• Yo usé el alquiler vacacional

  • Publicado el 4 de Agosto de 2017
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    Yo me acuso. Lo hice en algunas capitales europeas pero sobre todo lo hice y lo hago en mi ciudad natal, en Las Palmas de Gran Canaria. A este último caso me referiré especialmente pero antes diré que tampoco el resto de las ocasiones me dediqué a “degradar” la vida de los habitantes de la ciudad en cuestión o monté “escandaleras” de ningún tipo, como denuncia el diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, quien demuestra en este caso cierta tendencia a no apreciar los matices. Me limité a contratar un servicio a través de una plataforma online, pagando un precio razonable a un particular, una vez detraída la comisión pertinente de la empresa que gestiona la plataforma. Saludé a los vecinos, que no parecían exigirme usar la escalera de servicio, saqué la basura a la hora convenida y no puse ningún aparato electrónico a un volumen insoportable en ningún momento. Así soy yo.

    Formo parte del gremio de la enseñanza, el cual, para la mayoría de los mortales está pagado por encima de lo merecido y tiene más vacaciones de las que debería, al contrario que futbolistas, toreros y participantes de programas rosa que, ésos sí, se merecen todo y más por el bien que hacen a la sociedad. Digo esto porque gozo de dos meses de vacaciones, aunque uno sea de prestado. Mi astronómico sueldo me impide alquilar un apartamento por dos meses a precio de mercado a un touroperador, de ésos que se llevan la parte del león inmediatamente fuera de Canarias, o a un establecimiento hotelero al uso, de ésos propiedad de cadenas que se llevan la parte del león inmediatamente fuera de Canarias. Si quiero pasar las vacaciones en mi ciudad, molestando lo justo a la familia, he de recurrir al alquiler vacacional, a la economía colaborativa. A mí me gustan los hoteles pero no puedo permitírmelos. No por dos meses. Pero, ¡vaya si me gustaría quedarme todas las vacaciones en uno de esos hoteles que te ponen las toallas en forma de cisne sobre la cama cada día!

    Pago una cantidad estimable pero no inalcanzable, que ahorro durante todo el año, a una familia que alquila un piso suficiente para mis necesidades y se lleva la parte del león no precisamente fuera de Canarias. Desconozco si declaran esas cantidades -creo que deberían hacerlo, desde luego- pero mentiría si dijera que me siento mal o que me apena el que los touroperadores pierdan margen de ganancia o se vean obligados a desinflar, aunque sea un poquito, la burbuja de precios hoteleros. Allá en Europa apenas notarán mi humilde aportación a sus fortunas. Siempre habrá otras colonias que saquear. El que mi dinero se quede en Canarias, en una familia de clase media, no cambiará el mundo pero dejará algo más en el país. ¡Ah, la clase media, ese lugar soñado al que mi familia nunca llegó! La recuerdo bien, a la clase media, digo, calculando sus inversiones, alquilando sus apartamentos en time-sharing a empresas extranjeras por una renta para que se los dejaran un mes al año. ¡Cuánta gente mandó así a sus hijos a estudiar a La Laguna! Claro que entonces no lo llamaban alquiler vacacional. Debe ser que cuando se benefician sobre todo turistas y empresas interpuestas hay que ponerle otro nombre.

    Por cierto, también hago la compra en la tienda de aceite y vinagre de la esquina o, como mucho, en el supermercado de capital canario del barrio, procurando siempre consumir producto local, del país. Y cuando, echando cuentas, puedo ir a un restaurante, soy generoso, doy propina. No creo que el barrio tenga en mí un peligroso enemigo, honestamente. La identidad del barrio está a salvo conmigo. Tampoco aspiro a que me pongan una calle, como a Juan Padrón. Sé que ahora mismo, en mitad de la noche, mientras escribo este artículo, hay más viviendas de alquiler vacacional en este edificio y en otros de la zona. Sé, no soy ingenuo, que está imposible alquilar para uso residencial en la zona pero, por más que aguzo el oído, no oigo escandalera alguna. Sólo la gente del barrio grita a la salida de un bingo cercano. Es la clase obrera buscando atajos para llegar a clase media, ésa que se puede ir de vacaciones.

  • Edmundo Ventura
    Edmundo Ventura es, por ventura, muchos Mundos en uno solo. O, si se quiere, otro Mundo de los muchos mundos que somos las personas. Se dedica a escribir sin tapujos. Se le ha visto en compañía de su alter ego, Josemi Martín, frecuentando malas compañías, a altas horas y en lugares poco recomendables. Mientras éste guarda las apariencias y quiere pasar por formal y recto, aquél se muestra descarnado e imperfecto como es. Dicen que tanto viento lo desarbola pero sabe mantener la dirección. Tiene, como su tocayo el Conde, sed de justicia. Creyó en aquél que dijo que sería saciado.
    comentarios
    1. Sergio S. dice:

      Como en todo, la herramienta no es mala «per sé». Hay muchos temas sobe la mesa. Por un lado, el uso que haga de ella el usuario, en lo que hay poco que criticar en tu caso. Pero hay otros temas.

      Dejando todo en manos del mercado, en un espacio donde la demanda supera a la oferta, por lógica mercantil los precios del bien suben. Siendo más rentable el alquiler vacacional que el residencial, cada vez serán más las viviendas dedicadas al turismo y menos a la residencia. Si la demanda es capaz de absorber este aumenta de oferta, no hace falta tener mucha imaginación para llegar a ver las consecuencias para la configuración del barrio.

      También es obvio que no es lo mismo que una familia alquile su casa las semanas o meses que está de vacaciones, que una empresa se dedique a comprar vivienda en una zona y alquilarla, esquivando la legislación a la que están sujetos otros negocios de alojamiento. Esto unido al punto anterior, es una bomba explosiva

    2. Sergio S. dice:

      Que los visitantes tengan un buen comportamiento, es lo mínimo exigible a los «consumidores». Que se adapten a las costumbres y usos locales, fomenten el comercio local y entiendan que mientras ellos están haciendo un uso recreativo de la ciudad, muchos otros hacen un uso vital de la misma, es lo deseable. Pero eso no quita que este tipo de turismo, como otros, tenga que tener un control y no termine comiéndose a la gallina de los huevos de oro.

      Y no se trata de regular y limitar este para que el otro, el controlado por corporaciones y tour operadores pueda campar a sus anchas. Se trata de tener un plan integral, de pensar qué modelo turístico queremos, de ser conscientes del impacto que este tendrá en las vidas de los residentes locales.

      Si el turismo hotelero era la Gran Armada de la invasión turística, con el alquiler turístico descontrolado a esa armada se le ha unido los comandos para hacer guerra de guerrillas. Y mientras los milicianos sin saber ni como defenderse.

      • No pretendía despachar un problema tan complejo con una visión unilateral del problema, pues precisamente eso es lo que quiero criticar. Abundan los argumentos negativos que dibujan al usuario del alquiler vacacional como un ser abyecto, que deja tras de sí un rastro de caos y confusión, casi criminal. Así sucede en la entrevista a Pedro Quevedo pero no es el único caso. Abunda también el traer ejemplos de aquí y allá que poca relación guardan con nuestra realidad canaria a veces. Me niego a que nos comparen con Barcelona y Venecia, disculpen. Por eso, por contrarrestar, quise traer aquí unos cuantos ejemplos sacados de mi experiencia, por supuesto verídicos. Y además creo que se pueden, por complementar el debate, traer algunos más. ¿O no podría propiciar el alquiler vacacional una relación diferente, más enriquecedora, entre turistas y nativos, por poner sólo un ejemplo? Como nativo usuario del alquiler vacacional, una categoría a tener en cuenta, exijo un debate más serio y profundo, que huya del maniqueísmo que tanto abunda. Saludos.

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    El pensar Canarias, el sentirse parte de esta realidad y reflexionarla, es buscar la felicidad. José Miguel Perera, docente
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