar ubicada en una gran casa de la calle La Parra fue saqueada por las milicias franquistas tras el golpe militar. Tras estudiar Derecho en Francia, Guetón volvió a La Laguna en la primavera de 1936, mostrando gran activismo político y social. Militó en las Juventudes Socialistas Unificadas. Fue el principal defensor y organizador de la presencia de deportistas que representarían a Tenerife en la Olimpiada Popular de Barcelona. Fusilado por los fascistas españoles en 1936

  • Que buena lectura, y que gran y buen mensaje de fondo, este pueblo que desprecia su pasado o lo ignora, pe o siempre queda personas anónimas, que en un momento determinado por nos recuerda y nos da esperanza de sentir el orgullo de portar un nombre, llevar un pedazo de historia de nuestros antepasado.

    • Muchas gracias Bentor. Se trata de un ejemplo más de desdén hacia nuestro patrimonio, en este caso lingüístico, tan arraigado en Canarias. Un amplio caudal de estudios e investigaciones desde hace siglos (Alvarez Rixo, George Glass, Berthelot, D. Wölfel, Alvarez Delgado, Ignacio Reyes,…) no parecen haber servido de mucho en la revalorización de este legado. Una pena.

  • Sólo un comentario, seguramente superficial, que no debe interpretarse en contra del artículo, entre otros motivos porque yo también noto mucho complejo en algunas situaciones y personas.

    Yo tengo a mis hijos en edad escolar, y además practican deporte, por lo que uno maneja contacto diario con padres y madres y sus hijos.

    Precisamente, si algo noto es que es muy habitual el uso de nombres canarios en l@s niñ@s canarios. Otra cosa es si las familias creen o no en ellos, si es debido a modas, o si aprecian ese motivo cultural en el uso de esos nombres.

    En todo caso, debe haber libertad de elección. Tan negativo es que alguien pueda sentir vergüenza por llevar un nombre canario, como que tenga que dar explicaciones por no poner uno a su hijo.
    El respeto a lo nuestro no debe implicar obligaciones.
    Seguro que estamos de acuerdo.

    Un abrazo

    • Hola Drm,

      En ningún vericueto del artículo propongo obligación alguna, es más dejo claro que muchos nombres internacionales o hispánicos son preciosos. En mi opinión, no se trata siquiera de que todos los chinijos de las Islas deban llevar forzosamente un antropónimo del país, sino de que se valore este patrimonio y opción en su justa medida, que nadie sea prejuzgado y ridiculizado por ello. Que se lleven con respeto y prestigio porque es lo justo ya que se trata de un legado cultural excepcional. Lo de pedir explicaciones y obligaciones al respecto se lo dejamos a aquellos que lo han hecho durante más de cinco siglos.

      Por último, discrepo en el hecho de que los nombres canarios sean muy usados. Las encuestas están ahí, es matemáticas. Ni un sólo nombre canario está en el ranking de los más usados, y sí algún nombre vasco e inglés…

      Un saludo

  • Mis hijos Mararía, Haridian y Artemi tienen muñecos con nombres canarios… y muchas veces eso es motivo de mofa ¿alguien me lo podría explicar? Nunca lo entenderé…
    Gracias por este artículo, muy interesante.
    Saludos!

    • Ahí está el quid de la cuestión. La falta de prestigio de nuestra cultura nos ha llevado a estos extremos y a esa reflexión llamo. Gracias Yaiza y aprovecho para felicitarte por esos bellos nombres de tus hijos.

  • En casa tenemos varios hijos y más nietos con nombres de origen amazigh (amazigue), es decir, nombres aborígenes canarios. Incluso, varios de esos nombres son de la época de la Dictadura, a pesar de la ley que los prohibía, pero que pudieron colar por diferentes vicisitudes. Todos ellos han triunfado en sus trabajos, de lo cual estamos muy orgullosos. Los padres que temen ponerle nombre aborigen canario a sus hij@s deben sufrir mucho en la vida por su timidez. Un saludo.

    • Gracias por el apunte Artemir. Somos muchos los que portamos nombres canarios y no estamos ni en la cárcel ni somos delincuentes, incluso muchos han conseguido grandes logros y son todo un ejemplo para nuestra sociedad. No se cómo aún tenemos que cargar con ciertos clichés que son totalmente falsos, es más, estoy seguro de que la mayor parte de delincuentes de estas islas no portan ningún nombre guanche.

  • “… estoy seguro de que la mayor parte de delincuentes de estas islas no portan ningún nombre guanche”. Yo también lo creo; pero no solo nombres guanches (natural de Tenerife), sino tampoco de nombres aborígenes de Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera, La Palma o El Hierro. En este caso no es necesario insistir en la existencia de La Gaciosa, la 8ª Isla, pues se hallaba deshabitada y carece de patronímicos aborígenes propios. Un cordial saludo.

    • Ya que nos podemos a dar lecciones aprovecho para hacer yo lo propio. La denominación ‘guanche’ por extensión a todos nuestros indígenas existe, no sólo desde hace varios siglos, sino que es reconocida en esta acepción en la mismísima RAE. Si, yo lo empleo conscientemente de manera ambivalente. No obstante, siempre será mejor que emplear términos tan inapropiados y ofensivos para la realidad canaria como ‘aborígen’. Ni nuestros indígenas surgieron en las Islas -como bien explica José Farrujia- ni fueron exterminados tras la conquista. Por suerte, esa anacrónica denominación no sólo es cada vez más rechazada en Canarias sino en países tan lejanos como Australia donde la propia población originaria la considera ofensiva.

  • Me ha encantado esta publicación, Agradezco el tiempo que has dedicado en ofrecérnoslo.

    Me bautizaron Víctor y llevo años tratando de cambiarme el nombre por el de Ayoze y no paran de ponerme inconvenientes.

    Realizo estudios sobre las transferencias culturales de nuestros antepasados Amazighes y las aplico a la escultura, pues me licencié en Bellas Artes y es esta técnica mi especialidad.

    Es una lástima no solo el desconocimiento generalizado, sino la falta de interés. Que la gente no sepa que La fiesta de la rama en Agaete es muy similar a un rito de Maguadas para llamar a Achuhucaina y haga llover, da una imagen penosa de el poco valor que le damos a nuestra identidad.
    Sin embargo, creo que la culpa está en la educación, no se puede esperar mucho mas, cuando en el colegio solo me enseñaron que nos conquistaron y que por aquí pasó Colón.
    Vivimos los canarios alienados con la idea de que lo que proviene de fuera es mejor, y se debe a que se oculta nuestra historia

  • Rumen, acabo de releer mi último comentario y entiendo a qué se refiere cuando piensa que intenté hablar ex cáthedra. Nada más lejos de mi intención. Simplemente, a veces reproduzco un párrafo con el fin de abreviar el comentario y evitar que se confunda la referencia. Le ruego me excuse. Suelo utilizar el término aborigen como sinónimo autóctono, nativo y otros. Ni lo veo como algo vejatorio. No me preocupa lo que opina la RAE ni su rodillo, el DRAE, que olvidó el gentilicio “grancanario/a” durante más de doscientos años, y nos costó dios y ayuda de algunos catedráticos grancanarios de la universidad de La Laguna y otros profesores ejercientes en Gran Canaria para que se reconociera la existencia de nuestro gentilicio junto al resto de los demás gentilicios canarios. En fin, un cordial saludo.

    • Está usted en todo su derecho, como yo, en usar los términos que considere oportuno, no es mi intención polemizar más allá de lo necesario. Entiendo que casi todos aquellos que emplean el anacronismo ‘aborigen’ lo hacen sin intención de ofender, faltaría más, pero no está de más recordar los hechos objetivos.

      Por otra parte, no seré yo quien defienda una institución como la RAE, pero sí que constituye el referente regulador de nuestro idioma -al menos escrito- aunque no nos guste, es por ello por lo que quizás debería preocuparnos un poco más su rodillo. Como usted dice, no sólo el problema lo hemos tenido con gentilicios sino con la amplia riqueza de nuestro léxico isleño no reconocido por dicha institución, en fin, ese sería otro debate.

      En definitiva, gracias por participar y por su amabilidad Artemir.

      Un saludo

  • Estimado Rumen. Tienes toda la razón del mundo ..pero te falto decir que también los mayores, no sólo nuestros hijos, pueden llevar nombres Magos, se pueden cambiar en el Juzgsfo, yo ya lo hice.
    Thenesort

  • A decir verdad, Rumen, no recuerdo ningún otro gentilicio insular obviado por el DRAE, y es precisamente “la amplia riqueza de nuestro léxico isleño no reconocido por dicha institución” lo que me induce a despreocuparme de la RAE, que sí respeta a las Academias latinoamericanas por su peso específico, en tanto que menosprecia a la canaria. Mi crítica no se refiere, como es natural, a las normas ortográficas, si bien las intuyo mejorables y más clarificadoras. Un saludo

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