Semanario Crítico Canario
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El Macromuelle de Agaete: un problema muchísimo más amplio (II)

Este artículo lo publica

Pleiomeris surge como un espacio necesario de pensamiento geográfico canario fundamentado. Un lugar abierto que pretende ser crítico en estos tiempos en los que la Geografía, como ciencia que estudia el territorio, el paisaje y los seres y sociedades que en él habitan, ha quedado obviada y relegada conscientemente a un segundo plano por unos, mientras es totalmente desconocida por otros. Pleiomeris no es más que el género del reino vegetal que acoge a una sola especie única en el mundo: Pleiomeris canariensis, comúnmente conocido como Delfino. Este árbol “raro” del Monteverde canario sólo crece en riscos, andenes y márgenes escarpados de laderas. De esta forma pretendemos alumbrar nosotros el pensamiento geográfico crítico: desde los márgenes impuestos y con Canarias como único centro desde el que irradiar conocimiento.

Opinión

El Macromuelle de Agaete: un problema muchísimo más amplio (II)

Segunda parte de una serie de tres reportajes sobre el Macromuelle de Agaete

Los fundamentos de nuestra economía y la relación con el Macromuelle de Agaete

Aquí tenemos en parte el meollo del asunto, y es el PGO de un pueblo como Agaete. Agaete, municipio de 5.558 habitantes, está enclavado en el noroeste de la isla de Gran Canaria. Una de las cosas que caracteriza a este municipio es la belleza singular que posee, con vistas a los pastos de Pico Viento, al Valle de Agaete, a la Reserva Natural de Tamadaba, a la cola de dragón que forman los macizos que hay entre Agaete y La Aldea y, finalmente al Atlántico, en donde, en días despejados y con buena visibilidad, se puede disfrutar de una puesta de sol espectacular con Tenerife y El Teide al fondo. Por si fuera poco, en la zona costera del municipio, que va desde el casco hasta el Puerto de Las Nieves, su urbanismo está muy bien cuidado, al estilo de Lanzarote, con pequeñas casitas blancas que contrastan con el agreste del territorio volcánico a su alrededor.

Para los caciques, estos son motivos objetivos que justifican un mayor grado constructivo de la zona –es su negocio- y un aumento exponencial de la población en un lugar que hoy es un remanso de paz. Todo ello al mismo tiempo que hay miles de viviendas vacías, y una política de vivienda dirigida no a la satisfacción de las necesidades del canario, sino dirigida a la política especulativa de los caciques constructores, cuya única forma de ganar dinero es sacando grandes plusvalías gracias a tres factores principales que anteriormente mentábamos:

1) Control de la propiedad del suelo a través de la herencia. La acumulación originaria de esta masiva propiedad del suelo viene motivada principalmente por dos factores; en primer lugar la expropiación del territorio a sus habitantes originarios, que acabaron recluidos en los altos de los municipios del Norte y en buena parte del Oeste de Gran Canaria y, en segundo lugar, de las diferentes desamortizaciones del Siglo XIX que acrecentaron el poder caciquil en términos territoriales a costa de la expropiación a la iglesia. Grandes caciques de esta época en Agaete son, por ejemplo, los Armas.

2) Control de los resortes de la débil democracia canaria financiando a los partidos que luego trabajan para ellos y legislan a su favor. La Ley del Suelo es el paradigma de esta situación, una ley hecha a puerta cerrada entre cuatro abogados afines a Clavijo, Coalición Canaria, y la oligarquía blocófila, con un desprecio total a palabras como democracia y consenso, imponiendo con el apoyo de partidos como el Partido Popular, Agrupación Socialista Gomera y en un principio del Partido Socialista, esta auténtica burrada, mientras en países como el País Vasco se toman años en poder aprobar una Ley del Territorio –fíjense la diferencia ya en su nombre-, ya que en ella intervienen todos los actores sociales y las negociaciones son muy duras para aprobarla. Pero nosotros todavía no hemos llegado a ese punto, y mientras no espabilemos la situación está complicada.

Aquí juega también un punto importante, la educación. Los bajos niveles educativos de un pueblo adoctrinado hasta la extenuación, inculturizado y aculturizado, hace que muchos desconfíen de los que les demuestran la realidad con datos, quedándose con la palabrería barata del poder. Esta actitud es propia de un modelo educativo conductivista, que promueve que el ciudadano sea un ser pasivo que recibe conocimientos que son la verdad y punto, aprendiendo conductas enseñadas por otros a través de la repetición y memorización de contenidos –sean o no falsos-, en lugar de promover un modelo educativo cognitivo, que busque la reflexión personal a través del pensamiento crítico para precisamente determinar si nos están mintiendo, o no estamos de acuerdo con algo.

Como decía nuestro Manuel Alemán, autor de la obra magna Psicología del hombre canario: “La conciencia crítica no brota por un impulso automático, es fruto de un proceso educativo”. Esperemos que estas palabras de un canario tan grande como este, reverbere en el interior de mucha de nuestra gente para que exija educación pública, digna y de calidad y no se deje engañar nunca más y no nos ocurra como al pobre Simeón de la fábula de ‘El pescador’ de Pedro Lezcano.

3) Finalmente, y gracias a los dos anteriores puntos, pueden jugar a conciencia con los trabajadores que, con necesidades que atender en la familia, aceptan cualquier cosa que les ofrezcan. Manteniendo eso sí cifras altas de desempleo, lo que propicia bajos sueldos y la posibilidad de obligar a los trabajadores a hacer horas extras sin cobrar bajo la amenaza de despido, o el aumento de las cargas de trabajo a límites de extenuación como está sucediendo, entre otros casos, con el colectivo de las camareras de piso en el que muchos conocemos casos de mujeres que noche tras noche, para mitigar los dolores que produce esa carga de trabajo, toman drogas legales y recetadas por el médico –medicamentos- para poder ir al día siguiente a sus puestos de trabajo y poder llevar un sueldo a casa. Aprovecharse de la necesidad de las personas de esta forma es infame e inhumano. Casos como el de Miguel Ángel Ramírez, que mientras juega al monopoly con su equipo de fútbol se permite el lujo de mantener meses sin cobrar a sus trabajadores más humildes, que cumplen con su parte del contrato, dan buena cuenta del grado de inmoralidad a la que llega esta clase dominante que desprecia la vida humana. Hace poco me llegaba una anécdota a mis oídos protagonizada por uno de estos analfabetos funcionales que se creen salvadores de la humanidad. En ella, uno de los representantes de esta jet set decrépita le decía en un avión a un conocido “que si iba a viajar atrás, con las maletas”, refiriéndose a los pasajeros de clase turista. Este es el nivel que muestra esta bajeza humana a la que no le importa matar de hambre o proyectar sus propios complejos de incapaces a todo un pueblo. Los canarios y las canarias cuando hemos salido de este ambiente tóxico que provocan las clases dominantes, hemos brillado con MILES de casos. ¿Pero ustedes caciques, cuándo han brillado, bárbaros acomplejados?

Siguiendo el sentido que el vasco-español Miguel de Unamuno quería dar con el discurso anterior, desterrado en Fuerteventura, por cierto, ustedes seguirán venciendo, pero no convenciendo, porque el pueblo ya no les escucha y tiene la mosca detrás de la oreja constantemente. Ustedes nos despistan mediante un sistema mediático y educativo adoctrinador, que nos niega nuestra memoria para que no sepamos explicarnos. Pero el pueblo sólo está esperando a que se le transmita orgullo y no complejos.

Perdonen esta digresión, pero es básica para entender lo que va a venir en la siguiente entrega…

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Pleiomeris surge como un espacio necesario de pensamiento geográfico canario fundamentado. Un lugar abierto que pretende ser crítico en estos tiempos en los que la Geografía, como ciencia que estudia el territorio, el paisaje y los seres y sociedades que en él habitan, ha quedado obviada y relegada conscientemente a un segundo plano por unos, mientras es totalmente desconocida por otros. Pleiomeris no es más que el género del reino vegetal que acoge a una sola especie única en el mundo: Pleiomeris canariensis, comúnmente conocido como Delfino. Este árbol “raro” del Monteverde canario sólo crece en riscos, andenes y márgenes escarpados de laderas. De esta forma pretendemos alumbrar nosotros el pensamiento geográfico crítico: desde los márgenes impuestos y con Canarias como único centro desde el que irradiar conocimiento.

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