Semanario Crítico Canario
La Casa Amarilla, el color de la suerteFoto: Pablo Díaz Cobiella

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Curiosa social empedernida a tiempo completo. A veces hace de socióloga y otras, menos de lo que le gustaría, de realizadora.

Entrevistas

La Casa Amarilla, el color de la suerte

El amarillo es el color de la suerte, también es el color de la casa en la que se desarrolla un proyecto agroecológico en Las Ledas, isla de La Palma. Viajan a bordo tres tripulantes: Kesiá, Roberto y Luismi, que con motivo de su cuarto aniversario se han sentado en la huerta con nosotras para respondernos sobre los misterios que encierra esta nave que pilotan hacia un mundo mejor

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PREGUNTA: Para poder preparar esta entrevista, husmeamos en las redes sociales y encontramos a La Casa Amarilla asociada a Asociación Mareando, ¿Quién es quién en esta familia? ¿Son la misma cosa?

RESPUESTA: Se podría decir que actualmente la Casa Amarilla es el motor de la Asociación Mareando o viceversa. La Asociación Sociocultural Mareando se constituye en el año 2007 en La Palma con la finalidad de desarrollar acciones integradoras, educativas, formativas y socioculturales. Estuvimos unos años de alquiler en un local de Santa Cruz de La Palma donde desarrollábamos una propuesta cultural y social con diferentes actividades. Después de cuatro años de dinamización sociocultural, cerramos las puertas de este espacio y empezamos a indagar en otras posibilidades que dieran respuesta a nuestras inquietudes. Encontramos la Casa Amarilla en el barrio de Las Ledas y buscamos a su propietaria. Decidimos presentar un proyecto de trabajo y desarrollo local y tras un largo periodo de reuniones conjuntas y aspectos legales, la iniciativa fue aprobada y formalizamos un convenio de colaboración con la Fundación  que tutela a las herederas de este inmueble. Así es como desde la Asociación Mareando decidimos ampliar los fines de nuestros estatutos incorporando, además de la dinamización sociocultural, una programación para el fomento de la agricultura ecológica, la concienciación medioambiental y el desarrollo sostenible en el medio rural. La Asociación Sociocultural Mareando actualmente focaliza el trabajo en la Casa Amarilla, pero también actúa como entidad promotora o colaboradora en otros proyectos.

P: Ahora que ya tenemos los nombres y los apellidos, dígannos ¿Qué es lo que hacen ustedes en esta casa?

R: Entre estas paredes surgen a diario muchas más cosas de las que ideamos o fueron planificadas hace cuatro años, eso seguro… Jajaja

En este espacio, llevamos a cabo el proyecto “Espacio Sociocultural y agrícola Casa Amarilla”. Estamos rehabilitando una vivienda que se encontraba en estado de abandono y hemos puesto en marcha un programa temporalizado en siete años prorrogable, de mejoras de la vivienda, actividades socioculturales  y aprovechamiento del terreno agrícola.

El motor de este proyecto lo  fundamentamos  principalmente en tres objetivos generales, que son: crear puestos de trabajo en el medio rural, relacionados con la agroecología y el desarrollo social y cultural; mostrar a la ciudadanía un modelo de desarrollo productivo sostenible en los aspectos energético, económico para el fomento del consumo local; y dinamizar el entorno a través de acciones formativas e integradoras en los principios de mejora social que proponemos.

Y en base a estos objetivos, que se interrelacionan entre sí, vamos planificando nuestra programación y actividades, que también se construye y transforma a diario, con las personas que colaboran en el proyecto o se acercan con nuevas propuestas para desarrollar en este espacio. En este sentido contarte que el proyecto cuenta con la posibilidad de colaborar en régimen de voluntariado con convivencia en la casa, y que animamos a cualquier persona a participar de este modo.

P: Todo tiene su inevitable por qué… Así que ¿por qué hacen lo que hacen?

R: Bueno… A veces nos surge esta pregunta que nos formulas… y curiosamente estamos convencidas de lo que hacemos. Por supuesto, también somos conscientes de la dificultad que conlleva la puesta en marcha de una iniciativa cualquiera en esta isla que habitamos. El proyecto que estamos desarrollando, es para nosotras una acción transformadora desde lo local y abarca el ámbito social, cultural y ambiental. En esta relación tridimensional trabajamos para intentar construir en colectivo unas condiciones de vida dignas.

Este proyecto es una decisión, una forma de vida y de posicionarnos en la sociedad. Después de dar vueltas dentro y fuera de nosotras mismas, éste es el modelo de desarrollo personal y laboral que hemos elegido hasta el momento. Es un aprendizaje diario de gestión y de nuevas formas de trabajo en las distintas extensiones del proyecto.

Nos gustaría aportar en este apartado que, desde que abrimos las puertas de esta casa nos hemos enfrentado a muchas dificultades, falta de recursos para avanzar con el proyecto y otros conflictos que van implícitos en las relaciones humanas. Pero con todo y con nada,  descubrimos que además del individualismo que la sociedad impone, también existe la necesidad del trabajo comunitario, de confluir en un espacio y de potenciar las relaciones sociales. A la casa amarilla se acercan constantemente personas con curiosidad, con nuevas inquietudes, con ganas de colaborar colectivamente en una idea y es así como nos vamos sosteniendo y avanzando hacia  nuevas sinergias e intercambios con otros proyectos dentro y fuera de la isla.

En definitiva, hacemos lo que hacemos porque queremos contribuir a un modelo de desarrollo local real  y sostenible, por la necesidad de empoderarnos como sujetos transformadores, por sentido común y porque la actividad diaria en colectivo, es un continuo aprendizaje que nos expulsa de la zona de confort.  Parece que todo esto nos motiva, e incluso, lo pasamos bien…

Foto: Elmar Geissler

P: Otra pregunta que nos hacemos es, ¿cómo llegan ustedes a esta casa? ¿los trajo el azar o fue el destino?

R: Más que el azar o el destino, fue una especie de flechazo. Y nos impulsó la inquietud de ampliar los horizontes de la Asociación Mareando, ya que además de nuestra intención de continuar con la gestión sociocultural, queríamos trabajar la tierra.

La mejor fórmula que pensamos para nuestra iniciativa era la de rehabilitar una vivienda abandonada y en desuso… y hay tantas en la isla, que la idea de recuperar un espacio se nos convierte en compromiso.  Entonces supimos que la Casa Amarilla contaba con un terreno aledaño con potencial agrícola y seguimos con las averiguaciones. Fue una mezcla entre ilusión, riesgo, necesidad y locura.

Ahora sabemos que al menos éste, era un destino para la Casa Amarilla.

P: Con esas propietarias que no son ustedes, ¿Qué tipo de relación tienen para poder habitar y dinamizar este espacio?

R: Con las propietarias y las gestoras de la Fundación que las tutela, la relación actualmente es excelente y fluida. Les alegra que hayamos rescatado la casa y la finca y que estemos realizando este proyecto en su terreno. Nos visitan cada cierto tiempo y nos mantenemos comunicadas  para mostrar las mejoras y objetivos que vamos logrando. Están sorprendidas de los cambios alcanzados durante estos cuatro años. Nosotras también lo estamos, sobre todo cuando ojeamos las fotos de los primeros días…

P: Esta morada del barrio de Las Ledas tiene sus vecinas, ¿están integradas en el barrio? ¿vienen las paisanas del barrio a comprar productos ecológicos, disfrutar de las actividades, tomar el café…? ¿Quiénes suelen ser las que más la visitan?

R: Han pasado cuatro años desde que empezamos a trabajar en la rehabilitación de la casa amarilla,  éramos gente nueva y Las Ledas es un barrio rural, así que teníamos todas las papeletas para sufrir una integración lenta e incluso rechazo por parte del vecindario. Han pasado los años y “hemos resistido”, por cierto tarea nada fácil, pero así son los sitios pequeños, aquí y en otros pueblos del mundo…  Ahora podemos decir que se acercan algunas vecinas y vecinos, preguntan, se informan, saludan cuando pasan por delante… Digamos que hemos liberado ya algunas fronteras humanas y la Casa Amarilla vuelve a recobrar vida en el barrio. Aún así seguimos insistiendo en el valor de lo comunitario, que para nosotras tiene mucho sentido.

Centrándonos en tu pregunta, cada vez son más las personas que visitan la Casa, y con el paso del tiempo ya se acerca mucha gente local, personas que llegan a la isla a pasar largas temporadas o turistas que quieren curiosear un poco y que se interesan por el proyecto. También el hecho de contar con un punto de venta de verdura directa en la finca, que abrimos cada viernes al público, ha resultado ser un foco de atracción y lugar de encuentro.

P: Todos los sueños que están materializando en este lugar son pasos que exigen un fuerte compromiso y dedicación, pero ¿es rentable este proyecto? Dicho de otra manera, ¿pueden ustedes “vivir de esto”?

R: En primer lugar deberíamos definir qué es rentable. Si pensamos en términos al más puro estilo capitalista depredador o al actual modelo de neoliberalismo imperante… pues no es rentable. Pero si nos referimos al lado más humano, más social, más consciente y comprometido con el modelo económico y social que estamos cultivando, cuidando y alimentando pues sí, la respuesta será que este proyecto no sólo es rentable sino que “es la leche”… ¿Y si podemos vivir de ésto? Para nosotras actualmente “vivir de esto” es poder hacer frente a las necesidades económicas básicas, tener calidad de vida diaria, una organización del trabajo no jerárquica y más democrática… Un modelo que nos permita pararnos a decidir cómo queremos vivir.

Actualmente el sustento económico del proyecto es principalmente la producción agrícola,  sabemos que es un camino pedregoso y complejo, pero lo cierto es que trabajamos para lograr unas condiciones económicas cada vez más dignas. De la agricultura (sin empresas intermediarias) se puede vivir.

P: Ustedes curran con la guataca “agroecológica”, una palabra que escuchamos mucho, pero que mucha gente en Canarias no alcanza a entender, ¿pueden arrojarnos un poco de luz sobre el asunto y decirnos en palabras para todos los públicos de qué se trata?

R: Pues no es fácil, Agroecología es una palabra muy grande, y además sufre esa tendencia a verse vaciada de contenido a través de los discursos políticos oficiales, como ocurre por ejemplo con el término Sostenibilidad. Desde nuestro punto de vista la Agroecología es la práctica de la agricultura desde y para el equilibrio ecológico, y a su vez el entendimiento del medio natural en cohabitación con la agricultura como fenómeno humano. Digamos que ecologismo y agricultura han de ser dos hermanas inseparables allí donde la antropización se manifieste. Esta construcción de la Agroecología debe poseer a su vez cimientos de equidad social, justicia laboral, salud, humanismo y oposición al sistema económico actual. Esto resumiendo mucho, claro.

P: En alguna entrevista las hemos escuchado plantear la necesidad de fomentar la economía social en La Palma. ¿Qué entienden por economía social y cómo de viable es en La Palma? ¿Facilitan las instituciones palmeras vías y canales para favorecer estas economías alternativas?

R: Otra cuestión difícil de sintetizar. Pongamos que sería aquella economía en que prime el bienestar de las personas por encima del beneficio económico privado. Claro, dicho así nadie presentaría oposición a iniciativas económicas de este tipo, pero es que ello lleva aparejado cambios en el sistema laboral, en el concepto mayoritario de empresa, en el modelo de consumo e incluso en nuestra estructura mental como clase trabajadora. De ahí que el desarrollo de una economía social en contraposición con el modelo económico capitalista no sólo lucha contra ese gigante, sino que tiene que partir de un profundo cambio de conciencia individual y colectiva. En una isla pequeña como La Palma, la economía social puede ir tan lejos como nos propongamos, pero eso ocurre en todas las evoluciones colectivas, el techo debe ponerlo el pueblo. De las instituciones no esperamos nada, el cambio no está en ellas.

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P: Me confieso. Tengo una alergia hacia la palabra emprendeduría, sobre todo cuando está pronunciada con los discursos que giran en torno a los méritos y capacidades “individuales” a la hora de desarrollar proyectos empresariales. Donde el peso del éxito o el fracaso de los proyectos recae en el individuo, como si los condicionantes sociales, culturales, ambientales y económicas no existieran. No sé si comparten síntomas conmigo, ¿los comparten o se declaran entusiastas del marketing emprendedor?

R: Somos entusiastas de muchas cosas, pero ni el marketing ni la emprendeduría en las formas en que usualmente se plantean son algo que ocupe nuestro tiempo, no seguimos esas dinámicas en cuanto a la organización de nuestro trabajo, digamos que lo hacemos a nuestro modo. Entendemos que el contexto condiciona el devenir de cualquier iniciativa, eso es lógico, pero tanto en las condiciones más propicias como en las más complicadas el motor debe ser el convencimiento y una buena estrategia, con esto último queremos decir que hay que saber en qué realidad estamos para que, de entrada, ésta no nos devore y para luego tratar de aplicar cambios. En el caso de la Casa Amarilla, los condicionantes externos han dificultado todo el proceso, esto ha avanzado por pura voluntad grupal.

P: Hablando de marketing, ¿En qué medios puede la gente informarse de las actividades y proyectos que llevan a cabo?

R: Quizá a veces adolezcamos de una buena difusión del proyecto, pero tampoco estamos replegadas en las cuevas. Para averiguar lo que está pasando en la Casa Amarilla, pueden acercarse directamente, encontrarnos en internet, escribirnos a mareandolapalma@hotmail.com, visitar  nuestro blog: asociacionsocioculturalmareando.wordpress.com y también en redes sociales como Facebook, casa amarilla asociación mareando.

Foto: Pablo Díaz Cobiella.

Las amarillas no se despiden sin recordar: “aunque la entrevista va dirigida a nosotras tres como principales gestoras, queremos resaltar que la casa amarilla existe y crece como consecuencia del trabajo y la participación activa de muchas personas que, de diversas formas enriquecen este proyecto. Que son impulso y fuerza”. Y yo me siento feliz porque en el cacho de tierra en el que nací existan espacios y personas donde y con las que podamos sentirnos un poco más libres.

*Entrevista realizada por Estrella Monterrey a las gestoras del proyecto Casa Amarilla en la isla de La Palma. Fotos: Pablo Díaz Cobiella y Elmar Geissler.

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