Semanario Crítico Canario
La niebla y la doncella

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Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

La Gaveta
  • Publicado el 12 de septiembre de 2017
  • por

La niebla y la doncella

A lo mejor les suena Lorenzo Silva. Es un escritor que ha ganado cierta popularidad tras ganar el premio Nadal en 2000 y también en buena parte gracias a una serie de novelas policiacas protagonizadas por una pareja de guardias civiles, los agentes Bevilacqua y Chamorro.

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Publicado originalmente el 5 de mayo de 2010

A lo mejor les suena Lorenzo Silva. Es un escritor que ha ganado cierta popularidad tras ganar el premio Nadal en 2000 y también en buena parte gracias a una serie de novelas policiacas protagonizadas por una pareja de guardias civiles, los agentes Bevilacqua y Chamorro.

Hace unos meses me leí la tercera de la serie, La niebla y la doncella, que me pasó una amiga vasca pensando que la encontraría especialmente interesante por algo más que la mera intriga policial: la novela está ambientada en Canarias.

En la red encontrarán varias reseñas literarias sobre la entretenida obra, de modo que no me extenderé. De lo que quiero hablarles es del minucioso y concienzudo trabajo de investigación y ambientación que llevó a cabo el autor para plasmar con toda fidelidad y riqueza de matices el marco en el que se desarrolla la acción, y que no es otro que la isla de La Gomera. Extraigo algunos ejemplos del propio texto:

Los canarios y el ritmo de trabajo

página. 80: […] Lo que más intensamente marcaba la diferencia era quizá el suave y cansino acento con que hablaba la gente, y sobre todo el ritmo al que se vivía y se trabajaba. Hubimos de aguardar fácilmente media hora, antes de que nos fuera dado ver en la mesa el primer plato de comida.

p. 81: -¿Son siempre así de lentos? -preguntó, inquieta, o quizá concentrando en esa cuestión un malestar ajeno a la parsimonia del camarero.

-No -repuso Anglada, sonriente-. Esto es Santa Cruz, donde actúan los camareros más rápidos de las islas. En La Palma son aún más lentos. Y en La Gomera ni te lo imaginas. Llegan a olvidarse de ti, como te descuides.

p. 165: […] Llegaron nuestras cañas. Chamorro me lo hizo notar, señalándose el reloj: quince minutos después de haberlas pedido.

p. 174: La comida nos salió barata y nos permitió saborear productos locales, siguiendo el consejo de Anglada, a quien el dueño del local conocía y trataba con gran deferencia. No llevó la atención, sin embargo, hasta el extremo de darse más prisa en servirnos de lo que allí era costumbre, por lo que el almuerzo nos ocupó casi dos horas […]

p. 205: […] de modo que escogimos tomar algo de pescado y beber cerveza. Como ya era habitual, tuvimos que esperar muchísimo.

Los canarios y el habla

p. 150: Pulsamos el timbre que había junto a la cancela exterior […] Una mujer surgió en el umbral.

-¿Qué desean? -preguntó, con fuerte acento isleño.

-Queremos hablar con el señor Gómez Padilla -dije-. ¿Está?

p. 151: […] apareció ante nosotros un hombre alto, al que conocía. Por fotografías, sólo, pero me bastó para identificarlo. [El ex concejal] Gómez Padilla nos observó, inmóvil, durante unos segundos. Luego, sin prisa, como quien acomete a su pesar, pero resignado, un deber molesto, echó a andar hacia nosotros. […]

-No les conozco -dijo al fin. En su habla había sólo un leve deje insular.

p. 176: Además, los correveidiles son iguales en todas partes. Aquéllos (sic) hablaban con el característico deje insular, y tenía un algo insólito que le dieran jabón, con la solicitud y falta de amor propio propias de su gremio, a una mujer como Anglada, que los trataba sin contemplaciones; pero ahí acababan sus peculiaridades.

De todos ellos recuerdo en especial a un tal Machaquito, un tipejo parcialmente desdentado cuyas respuestas, en buena medida, hubo de traducirme Anglada, del castellano pastoso en que el individuo daba en expresarse […]

[Machaquito] –Cliente, y de los primos, na más -sentenció-. […]

p. 177: [Machaquito] -Que no, doña Ru, que yo se lo digo a usía na más […].

[Machaquito] -Aquí no es la SIA, doña Ru. Yo sé lo que sé. Que a mí no me debía. Y del que le dio jierro, pues sé lo que todos […].

p. 195: -Voy a explicarte algo, Anglada, para ver si me entiendes. Yo nací en el mismo continente que esa mujer [Latinoamérica]

-Yo no sabía -se disculpó-. No tienes ningún acento.

Impresiones y apreciaciones varias

p. 31: -Muy bien, Vila -concluyó Pereira-. Ahí tienes tu toro, y a tu banderillera preferida. Sólo espero que te concentres en el bicho y que rehuyas la tentación. Quince días en Canarias son una ocasión inmejorable para perder el control con una chica joven […].

p. 175: Confieso que me halagaba un poco, notar que aquella mujer se preocupaba tanto por lo que yo pudiera pensar de ella; y que no ser capaz de distinguir si su voluntad de caerme bien tenía o no algún propósito extraprofesional, lejos de inquietarme, constituía una atractiva tentación. Pero supe reaccionar, al menos en aquel lance, como el caballero castellano de una pieza que por obvias razones nunca podré ser.

p. 213: […] Sin embargo, cuando Nava nos acompañó a Anglada y a mí hasta el coche, me reiteró sus excusas:

-Oye, perdona el número. Demasiado vino palmero. Aquí intentan convencerte de que es la hostia, pero a mí no me sienta muy bien.

p. 220: […] Comenzaba a habituarme al paisaje de la parte seca de la isla, a sus montes y desfiladeros de aspereza africana. Porque aquella isla acaso fuera en cierto modo ninguna parte, sólo idéntica a sí misma; pero si había que vincularla a algún continente, estábamos en África.

Resumiendo: los canarios somos exasperantemente lentos, desde luego cuando trabajamos. Tenemos un fuerte acento isleño, que se nota con sólo dos palabras: “qué desea”. Algunos llegamos a hablar un castellano pastoso que hay que traducir para que se entienda, algo que no se da, claro está, en las clases altas de la sociedad canaria, que sólo tienen un “leve deje insular”. Seguramente se lo podemos perdonar. Eso sí, la gente en la España central habla sin acento.

Canarias no es una parte de España a la que se puede ir en viaje de trabajo, Canarias y trabajo dan la impresión de ser conceptos mutuamente excluyentes, Canarias es un lugar propicio para los líos sentimentales. Menos mal que los caballeros castellanos son de una pieza y no sucumben a la tentación. Eso sí, por mucho que los canarios apreciemos nuestros vinos, el vino palmero es peleón, ¡que no nos intenten engodar!

Para terminar, Canarias está en África y parece África. Por si hay algún despistado. Añado de mi cosecha que entre todos los agentes de la guardia civil que aparecen en la novela sirviendo en Canarias, unos cuantos, no hay ni un sólo canario.

En fin, a estas alturas creo que se entiende a dónde quiero llegar. La novela, cuya valía literaria no es objeto de este artículo, se me atravesó malamente por la retahíla de estereotipos facilones, trasnochados y en ocasiones hirientes que el autor fue colocando aquí y allá para darle color a su texto. Todo en el peor estilo castellanocentrista, el único capaz de aludir en serio a la integridad del caballero castellano (¡!), o de asumir con toda candidez que los que hablan español con acento son los otros, o de ver en Canarias simplemente un lugar exótico de esparcimiento. Ya explicábamos en otra ocasión que la idea de España y lo español excluye completamente Canarias y lo canario, cosa perfectamente lógica y normal. Esta novela viene a corroborar aquella tesis nuestra.

Me pregunto qué acogida tendría una novela policiaca contemporánea de autor canario que se desarrollara en la España central, en la que se soltaran perlas como “se dirigió a mí con ese acento característico, seco y poco amistoso, de Castilla”, “mi compañera hubo de traducirme aquel castellano duro y atropellado” o “de nuevo tuvimos que vérnoslas con la habitual displicencia y sempiterna descortesía de los camareros”. ¿Se vería como las simples pinceladas de color necesarias para crear el trasfondo de la acción? ¿Causaría malestar? ¿Sería eso victimismo?

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Intérprete de conferencias en las instituciones europeas. Licenciado en traducción e interpretación por la ULPGC; estudios de posgrado en filología finougria y Máster europeo en interpretación por la Universidad de Turku, Finlandia. Iván Vega Mendoza (Iván Suomi) nació en Gran Canaria y se crió entre el barrio capitalino de La Isleta y el pueblo de Las Lagunetas, en el municipio de San Mateo. Ha estudiado y residido en varios países europeos, con estancias más o menos largas en Finlandia, Alemania y Bélgica. Interesado en todo lo que conforma la visión e interpretación canaria del mundo y apasionado de las actividades en naturaleza. De esos que no destacan en la parranda, pero que siempre están.

Reacciones
  • Pues sí, rezuma estereotipos como el de la lentitud y el consiguiente aplatanamiento. Desde la visión castellanocentrista a la que aludes está claro a quién se le entiende y quién no, quién tiene fuerte acento y quién habla el castellano “neutro”. Por cierto: tierras lejanas pobladas por hombres que trabajan a cinco velocidades menos y que viven a “suave ritmo”, con marcado acento y cuya estancia se presta poco a la labor pero sí al folleteo: cierta visión colonialista, ¿no creen? (además de clasista, ya que los hombres de clase alta tienen sólo un “leve deje insular” y no un duro acento isleño).
    Ya que lo citas, no sé en qué época está ambientada la novela, pero hasta épocas no muy lejanas los guardias civiles (y funcionarios en general) eran peninsulares en su práctica totalidad.
    Respecto a la novela ficiticia del autor canario que comentas, y siguiendo el estilo de Lorenzo Silva, pongo mi granito de arena: hola, ¿qué tal? dijo con un fuerte acento neutro…

  • Iván…te digo lo que pasaría si un autor canario fuese tan ´´concienzudo´´ en su investigación sobre costumbres/habla peninsular… si la novela llegase a bestseller saldría en portada de algún periódico de gran tirada con el título ´´Los canarios son racistas´´ y el artículo se lamentaría de estos pobres africanitos, poco agradecidos de haberlos sacado de la penumbra en la que vivían antes de la conquista. Y si abren el foro para comentarios ni te digo…
    Hace 2-3 años participé, con educación y sin faltarle el respeto a nadie, en uno donde decían cosas denigrantes sobre los canarios.
    Un peninsular ´´muy amablemente´´ me ordenó que me callase y me volviese a mi cueva, que durante la conquista de las islas todas las mujeres habían sido violadas y que por tanto éramos todos bastardos y ni sabíamos quiénes eran nuestros antepasados.
    Así está el patio…
    Me (perdón por la palabra) revienta que incluso en esta novela Lorenzo Silva dé a entender que el que tiene un fuerte acento isleño se debe a que es un analfabeto de clase baja.
    Y lo de que somos poco trabajadores… lo que somos es más discretos; no hacemos aspavientos cuando destacamos en algo y no nos puede la vanidad. En cambio por otras tierras cualquier mediocre se pavonea de ´´logros´´ que no son tal, ni mucho menos.
    Madre mía, culturizar a todos estos paletos peninsulares va a ser un trabajo a tiempo completo para todos nosotros ¿Vale la pena?
    Un saludo.
    Yurena (Yurenita en Frontera Canaria)

  • Pues sí Yurena, sería ipso-facto tachado de “nacionalista excluyente”, y todas las tertulias, programillas y columnistas del entramado mediático españolista sacarían artículos y reportajes del tipo: Canarias, ¿paraíso xenófobo? en los que en arduos reportajes de periodismo de investigación arrancarían desgarradores testimonios del tremendo acoso y las vejaciones diarias al que son sometidos ciudadanos españoles en el (última hora, africano archipiélago) canario por el único delito de tener un ejemplar “habla neutra”, y a los que se les da el calificativo de “godos” (como lo leen). Además, si en la Opinión o en la Provincia se enteran de que el autor del libro coincidió comprando el pan con algún miembro de Intersindical Canaria, podremos leer además algún artículo en el que se le relacione con el entorno de ETA, y, si la saga continúa, a lo mejor de haber chocado los dos aviones de Los Rodeos.

  • Hola, me he leído con interés este análisis, al que llego por casualidad.

    Sólo dos cosas:

    – He estado al menos en quince ocasiones en las islas, conozco con bastante profundidad las siete principales, que me he recorrido de punta a punta, y en todas ellas los camareros eran muuuucho más lentos que en Madrid, de donde vienen Vila y Chamorro. Quizá tuve mala suerte… Pero no es necesariamente un reproche, seguramente la velocidad madrileña no es buena.

    – Machaquito no habla pastoso por canario de clase baja, sino porque, como se indica, está desdentado. Y Gómez Padilla no habla con leve acento porque sea de clase alta, sino porque no ha vivido todo el tiempo en la isla. Por lo demás, la entonación canaria se nota con sólo dos palabras, al oído peninsular (hecho al tono seco y neutro). Y en ningún momento se dice que sea desagradable, o peor. De hecho a mí me resulta más grata que la de Zamora o León.

    ¿Y hay algo malo en el hecho de que en las islas se folle? ¿Es esto una página de alguna orden religiosa o algo así? ¿Y tenéis algo contra África? Si todos somos nietos de africanos…

    Un abrazo, y gracias por leerme
    Lorenzo Silva

  • Al contrario caballero, mucho de los lectores de esta página y sus creadores abogan por la normalización y la asunción del canario de su condición de pueblo africano, pues es un hecho inamovible y muchos se resisten a asumirlo con normalidad; a lo que creo que Iván se refería es referirse a que Canarias está en África como una especie de nota aclaratoria, pues se ha venido hablando en este espacio de la invisibilidad y el total desconocimiento de Canarias para el español medio.

    Lo del acento: existe en las islas un complejo de inferioridad con la variedad que se practica en Canarias en comparación con el castellano “neutro”, por el que se percibe que los canarios hablamos mal, no como los castellanos que hablan bien (en buena manera como consecuencia del sistema educativo recibido y de la fuerte presencia como “estándar” del último en los medios de comunicación, y cierto relego y adorno del segundo) y venía un poco a cuento, pues se ha discutido recientemente. Por otro lado, no creo que con esas dos palabras ¿qué desean?, el deje isleño se pueda calificar de “fuerte” y demás; aunque sí usted dice que le basta, pues no tengo más remedio que creerle.

    Lo de la lentitud, pues se relaciona con un topicazo muy manido: canarios aplatanados, de ahí que genere cierta exasperación (la misma que a sus dos “picoletos” tardar dos horas en comer); y lo de que se folle, pues no creo que nadie esté en contra de eso, pero, personalmente, me parece que se presente a Canarias como la perfecta perdición para un “caballero castellano” algo tonto, será que en Castilla la gente no folla o algo.

    En mi caso, debo aclararle que las conclusiones sacadas son a raíz del artículo de Iván, quizá leyendo el libro entero pudiera sacar otra conclusión…o no.

  • Quiero aclarar, con respecto a lo del habla (que creo que lo enfoqué mal releyendo mi último post) el que el sacar lo del acento, aparte de que estaba en consonancia con discusiones recientes en la página (dejando aparte la infravaloración de lo propio, que creo que no era lo que venía a cuento, pero para ponerle un poco al loro con lo que se cuece en Canarias sobre el tema) vendría porque podría darse cierta visión “castellanocentrista” (a la que alude Iván) tendiente a despreciar lo “periférico” (o directamente ultraperiférico en nuestro caso) y que pudiera acarrear la visión del acento canario como “provinciano” y por ello, más burdo y menos inteligible (parece no ser el caso de lo cual me alegro).
    P.D: Por suerte no se nombrar topicazos del habla como el buenas noyes muyayo, que es para cortarse las venas.

  • Icorbo,

    Como no has leído el libro, se te puede disculpar que no sepas que mi personaje no es caballero castellano, sino medio uruguayo, de ahí la ironía que hace al respecto (no le resulta tan disculpable el desliz al bloguero, que se supone que leyó el libro).

    Lo que no es disculpable es que lo llames tonto. Él no te ha faltado a ti.

    Pero bueno, parece que la susceptibilidad (de esto noto aquí, a raudales) se suele relacionar con la proclividad a ofender.

    No os lo toméis así. No con un godo que quiere a vuestra tierra.

    Abrazos

  • Gracias a todos por los comentarios, y gracias muy especialmente a Lorenzo por participar en el debate. Disculpen que haya tardado tanto en participar yo.

    Antes de nada, sí quiero dejar una cosa muy clara, y es que no creo en absoluto que Lorenzo haya pretendido con su novela ni dar una imagen determinada (la que sea) de Canarias, ni ofender, ni mucho menos despreciar nada ni a nadie. De ninguna manera.

    Lo que sí creo es que en su novela refleja inconscientemente la visión estereotipada que se puede tener en lugares de España sobre un lugar alejado y desconocido.

    Por ejemplo, en la cuestión del habla:

    Es cierto que Machaquito está desdentado, y eso indudablemente afectará a su forma de hablar. Pero claro, a mí las frases “na más”, “aquí no es la SIA” o “darle jierro” no me sugieren a un personaje desdentado, me sugieren a cualquier canario normal y corriente. Yo sin ir más lejos digo “na más”, digo “SIA” y también he dicho “jierro” o “jaser” más de cuatro veces. Por tanto, no puedo evitar verme reflejado.

    De todas formas, el caso de Machaquito no es lo que más me llamó la atención. Veamos el contraste que hay entre la mujer que abre la puerta de la casa, con un fuerte acento isleño (se podría hablar del por qué de esa información, pero no me quiero desviar) y el ex concejal Gómez Padilla, que sólo tiene un leve deje insular. La explicación es que pasó tiempo fuera de las islas.
    O sea, que cuando un canario deja el archipiélago un tiempo, pierde su forma de hablar, la transforma de tal manera que incluso cuando vuelve a las islas, no la recupera más allá de un leve deje. Conserva y trae consigo el habla del lugar al que se marchó, me imagino, luego una vez regresado a Canarias, ya no habla como un canario, su estancia fuera le dejó huella permanente en el habla.

    Al revés, sin embargo, no pasa. Si alguien se muda, pongamos por caso, de la España central a Canarias, su habla no cambia, permanece igual, no se pierde el acento castellano, como sí se pierde el canario.
    En la novela los guardias son de la España continental y muchos llevan años en Canarias (uno por ejemplo lleva 20 años de servicio en las islas y es casi de alma canaria), y sin embargo no se hace referencia ninguna al modo de hablar de ellos, supongo que porque siguen hablando igual, no se les pegó nada del habla local (seguro que habría llamado la atención de la pareja de investigadores). La permeabilidad lingüística es de sentido único.

    Esto se trasluce también en el comentario de Anglada cuando Bevilacqua le dice que él es de origen latinoamericano: no tienes ningún acento.
    Es decir, un canario (o un andaluz, o un uruguayo, o un chileno) habla con acento. Un madrileño, habla. A secas. Él no tiene acento, los del acento son los otros, los de las peculiaridades son los demás, él habla normal. El acento castellano no es tal, un acento como otro cualquiera. Es neutro. Centro-periferia.

    Todo esto que explico, desde una perspectiva madrileña, puede parecer susceptibilidad excesiva, y lo entiendo. Es lógico.
    Desde una perspectiva canaria, la cosa se ve y se percibe de manera muy distinta.

    Luego está la cuestión del trabajo:

    No seré yo quien niegue que en muchas cosas los canarios tenemos una concepción propia del tiempo. Lo normal, puesto que nuestras culturas son distintas.
    Pero no acepto en absoluto esa supuesta lentitud nuestra en el trabajo. No cuando veo cómo mi padre, y tantos otros, se partieron las espalda literalmente trabajando durante 40 años. Igual que en otros lugares, no menos. No cuando hay infinidad de profesionales canarios que hace años que ejercemos nuestra profesión en el extranjero y competimos en igualdad de condiciones con profesionales de diversos países. Después de residir en lugares diferentes, sé perfectamente cómo trabajan los camareros de Las Palmas, Hermigua, Pinto, Terrassa, Bruselas, Jyväskylä o Nuremberg. Ni yo ni mis amigos peninsulares y extranjeros hemos visto mayor diferencia.
    Desde mi perspectiva, esa alusión a la cachaza canaria tiene un inconfundible tufillo al famoso “canarios aplatanados” de cuando éramos colonia, una impresión que no creo que deba sorprender. De nuevo, la diferencia de perspectiva.

    En cuanto a lo de África, me debo de haber explicado muy mal. Lo que quería decir es que es evidente y notorio que Canarias no sólo está en África, sino que es África. Y por tanto, los canarios somos africanos. Con toda la herencia europea que se quiera, que la tenemos y es muy nuestra, pero africanos, igual que lo pueden ser los sudafricanos blancos. Por su herencia europea, digo.

    Total, insisto en que no creo lo más mínimo que Lorenzo haya pretendido ni caricaturizar ni ridiculizar ni nada parecido. Lo que pienso es que ha trasladado una visión muy estereotipada de Canarias, que es la que tiene muchísima gente en España. Es lógico que a mí como canario no me guste esa visión, que la rechace y que cada vez que me la encuentro intente cambiarla, dentro de mis posibilidades por supuesto. En ese sentido valoro muchísimo que se haya generado este debate, que puede servir para acercar posturas y visibilizar la perpectiva que de las cosas tenemos quienes nos interesamos por todo lo que tiene que ver con Canarias.

    Un abrazo para allá también

  • Aclaro, no estoy llamando tonto al personaje, pues no he leído el libro: me refiero a “quince días en Canarias son una ocasión inmejorable para perder el control con una chica joven” y me dice usted “¿hay algo malo en el hecho de que en las islas se folle?” yo lo que he pretendido exponer es que, malo que se folle, claro que no (bueno estaría), pero presentar a Canarias como el perfecto lugar para la perdición me parecía “algo tonto” como quien dice “una bobería”, a lo que añado “será que en Castilla la gente no folla o algo”, (dije Castilla por lo de caballero castellano que leo, pero no por nada en concreto, podía haber dicho cualquier otro sitio).
    Me alegra que quiera usted a Canarias, gracias por contestarme, un saludo.

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