Semanario Crítico Canario
Padylla: Simplifica, que algo queda.
Hablemos de inmigraciónPadylla: Simplifica, que algo queda.

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

La Gaveta

Hablemos de inmigración

Publicado originalmente el 27 de diciembre de 2012

Digamos, para empezar, que no soy partidario de las simplificaciones y menos en un tema tan delicado como éste. Estamos hablando de la vida de mucha gente, de sus proyectos vitales, sueños y esperanzas pero también de situaciones dramáticas, frustraciones y desengaños que no pueden quedar ocultos bajo la insoportable levedad de la consigna. Esta convicción es la que me anima a escribir este modesto texto que, seguramente, no tendrá la profundidad que debiera pero que quizás no ande tan desencaminado. Hablar de inmigración en Canarias es hablar de muchas cosas a la vez y eso no hace sino añadir complejidad al asunto pero creo que, para entendernos, debemos acordar que abordar esta cuestión bajo los mismos parámetros que utilizaríamos en un territorio continental no puede llevarnos sino a un marasmo de superficialidades y vaguedades que no va a ayudar en nada a los propios inmigrantes, a los nuevos canarios ni tampoco a los antiguos.

Demasiadas veces se topa uno con un discurso que calificaré de “ingenuo bienintencionado” en el que se compara a Canarias con Venezuela, Argentina y otros países extensísimos y con densidades de población anecdóticas. Se apela, de paso, a los relatos familiares de padres y abuelos, queriendo comparar ambas situaciones, salvando época histórica y contextos, como si éstos no tuvieran relevancia alguna. Si uno cuestiona semejante proceder, automáticamente es tachado de insolidario, de no tener “memoria histórica” o cosas peores. Es un análisis de vuelo corto y bajo que tiene como principal virtud la de querer empatizar a toda costa con aquellas personas que abandonan su hogar en busca de un mejor porvenir. Loable pero errado y superficial. Nada dicen sus defensores acerca de cómo crecerían los servicios sociales en un contexto de libre inmigración, cómo se financiarían, qué políticas de integración serían necesarias, quién las pagaría, … Todo eso queda en el limbo de lo que no se piensa, lo cual es demasiado parecido a la irresponsabilidad. Del lado de acá, cantos a la bondad de los inmigrantes, a quienes se suele idealizar, y a la solidaridad eterna e infinita. ¿Cómo se podrá sostener esa solidaridad eterna e infinita en términos prácticos? Misterio. Todo lo más, se confía a un mejor reparto de los recursos existentes el bienestar de esa sociedad multiplicada y los hijos y nietos de los que ya están y los que vendrán. Dios proveerá.

Junto a este discurso “ingenuo bienintencionado”, vuela igual de bajo el “pseudouniversalista españolón”, que vendría a defender una política de puertas abiertas en las islas, basada en un etéreo concepto de solidaridad que no suele ir acompañado de una exigencia de responsabilidad para todas aquellas personas que llegarían a Canarias. Emparentado con el “pensamiento” neoprogre supercool, suele hundir sus raíces este planteamiento en lo que se ha dado llamar la “vulgata marxista”, un conjunto de creencias populares acerca de lo que se piensa que Marx escribió y que se aplicaría en todo momento histórico y lugar del orbe, quiera uno o no quiera. Paradójicamente, sus principales defensores suelen confiar al mercado la autorregulación de los flujos migratorios, que por lo visto no deben ser regulados por institución alguna. Es un discurso importado desde la central hasta la colonia y que no tiene en cuenta el lugar donde se ejecutaría, entre otras cosas porque eso importa poco. Lo mismo dan las despobladas provincias españolas que unas islas superpobladas en el noroeste africano. ¡Ancha es Castilla… y sus colonias! Igual el Tirol que Lampedusa. Lo del “análisis concreto de la realidad concreta” lo dejan para sus peleítas entre Cayo, Gaspar y cualquier otro que toque ahora, que a nadie le importa ni cómo se llame. Aquí lo que toca es rasgarse las vestiduras y darse golpes de pecho si el Gobierno, por arte de magia, acierta y se le ocurre una obviedad como que se priorice la contratación de desempleados ya inscritos en oficinas de empleo de las islas antes que importar mano de obra foránea. ¡Qué atentado contra el género humano! ¡Contratar yesistas desempleados residentes en Tacoronte, pudiendo importarlos desde Tomelloso!¿A qué clase de terribles asechanzas expondrán los “nacionaleros” (sic) canarios a los jubilados ingleses y alemanes, inmigrantes climáticos? De nuevo, cuestionar tal óptica supone arriesgarse a que uno sea tildado de racista, xenófobo, fascista o simpatizante de Coalición Canaria, que es lo peor de todo.

No conozco ningún país que no regule la inmigración. Incluso los países que abiertamente fomentan la misma, la regulan según sus propios criterios, léase Canadá, Emiratos Árabes Unidos y, por supuesto, los mismísimos Estados Unidos. También Cuba y Venezuela, por cierto. Seguramente la concreción legislativa de muchos de ellos es abiertamente criticable y para eso está la sociedad civil, para criticarla y proponer alternativas pero no por ello dejan de tener una legislación acorde a sus necesidades y su realidad y no las necesidades y realidad de otros. A veces olvidamos que una política inmigratoria digna de tal nombre debe buscar el éxito del proyecto migratorio, del propio inmigrante, al que no se puede usar y tirar como una colilla y después abandonar para que emigre a otro país a recomenzar su historia de lucha y sacrificio hasta la extenuación. Los nacionales, también los canarios, somos responsables de que la inmigración sea un fenómeno ordenado y procurar que éste salga bien, para que esos inmigrantes se queden entre nosotros. Y sus hijos y nietos, si quieren. Todo esto debe ser legislado y regulado. Cada vez más, se abre paso esa conciencia en la sociedad canaria.

Creo que en Canarias no podemos conformarnos con tener la legislación inmigratoria española sino que debemos aspirar a tener la nuestra propia como ya tienen bastantes otros territorios en el marco de la Unión Europea. Sí se puede hacer. Como en tantas otras cosas, el reduccionismo español no hace sino perjudicarnos. Debemos ampliar miras, buscar otros referentes y construir nuestra propia armazón jurídica -peleando sin descanso contra Madrid, Bruselas y quien sea- que dé respuestas reales a las necesidades de las islas, que son muy diferentes a las necesidades de países continentales como España. Opino también que la legislación canaria sobre inmigración debe, cómo no, partir claramente del análisis de la sociedad canaria, los flujos migratorios que ésta recibe, la economía en la que se insertan, los servicios sociales que podemos ofrecer a los nuevos ciudadanos sin el deterioro de los mismos y sin que se produzca conflictividad entre la sociedad de acogida y los recién llegados, la capacidad de carga que territorios ecológicamente frágiles y ya superpoblados pueden tolerar… Confiar la resolución de todas estas claves al cambio de sistema económico me parece, honestamente, agarrarse a la flor de un berro, por usar el refranero canario. Personalmente, no me importaría empezar a resolver algunos problemas desde ya para que si algún día llega el nuevo sistema económico nos agarre con la tarea más o menos hecha.

Este análisis del que hablo y del que tan poco se oye hablar en las visiones que comentaba arriba, no entra en contradicción, al contrario, con tratar cuestiones aún más espinosas: el concepto de ciudadanía canaria; la caracterización de la inmigración realmente existente -mayoritariamente proveniente de Europa y en especial de España-; hablar de tú a tú con los vecinos de nuestro continente aunque la inmigración africana sea modesta en términos cuantitativos; la controvertida cuestión de la preferencia nacional; el establecimiento de cupos y ocupaciones preferentes; el necesario engarce de todo esto con una realidad social y ecológica donde ya hay cada mes un millón de turistas como población flotante; la justicia y conveniencia de garantizar un retorno digno a nuestros propios emigrados -pasados, presentes y futuros- así como la de garantizar posibilidades de desarrollar su vida profesional a los que ya están en el territorio… Y todo esto, con un profundo anclaje en la legislación internacional, especialmente en todo lo que hace a los derechos humanos, que siempre son mejor salvaguardados si las instituciones y la sociedad civil se empeñan en su defensa y no se deja cuestiones tan delicadas al vaivén de los mercados. Que Paulino Rivero no haga sino dar palos de ciego, a cual más torpe, con la inmigración no debe distraernos. Decrecer, diversificar, repartir justamente,… todo eso debe estar en la agenda pero ni sus efectos van a ser inmediatos ni debe ser obstáculo para que los canarios nos autogobernemos también en materia inmigratoria. Ésa es la brega que la sociedad canaria tiene delante, una brega insoslayable que los “ingenuos bienintencionados” no ven y los “pseudouniversalistas españolones” quieren ocultar. No caigamos nosotros también en la trampa de no ver lo que toca hacer.

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

Reacciones
  • El señor Dudoso quizá nunca leyó a la persona que re-etiqueta con las descalificaciones reseñadas. Piensa que se trata de un defensor de la Ayuda Oficial al Desarrollo, el 0,7 y otros consoladores de la conciencia. Le recomiendo la lectura de un artículo que critica toda esa formulación: http://sagara1977.wordpress.com/2012/04/04/la-ayuda-oficial-al-desarrolloel-cuanto-y-el-como/ Precisamente se acaba con una frase muy parecida a la del señor Dudoso: “El movimiento social crítico, igualitario, libertarios, solidario, ecologista y pacifista que anhelamos debe tener bien claro que con las limosnas ni se tranquilizan las conciencias ni se resuelven los problemas”. En cuanto a lo de la comodidad en el club selecto de la Unión Europea le recomiendo las opiniones del eurocomunismo, el comunismo y el movimiento libertario al respecto. Creo que no encontrará opiniones más críticas a esa construcción de los bancos y los mercaderes y del Norte sobre el Sur.
    Les pediría que o no me mencionen o no se documenten antes de citarme. Me gustan los debates pero no me gustan la descalificaciones ni que nadie me atribuya lo que no pienso.

    Salud.

  • Perdona Samuel, no hacía referencia a tu persona (efectivamente no he leído el artículo al que haces referencia), sino a las personas que encajan en el perfil descrito por Josemi.

    Saludos.

  • Hola, muy buenas. En primer lugar, me gustaría felicitar a Josemi por el artículo: me parece excelente.

    Con respecto al artículo que aquí aparece vinculado, del Sr. García Arencibia, me gustaría señalar lo siguiente:

    Al margen de que la denominación utilizada (pseudouniversalista españolón) pueda gustar más o menos (entra esto dentro de la libertad de quien escribe y de quien lee), lo cierto es que se presentan en el articulo de Josemi Martín argumentos de peso que no veo contrarrestados en las respuestas del Sr. García Arencibia.

    Comenzaré por una inexactitud: no es cierto que el autor del artículo califique al Sr. García de “marxista vulgar”; se habla en el artículo de “vulgata marxista”, que poco o nada tiene que ver con lo que interpreta en su respuesta G.A.

    Y ahora, algunos de los argumentos no respondidos:
    “El artículo mío que usted desaprueba no es una propuesta de autorregulación de los movimientos migratorios (como usted atribuye) sino de disminución progresiva de las causas de expulsión económica en los países de origen, para que los lugares de recepción no tengan que quitárselos de encima, despejando personas”, dice usted. Pero si se trata de peras y de manzanas (regulación del fenómenos migratorio, por un lado; resolución justa de la desigual relación Norte-Sur, por otro), y no es, por tanto, comparable, ¿cómo responde usted a la cuestión “nacionalera” de disminuir las cifras del paro en Canarias y de evitar una sobreexplotación de los servicios públicos? ¿No le parece a usted este un debate pertinente y necesario?

    Luego insiste usted en la necesidad de revisar las relaciones Norte-Sur. Hasta donde yo alcanzo a entender, el autor del artículo no se opone a esta cuestión, más bien al contrario; incluso resalta que el número de inmigrantes africanos comparado con el número de inmigrantes españoles y europeos es ínfimo e insignificante. Sin embargo, el discurso dominante habla del peligro de la inmigración africana. ¿No sería conveniente entonces dar la vuelta al discurso dominante y dejar claro que si en Canarias hay ahora mismo problemas de superpoblación es a causa de las migraciones provenientes del Norte rico y no del Sur pobre? ¿No validaría esto parte de las tesis de JM?

    Luego sitúa usted a Canarias en el Norte rico y colonizador. Yo no me apresuraría tanto a la hora de catalogar a Canarias como parte de ese club. La situación y la historia de Canarias son demasiado complejas como para barrer de un plumazo todos los componentes socio-históricos que nos vinculan con el Sur colonizado, con los pueblos oprimidos de la tierra.

    Habla usted en algún momento de “descalificaciones”, y de que el autor no “me conoce de nada”. Con todos los respetos, no veo descalificación ninguna en el texto. Veo opiniones contundentes, diferencias de calado, conceptualizaciones discutibles; pero no descalificaciones. Por ningún lado. Le ruego que me señale (y al resto de participantes en este debate) dónde están esas “descalificaciones” para que podamos saber de qué estamos hablando.

    Y con respecto a que el autor del artículo lo conozca a usted o no… francamente, me parece del todo irrelevante. Aquí estamos en un debate de ideas, de conceptos, de proyectos. Si además tenemos el gusto de conocernos, pues mejor. Pero eso en nada afecta al debate, que debe estar sustentado en argumentos. Argumentos que, con todos los respetos, echo en falta en sus respuestas.

    Permítame, por último, que lo invite a continuar este debate no desde claves personales sino conceptuales. ¿En qué estamos o podemos estar de acuerdo? ¿En qué no? ¿Sobre qué bases? ¿Cuáles son las consecuencias de tal o cuál planteamiento? Creo que esto es enormememente más importante que quién conoce a quién o dónde hemos nacido.

    Un saludo cordial.

  • Saludos, señor Bethencourt. Gracias por su invitación. Este no me resulta un terreno cómodo porque parece que no hablamos lenguajes que se entiendan. Por eso yo no he entrado en el debate de ustedes más que tangencialmente. Pero intento comunicarme con usted.

    Primero. A usted no le parecerán descalificaciones, pero se asemejan mucho. No creo que calificaciones como las apuntadas se hagan con el ánimo amistoso de invitación a un debate entre iguales. Con personas desconocidas e iguales en la discreción no entiendo esas maneras.
    Segundo. Yo no vine a este artículo porque investigara el tema con propósito de debate constructivo, sino porque mi artículo me avisó de una mención. Al curiosear encontré esas personalizaciones que valoro negativas. Mi entrada aquí fue una queja. No había más intención y no había inspiración controvertida. Si se fija en mi respuesta, el tercer párrafo sólo pide que no se califique como marxismo vulgar, pseudouniversalismo españolón, progre supercool a las personas que hacemos una valoración de la inmigración dentro de unas relaciones internacionales de expolio, explotación y dominación.
    Tercero. Tiene razón en que los planos de los artículos son bastante diferentes. El artículo que comentamos querrá hacer una reflexión desde planteamientos demográficos, económicos, políticos para hacer una propuesta de ley canaria de inmigración. El mío era una protesta contra un artículo de Paulino Rivero en el que se asociaba inmigración, paro, baja calidad de los servicios públicos. Si se fija en el segundo párrafo de mi respuesta observará la razón por la cuál se respondió al artículo de Paulino Rivero.
    Cuarto. Con esto le he explicado la razón de entrada en este artículo y la razón por la que escribí uno de respuesta al de Paulino Rivero. Si de verdad quisieran un debate sobre inmigración para Canarias la invitación debería cursarse de otra forma, no con alusiones a personas e ideas que vuelan bajo (como puede leerse más arriba), ya que desde la inferioridad poco se puede aportar a la superiodad.

    Un saludo y feliz año.

  • Saludos, señor Bethencourt. Gracias por su invitación. Este no me resulta un terreno cómodo porque parece que no hablamos lenguajes que se entiendan. Por eso yo no he entrado en el debate de ustedes más que tangencialmente. Pero intento comunicarme con usted.

    Primero. A usted no le parecerán descalificaciones, pero se asemejan mucho. No creo que calificaciones como las apuntadas se hagan con el ánimo amistoso de invitación a un debate entre iguales. Con personas desconocidas e iguales en la discreción no entiendo esas maneras.
    Segundo. Yo no vine a este artículo porque investigara el tema con propósito de debate constructivo, sino porque mi artículo me avisó de una mención. Al curiosear encontré esas personalizaciones que valoro negativas. Mi entrada aquí fue una queja. No había más intención y no había inspiración controvertida. Si se fija en mi respuesta, el tercer párrafo sólo pide que no se califique como marxismo vulgar, pseudouniversalismo españolón, progre supercool a las personas que hacemos una valoración de la inmigración dentro de unas relaciones internacionales de expolio, explotación y dominación.
    Tercero. Tiene razón en que los planos de los artículos son bastante diferentes. El artículo que comentamos querrá hacer una reflexión desde planteamientos demográficos, económicos, políticos para hacer una propuesta de ley canaria de inmigración. El mío era una protesta contra un artículo de Paulino Rivero en el que se asociaba inmigración, paro, baja calidad de los servicios públicos. Si se fija en el segundo párrafo de mi respuesta observará la razón por la cuál se respondió al artículo de Paulino Rivero.
    Cuarto. Con esto le he explicado la razón de entrada en este artículo y la razón por la que escribí uno de respuesta al de Paulino Rivero. Si de verdad quisieran un debate sobre inmigración para Canarias la invitación debería cursarse de otra forma, no con alusiones a personas e ideas que vuelan bajo (como puede leerse más arriba), ya que desde la inferioridad poco se puede aportar a la superioridad.

    Un saludo y feliz año.

  • Para tener un debate sobre una politica de inmegración canaria diferenciada y autocentrada habría que concretar un poco de lo que se está hablando. El aumento de población supone una presión sobre el territorio y sobre los servicios públicos. con un paro disparado, por encima del 30%, se puede pensar que con menos trabajadores no canarios habría menos canarios en el paro. Con este ciclo económico, vendrán menos pero que queremos tener un sistema de cupos o una preferencia canaria? Queremos limitar la llegada de españoles o europeos sin que eso nos afecte a la hora de emigrar a los canarios?
    Parte del problema de nuestro mercado laboral es la falta de movilidad entre islas o incluso norte-sur. otro problema es a veces la falta de cualificaciones , que lleva a buscar fuera.
    Para tener una política migratoria hay que tener una idea clara del modelo productivo. hacen falta miles de ideas para crear empleo. No hay suficientes emprededores, no tenemos un sistema financiero que los financie, nuestro mercado se encoge a golpe de recortes.
    La presión africana no es grande por la política de control de fronteras, vigilancia marítima, de cooperación española con los Estados africanos costeros y de expulsiones.
    Todas las opciones son debatibles, canarias no es norte y es tierra otra vez de emigración también. cada vez más canarios cualificados dejan de creer en un porvenir en Canarias. Tampoco nos gustaría que nos cerraran las puertas.
    Choca nuestra capacidad de absorción con la que tienen que asumir países limítrofes con zonas de conflicto, en mucho peores condiciones.
    Un saludo Josemi y feliz año para Tamaimos y sus lectores

    Un saludo y feliz año a Tamaimos y

  • No siempre tiene uno, en estas fechas entrañables, un ordenador a mano con la suficiente conexión a la red, para poder responder en tiempo y forma adecuados a sus comentarios. Afortunadamente, Tamaimos es un proyecto grupal y Agustín Bethencourt ha salido al paso de las más que supuestas “falacias” ad hominem de manera tan clara y precisa que poco más tengo yo que hacer más que sumarme a sus palabras y agradecerle el gesto. Queda claro desde mi punto de vista que son “estilos”, “ópticas”, “perspectivas”, “planteamientos”,… los que se critican y no a persona alguna.

  • El amigo Mahalto ha tenido a bien hacer bastantes comentarios a mi artículo. Voy a dar mi opinión sobre los mismos a ver si esto sirve para continuar “hablando de inmigración” en Canarias.

    Una advertencia previa: me remito a lo ya escrito en el artículo acerca de que el mismo no tendría seguramente la suficiente profundidad. Ahora, esto me parece una certeza y desde algún lado se me ha reclamado que escriba algo así como una segunda parte insistiendo en los aspectos cuantitativos de esta cuestión. Así lo haré en cuanto pueda. Si no lo hice ya en este primer artículo, fue por tratar de conseguir un texto no demasiado sorroballado, optando por el recurso de los hipervínculos. Es claro que fracasé.

    En primer lugar, pregunta Mahalto por la inmigración ilegal africana en un escenario de control canario de nuestra inmigración. Dando por sentado que uno pretende discutir sobre criterios antes que sobre políticas concretas, aquí van los míos. En primer lugar, toda la cooperación necesaria (que no siempre es sinónimo de dinero, por cierto) para evitar en origen este drama. Pienso también que Canarias no puede eludir su papel de territorio frontera de la Unión Europea en el Atlántico Sur, en el Noroeste africano. De la misma manera, la Unión Europea no puede olvidarse del hecho de que el archipiélago canario es un territorio vinculado a la Unión Europea y que es precisamente esa característica junto con su situación geográfica la que lo convierte en protagonista no deseado de este problema. En el cruce de ambas responsabilidades ha de hallarse la respuesta al mismo: solidaridad a la llegada, solidaridad entre territorios de la Unión Europea a la hora de asumir el problema en las fases posteriores pues no es ningún secreto que la inmensa mayoría de estos inmigrantes no tiene intención de quedarse en las islas y sí, muchas veces, de reunirse con familiares ya emigrados en Francia, Bélgica, España, Reino Unido,… pero antes, cooperación a todos los niveles para impedir que se produzca. No sé si soy yo ahora el que peca de ingenuo.

    Yo he procurado no vincular excesivamente inmigración y paro en mi artículo porque, aunque esa relación exista, no es menos cierto que, efectivamente, otras relaciones pudieran tener más incidencia en el nivel de desempleo. Desde luego, el modelo productivo debe ser cuestionado, pero, volviendo a uno de los vínculos que aparecen en el texto, incluso en una isla como Tenerife, que lleva tres años sin destruir empleo, la tasa de paro no deja de aumentar. Nuestro sistema productivo -léase sector turístico- no da para mucho más y desde luego no sirve para crear empleo digno para los recién llegados pero tampoco para los recién egresados de las universidades canarias, etc. A partir de ahí, uno es escéptico ante el hecho de que se confíe la reducción del desempleo al reparto de la riqueza, la justicia social, etc. No porque no me gustaría sino porque pienso que estamos lejos de eso. Además, incluso en un hipotético escenario de sociedad ¿socialista?, insisto en que las políticas de inmigración hacia Canarias se redacten desde Canarias y que estén inspiradas además de por la solidaridad por la necesidad del control y la regulación, así como la búsqueda del bienestar de los que ya viven en Canarias, independientemente de donde hayan nacido éstos. Queda claro que, al margen del ciclo económico en el que nos hallemos, pienso que esta cuestión debe ser un pilar de nuestro autogobierno y de ahí las referencias a Dinamarca, Groenlandia, islas Aland, Feroe, etc. que tomo prestadas del amigo Iván Suomi. Estudiar estos ejemplos (y otros: ¿Hawaii?) puede ser de mucha utilidad.

    De la misma manera, no pienso que establecer controles en un territorio frágil y limitado, como lo son las Islas Canarias, debiera equivaler a restringir la posibilidad de los canarios a emigrar a territorios que no comparten esas características, puesto que las consecuencias derivadas de tal hecho no serían las mismas. No es igual que trescientos trabajadores de la Baja Silesia se instalen en La Gomera a que trescientos gomeros se instalen en Venezuela. O en la Baja Silesia. Y de paso, recuerdo que, de seguro, habrá muchos gomeros en Venezuela y otros lugares a los que no les importaría lo más mínimo ocupar esos puestos de trabajo, si tuvieran la oportunidad. Este último caso debe ser preferente: ¿o no es de justicia y sentido común que los emigrados canarios y sus descendientes, si quieren, tengan la oportunidad de reintegrarse en su sociedad de origen, antes que dar pie a nuevas migraciones?

    Coincido, Mahalto, con la caracterización de algunos problemas de nuestro mercado laboral: escasa movilidad interinsular e intrainsular, déficit de formación,… Añado algunos más: precariedad, cultura empresarial caciquil, desconexión de sistema educativo y mercado laboral, escasa cultura de la autoprotección, ausencia de un marco canario de relaciones laborales que facilite otro tipo de acción sindical, etc. También me gustaría que hubiera en la sociedad canaria una idea más ajustada de cuál queremos que sea nuestro modelo productivo. Ello ayudaría, entre otras cosas, a no llamar inmigrantes para después desecharlos una vez el hotel o el centro comercial está acabado, después de haberlos tenido durmiendo durante meses en barracones. Ése fue el caso hace no demasiado en islas como Lanzarote y Fuerteventura. O inmigrantes subsaharianos escondiéndose por los alrededores de los invernaderos a la llegada de los Inspectores de Trabajo. Sin embargo, insisto: aun en un escenario de mejora de todos estos indicadores y de consenso en un modelo productivo para las islas, soy partidario de que las políticas de inmigración hacia Canarias se decidan en Canarias, tomando en cuenta los factores en los que vengo insistiendo. No sé si queda suficientemente claro que en ningún momento he hablado de “cierre de fronteras”, por cierto. Abundando en esto último, me parece bien que se permita y hasta se fomente la venida de trabajadores cualificados en aquellos sectores en los que aún el mercado canario no cuenta con activos suficientes. Pero no de cualquier manera: de manera ordenada, tanto para la sociedad de acogida como para el trabajador inmigrado, que debe encontrar a su llegada algo más que un puesto de trabajo sino también una red de protección social que le ayude a convertir su proyecto migratorio en un éxito. ¿Por qué no implicarlo en la formación de jóvenes canarios en esa ocupación a su debido momento? Sería el corolario de una actuación guiada por la solidaridad, el interés mutuo y la perspectiva canaria que no se desentiende del inmigrante ni de la responsabilidad que tenemos con una tierra que no puede ser tratada de igual manera que los países continentales, algo que ya han comprendido por otras latitudes y de lo que debemos seguir hablando los canarios de aquí y allá.

    Amigo Mahalto, un saludo y feliz año 2013 para usted y toda su familia.

  • En estos días de enero cumplo 35 años compartiendo mi vida con canarios y canarias en estas islas… Desde el primer día, como recién llegado… eran los años 70… este tema me llamó la atención, ¡claro!… y me sigue llamando… Muchas sensibilidades he venido detectando a lo largo de estos años en mi propia piel respecto al tema… y muchas reflexiones también… Me encantó el planteamiento del artículo inicial de Josemi y me está interesando el debate posterior… sigan en ello, que ganamos todos!

  • Muchas gracias, Rogelio, por tu comentario. Este texto pretende ser un punto de partida, no de llegada. Esto será más fácil si vamos apuntalando un debate con criterios que podamos ir acordando. Sinceramente,se me hace casi imposible pensar que no seas canario, tanto como has contribuido a nuestro país. Eres prueba viviente de que la inmigración puede ser un fenómeno tremendamente positivo. Pongámonos todos a trabajar en esa tarea. Saludos.

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