Semanario Crítico Canario
Padylla: Simplifica, que algo queda.
Hablemos de inmigraciónPadylla: Simplifica, que algo queda.

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

La Gaveta

Hablemos de inmigración

Publicado originalmente el 27 de diciembre de 2012

Digamos, para empezar, que no soy partidario de las simplificaciones y menos en un tema tan delicado como éste. Estamos hablando de la vida de mucha gente, de sus proyectos vitales, sueños y esperanzas pero también de situaciones dramáticas, frustraciones y desengaños que no pueden quedar ocultos bajo la insoportable levedad de la consigna. Esta convicción es la que me anima a escribir este modesto texto que, seguramente, no tendrá la profundidad que debiera pero que quizás no ande tan desencaminado. Hablar de inmigración en Canarias es hablar de muchas cosas a la vez y eso no hace sino añadir complejidad al asunto pero creo que, para entendernos, debemos acordar que abordar esta cuestión bajo los mismos parámetros que utilizaríamos en un territorio continental no puede llevarnos sino a un marasmo de superficialidades y vaguedades que no va a ayudar en nada a los propios inmigrantes, a los nuevos canarios ni tampoco a los antiguos.

Demasiadas veces se topa uno con un discurso que calificaré de “ingenuo bienintencionado” en el que se compara a Canarias con Venezuela, Argentina y otros países extensísimos y con densidades de población anecdóticas. Se apela, de paso, a los relatos familiares de padres y abuelos, queriendo comparar ambas situaciones, salvando época histórica y contextos, como si éstos no tuvieran relevancia alguna. Si uno cuestiona semejante proceder, automáticamente es tachado de insolidario, de no tener “memoria histórica” o cosas peores. Es un análisis de vuelo corto y bajo que tiene como principal virtud la de querer empatizar a toda costa con aquellas personas que abandonan su hogar en busca de un mejor porvenir. Loable pero errado y superficial. Nada dicen sus defensores acerca de cómo crecerían los servicios sociales en un contexto de libre inmigración, cómo se financiarían, qué políticas de integración serían necesarias, quién las pagaría, … Todo eso queda en el limbo de lo que no se piensa, lo cual es demasiado parecido a la irresponsabilidad. Del lado de acá, cantos a la bondad de los inmigrantes, a quienes se suele idealizar, y a la solidaridad eterna e infinita. ¿Cómo se podrá sostener esa solidaridad eterna e infinita en términos prácticos? Misterio. Todo lo más, se confía a un mejor reparto de los recursos existentes el bienestar de esa sociedad multiplicada y los hijos y nietos de los que ya están y los que vendrán. Dios proveerá.

Junto a este discurso “ingenuo bienintencionado”, vuela igual de bajo el “pseudouniversalista españolón”, que vendría a defender una política de puertas abiertas en las islas, basada en un etéreo concepto de solidaridad que no suele ir acompañado de una exigencia de responsabilidad para todas aquellas personas que llegarían a Canarias. Emparentado con el “pensamiento” neoprogre supercool, suele hundir sus raíces este planteamiento en lo que se ha dado llamar la “vulgata marxista”, un conjunto de creencias populares acerca de lo que se piensa que Marx escribió y que se aplicaría en todo momento histórico y lugar del orbe, quiera uno o no quiera. Paradójicamente, sus principales defensores suelen confiar al mercado la autorregulación de los flujos migratorios, que por lo visto no deben ser regulados por institución alguna. Es un discurso importado desde la central hasta la colonia y que no tiene en cuenta el lugar donde se ejecutaría, entre otras cosas porque eso importa poco. Lo mismo dan las despobladas provincias españolas que unas islas superpobladas en el noroeste africano. ¡Ancha es Castilla… y sus colonias! Igual el Tirol que Lampedusa. Lo del “análisis concreto de la realidad concreta” lo dejan para sus peleítas entre Cayo, Gaspar y cualquier otro que toque ahora, que a nadie le importa ni cómo se llame. Aquí lo que toca es rasgarse las vestiduras y darse golpes de pecho si el Gobierno, por arte de magia, acierta y se le ocurre una obviedad como que se priorice la contratación de desempleados ya inscritos en oficinas de empleo de las islas antes que importar mano de obra foránea. ¡Qué atentado contra el género humano! ¡Contratar yesistas desempleados residentes en Tacoronte, pudiendo importarlos desde Tomelloso!¿A qué clase de terribles asechanzas expondrán los “nacionaleros” (sic) canarios a los jubilados ingleses y alemanes, inmigrantes climáticos? De nuevo, cuestionar tal óptica supone arriesgarse a que uno sea tildado de racista, xenófobo, fascista o simpatizante de Coalición Canaria, que es lo peor de todo.

No conozco ningún país que no regule la inmigración. Incluso los países que abiertamente fomentan la misma, la regulan según sus propios criterios, léase Canadá, Emiratos Árabes Unidos y, por supuesto, los mismísimos Estados Unidos. También Cuba y Venezuela, por cierto. Seguramente la concreción legislativa de muchos de ellos es abiertamente criticable y para eso está la sociedad civil, para criticarla y proponer alternativas pero no por ello dejan de tener una legislación acorde a sus necesidades y su realidad y no las necesidades y realidad de otros. A veces olvidamos que una política inmigratoria digna de tal nombre debe buscar el éxito del proyecto migratorio, del propio inmigrante, al que no se puede usar y tirar como una colilla y después abandonar para que emigre a otro país a recomenzar su historia de lucha y sacrificio hasta la extenuación. Los nacionales, también los canarios, somos responsables de que la inmigración sea un fenómeno ordenado y procurar que éste salga bien, para que esos inmigrantes se queden entre nosotros. Y sus hijos y nietos, si quieren. Todo esto debe ser legislado y regulado. Cada vez más, se abre paso esa conciencia en la sociedad canaria.

Creo que en Canarias no podemos conformarnos con tener la legislación inmigratoria española sino que debemos aspirar a tener la nuestra propia como ya tienen bastantes otros territorios en el marco de la Unión Europea. Sí se puede hacer. Como en tantas otras cosas, el reduccionismo español no hace sino perjudicarnos. Debemos ampliar miras, buscar otros referentes y construir nuestra propia armazón jurídica -peleando sin descanso contra Madrid, Bruselas y quien sea- que dé respuestas reales a las necesidades de las islas, que son muy diferentes a las necesidades de países continentales como España. Opino también que la legislación canaria sobre inmigración debe, cómo no, partir claramente del análisis de la sociedad canaria, los flujos migratorios que ésta recibe, la economía en la que se insertan, los servicios sociales que podemos ofrecer a los nuevos ciudadanos sin el deterioro de los mismos y sin que se produzca conflictividad entre la sociedad de acogida y los recién llegados, la capacidad de carga que territorios ecológicamente frágiles y ya superpoblados pueden tolerar… Confiar la resolución de todas estas claves al cambio de sistema económico me parece, honestamente, agarrarse a la flor de un berro, por usar el refranero canario. Personalmente, no me importaría empezar a resolver algunos problemas desde ya para que si algún día llega el nuevo sistema económico nos agarre con la tarea más o menos hecha.

Este análisis del que hablo y del que tan poco se oye hablar en las visiones que comentaba arriba, no entra en contradicción, al contrario, con tratar cuestiones aún más espinosas: el concepto de ciudadanía canaria; la caracterización de la inmigración realmente existente -mayoritariamente proveniente de Europa y en especial de España-; hablar de tú a tú con los vecinos de nuestro continente aunque la inmigración africana sea modesta en términos cuantitativos; la controvertida cuestión de la preferencia nacional; el establecimiento de cupos y ocupaciones preferentes; el necesario engarce de todo esto con una realidad social y ecológica donde ya hay cada mes un millón de turistas como población flotante; la justicia y conveniencia de garantizar un retorno digno a nuestros propios emigrados -pasados, presentes y futuros- así como la de garantizar posibilidades de desarrollar su vida profesional a los que ya están en el territorio… Y todo esto, con un profundo anclaje en la legislación internacional, especialmente en todo lo que hace a los derechos humanos, que siempre son mejor salvaguardados si las instituciones y la sociedad civil se empeñan en su defensa y no se deja cuestiones tan delicadas al vaivén de los mercados. Que Paulino Rivero no haga sino dar palos de ciego, a cual más torpe, con la inmigración no debe distraernos. Decrecer, diversificar, repartir justamente,… todo eso debe estar en la agenda pero ni sus efectos van a ser inmediatos ni debe ser obstáculo para que los canarios nos autogobernemos también en materia inmigratoria. Ésa es la brega que la sociedad canaria tiene delante, una brega insoslayable que los “ingenuos bienintencionados” no ven y los “pseudouniversalistas españolones” quieren ocultar. No caigamos nosotros también en la trampa de no ver lo que toca hacer.

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Josemi Martín nació en Gran Canaria, Islas Canarias. Afincado en España, también ha vivido en diversos lugares del Reino Unido, además de estancias en Portugal, Estados Unidos e Irlanda. Licenciado en Filología Inglesa por la ULL y Graduado en Antropología Social y Cultural por la UNED, es un apasionado de los Estudios Canarios. Busca contribuir a la creación del pensamiento crítico canario, autocentrado e independiente. Preside la Fundación Canaria Tamaimos. Su alter ego, Edmundo Ventura, escribe en Tamaimos.

Reacciones
  • Gracias por la respuesta Josemi.La inmigración abarca fenómenos muy diversos. El caso de Rogelio es el de un canario nacido fuera de las islas, alguien que se ha decidido por esta tierra. Otros están en Canarias de paso y no se integran para nada. Igual pasa con muchos en las zonas turísticas por mucho que lleven años. Algunos son explotados y viven en condiciones miserables.
    Me gustan los debates sobre criterios pero me deja con las ganas el planteamiento del autogobierno sin concreción.
    ¿ Por qué se va tanto trabajo del sector turístico a no canarios? ¿Qué podemos hacer para que el sur sea canario y no algo artificial?Habría que hacer un esfuerzo especial en la educación en esos municipios donde hay tantas nacionalidades en las clases y mucho fracaso escolar.
    No se puede ir de ingenuo por la vida pero todos lo hacemos poco o mucho, cada uno a su estilo me temo. El fenómeno migratorio tiene un alcance mundial y exige respuestas coordinadas. Los paises frontera no pueden asumir solos la presión migratoria yen la UEse abre paso una política común incipiente. Frontex ha ayudado a minimizar la llegada de cayucos y España ha hecho un trabajo importante de control de esos flujos, de cooperación con los países de origen, de disuación etc.
    Estoy perfectamente de acuerdo en que Canarias defina su visión de las distintas facetas del fenómeno migratorio, su impacto sobre los servicios públicos, el mercado laboral, el territorio.
    La inmigación enriquece, inspira y aporta mucho. lo hay que conseguir es que no desnaturalice el territorio como pasa en muchas zonas turísticas nuestras.

    • Que el sector turístico en Canarias está, desde el origen hasta la vuelta, mayoritariamente en manos extranjeras no es ninguna sorpresa. Sólo poderes públicos fuertes, con instrumentos legales sólidos, podrían obligar a que eso no tuviera un correlato en el mercado laboral. Pienso que vale la pena intentarlo: en el camino de una Hacienda canaria que recaude los tributos de la actividad económica que se ejerza en las islas, harían falta políticas activas de empleo que obligaran a contratar a los ya residentes en las islas, a que las empresas tuvieran que justificar suficientemente la traída y contratación de personal foráneo,… Cabrían -de hecho ya las hubo- ayudas a la movilidad de los trabajadores entre islas, políticas de transporte de personal de inspiración colectiva en las que implicar a las empresas a nivel insular. Intervenir sobre la base de la economía en clave de moratoria real a la construcción turística tendría también un efecto inmediato sobre el conocido “efecto llamada” que supuso la concretera a toda marcha de la economía canaria de los 90. Haría falta mucha más inversión en la formación profesional -reglada y ocupacional- y salvar la desconexión existente entre los estudios superiores y los sectores productivos. No se trata de que todo el mundo estudie Turismo pero sí de que se fomenten las dobles-carreras, titulaciones flexibles, etc. que tengan como resultado final una mayor empleabilidad de los licenciados canarios. Me parece que en todo esto habría que implicar al empresariado canario, instruirlo, para que también comprenda los beneficios de un mercado laboral, ordenado, regulado y adaptado a las dimensiones de las islas; que no se puede continuar por la vía de la explotación del trabajador sin más, como si fuera un producto desechable, si de verdad queremos crear riqueza en las islas y repartirla equitativamente. No conozco estudios sobre la relación inmigración-educación en Canarias pero me atrevo a decir que le veo más oportunidades que amenazas a dicha relación, siempre y cuando haya un enfoque adecuado y la inversión necesaria. No sé si estamos en tiempos de eso o más bien de lo contrario. Pero, bueno, vayan aquí un puñado de ideas por si sirven de algo.

  • Coincido con Mahalto respecto al sesgado ingenio del autor a la hora de (des)calificar y reducir a los contrarios que no comparten sus tesis.

    La otra gran falla del artículo es el habitual sofisma de fundamentar los argumentos propios sobre una falsa excepcionalidad. La planteada escasez del territorio, los recursos naturales y socio-económicos son parecidos en (casi) todas partes. La única diferencia estriba en la (interesada) óptica o distancia que se quiera emplear.

    Puestos a poner puertas teóricas al campo inmigrante y laboral -y por la vía de la reducción al absurdo-, ¿qué pensaría si en la República Canaria Santa Cruz o LPGC, Adeje o San Bartolomé de Tirajana, pretendieran regular el asentamiento de foráneos, pero sobre todo de nacionales canarios, en sus respectivos territorios?

    • Pretender dinamitar el debate introduciendo argumentos absurdos -que no es lo mismo que una reducción al absurdo- es una táctica vieja. Muchas veces la han usado en Tamaimos, siempre como burdo intento de camuflar la ausencia de argumentos sólidos propios. Su referencia a la “República Canaria” lo desvela sin remedio. Sin embargo, puestos a imaginar, a mí no me parece descabellado pensar que en determinados territorios canarios, justificada la escasez de territorio y recursos que usted alegremente niega de un plumazo sin mayor soporte argumental, pudiera haber excepcionalidades. Se me ocurren casos como La Graciosa o la isla de El Hierro y no precisamente los que usted, con frustrado afán ridiculizador propone. Le cito un ejemplo real que conozco bien: el enclave de Chuao, en la costa del Estado Aragua, en Venezuela, donde la residencia está limitadísima a los propios venezolanos en función de argumentos para usted seguramente falsamente excepcionales. Y, antes de que caiga en la tentación de echarle la culpa a Chávez de semejante atentado al libre establecimiento de los venezolanos en su propio país, le informo de que la cosa viene de atrás. Y bien que me parece. Saludos.

  • El efecto llamada con más de un 30 % de paro ya no existe. La concretera está aparcada. Tampoco viene nadie al sector público que también está parado. La perspectiva para los universitarios canarios es mala con una proporción de empleo de alta cualificación de las más bajas de España y tendencia a peor. No vendrán tampoco muchos de fuera porque no hay empleo y el que hay está mal pagado.
    La educación es clave, la adaptación a las necesidades de nuestro mercado también. El nivel canario en lenguas extranjeras en general es muy flojo y en el turismo es fundamental.
    Necesitamos más emprendedores y la forma de impulsar sus proyectos. Ideas que creen valor sin destruir recursos naturales.
    La vivienda es importante para que haya movilidad. hay poca vivienda social para que la gente se mueva a donde hay empleo.
    Me encantaría que volviera el efecto llamada, sería señal de que Canarias estaría creando empleo otra vez.

    • No existe ya ese efecto llamada, efectivamente, de lo cual yo sí me alegro porque era un camino suicida, pero insisto en que, antes que dejar a los vaivenes de los mercados la traída o no de mano de obra, preferiría que las instituciones canarias fueran las que, con la legislación y reglamentación necesarias y emanadas de nuestra realidad singular, ajustaran los límites de un fenómeno que no puede crecer infinitamente en un territorio limitado y de manera tan desigual en el que los habitantes del Sur encuentran todo tipo de trabas y los del Norte todo tipo de facilidades. Saludos, Mahalto.

  • Quiero felicitar al amigo Josemi por este excelente artículo en donde aborda temas sin duda espinosos debido a esa manía de extremos del “o tener que ser progre o tener que ser fascista” para con un tema tan delicado y de la enjundia y seriedad que éste requiere. Es por ello que creo que la denuncia de la macro-separación Norte-Sur con un sinfín de binomios a modo de sinónimos como riqueza-pobreza, consumismo-hambre, etcétera, no está (y el autor es clarísimo en este sentido) en contraposición con el análisis del ‘problema inmigratorio’. Porque, a todas luces, este fenómeno no nos habla de un proceso natural, sino de la tragedia que vivimos y padecemos los seres humanos en nuestro proyecto común que es un fracaso sin parangón ni paralelismo con ninguna otra especie (esto de la capacidad de pensar nos hace así), es decir, repito que hablamos de un ‘problema’. Desafortunadamente el flujo irregular del continente hacia nuestra islas sitas en el mismo es menor que el soporte de densidad de población foránea que por cuestiones de las colonias del viejo imperialismo hoy tiene Canarias. ¡Canarias! que cuenta con una densidad de población, según los últimos datos del padrón (como diría Monagas), de 285,6 hab/km2 (el Estado Español, con nuestro Archipiélago incluido, sólo soporta la cifra de 93,7 hab/km2, que si sabemos contar es la cuarta parte, y eso sin añadir a la población flotante y la ingente visita turística, con un ratio de 5,4 turista/hab*año, liderando el panorama europeo y escalando en los primeros mundiales) lo que es una barbaridad para con un territorio con nuestro índice de desempleo, nuestros pocos diversificados sectores primario (escaso) y terciario (irrisorio), la fragmentación del territorio, el agravio fiscal, bla, bla, bla… Dar prioridad a un canario para con el desarrollo en su tierra es aventajar a las Islas y prepararlas para que puedan practicar mejor y óptimamente la solidaridad con un continente que mira hacia nuestras costas (como ya comentó el Dr. Mbuyi Kabunda en una entrevista a LP-DdLP). La apertura sin control sólo trae desesperación y pobreza para con quien está y quiere entrar. Claro, la pregunta que acucia ahora es: ¿y entonces, que los negritos se mueran en la miseria?. No hombre, no, los principios del Marxismo nos enseñan a abolir las clases y eso se consigue alzándose en armas contra el imperialismo o los gobiernos dictatoriales de los países contaminados por esta lacra. Esto es lo difícil. Esta es la solución de facto. Lo otro es un disparate que quiere dar lecciones a otro disparate aún mayor, ergo, errores que como todos saben se consideran en Análisis Matemático como aditivos. Y si quieren, hablamos ahora de cómo tratar nuestra sobrepoblación…

    • Las cifras que das, Luismi, son tan veraces como drásticas. En esta encrucijada nos hallamos. No podemos consumir el suelo protegido porque es necesario para el bienestar de la población, además de que no queremos suicidarnos como ecosistema. La ingente población flotante que sostenemos es -a pesar de la huída de los beneficios del turismo- sostén de amplísimos sectores de la clase trabajadora canaria y no canaria afincada en las islas. Sería ideal decrecer pero no parece factible en el corto ni en el medio plazo. No se vislumbra un cambio de modelo. Existe -coincido con Mahalto- una debilidad de amplios contingentes de trabajadores de las islas debido a su escasa formación. Los sectores más formados emigran, emigramos, como tú, como yo, como Mahalto, como el resto de Tamaimos y como tantos otros. Y en medio de este escenario es que se nos dice que si queremos proteger el mercado laboral canario, somos unos insolidarios: curiosamente muchos de los que apoyan el actual panorama de estricto control a los trabajadores del Sur y nulo control a los trabajadores del Norte. ¡Mándense una papa! Ni cierre de fronteras ni puertas abiertas: control, regulación y gestión desde Canarias en función de nuestra propia realidad, como ya sucede en otros territorios de la Unión Europea.

  • Cuando se plantea el debate de la inmigración en Canarias la imagen que nos viene a la cabeza es casi siempre la de las pateras y los inmigrantes que llegan del continente a las islas por pura desesperación, arriesgando sus vidas y muchos dejándosela por el camino. Cuántas veces no me habrán preguntado en Europa por esa tragedia, pensando que Canarias estaba al borde del colapso por la tremenda afluencia de personas huyendo de la pobreza o las guerras del continente.

    Todos sabemos que no es así. Que sí, que clama al cielo que esa gente no tenga otra salida que emigrar arriesgando la vida y dejándolo todo, y que Canarias debe hacer lo que esté en su mano por revertir la situación. Pero esa no es la inmigración en Canarias.

    La inmigración en Canarias es mayoritariamente la de europeos que vienen a las islas a residir, incluso los hay que vienen a buscar trabajo, pero no huyendo de situaciones de miseria. Vienen porque Canarias es un país especialmente atractivo para vivir, más que muchos de sus países de origen, y ese atractivo es una de las razones, junto a la escasez y fragilidad del territorio, por las que tenemos la obligación de plantearnos qué hacer. Si no quisiera venir nadie a vivir a Canarias, o si Canarias tuviera tanto espacio como el medio oeste norteamericano, probablemente no estaríamos hablando de esto, pero está claro que no es así, y hay que poner los pies en la tierra.

    Lo verdaderamente insensato, lo verdaderamente suicida es no querer plantear la cuestión de la inmigración en términos exclusivamente canarios en Canarias. Porque, mal que pese, nuestras circunstancias y condiciones son distintas. No hace falta mucha estadística para verlo, basta con mirar un mapa.

    Por último, en el debate hay algo que me molesta, y es que se insinúe la acusación de xenófobia a quien piensa diferente. No ha lugar, y deja en mal lugar al acusador. Deberíamos dejar de lado esas pulsiones y centrarnos en el debate de ideas y propuestas, que nos jugamos mucho en ello.

    Saludos y que no decaiga

    • Creo que conviene fijar determinadas cuestiones como las que desgranas en tu comentario, Iván Suomi. Primero, corresponde a los habitantes de las Islas Canarias decidir cómo abordar la cuestión de la inmigración y la residencia en las islas. Quien no esté de acuerdo con esto, debe asumir la carga de la prueba y explicar por qué tales asuntos se debieran decidir fuera de las islas. En segundo lugar, la inmigración en Canarias viene mayoritariamente del Norte, no del Sur. En mi opinión, este primer elemento debe situar el debate en claves diferentes a las que habitualmente encontramos en medios de comunicación, etc., que suele ser un análisis sucursalista manejando claves de la inmigración en España. Seguidamente, no es verdad que territorios infraestatales (normalmente islas o archipiélagos, pero no sólo, e incluso estados) dentro de la Unión Europea y también fuera de ella no puedan tener una legislación propia en materia de inmigración y residencia de acuerdo con sus peculiares características demográficas, ecológicas, económicas, etc. Canarias cae perfectamente dentro de estos ejemplos y debe aspirar al ejercicio de tal reconocimiento. Además, este debate remite en las islas a cuestiones de mucho calado que deben ser abordadas de igual manera, especialmente el modelo productivo pero también el concepto de ciudadanía canaria, la capacidad de carga, la necesaria solidaridad Sur-Sur, nuestra condición de frontera de la Unión Europea, nuestro status especial dentro de ella, etc. A mi juicio, hay razones más que suficientes para comprender que el debate inmigratorio en las islas no puede moverse en las mismas claves que en Murcia o en la Padania. Saludos.

  • Los africanos no vienen en masa por la política de control de fronteras y de expulsiones que ha ido disuadiendo de afrontar la costosa y peligrosa travesía en cayuco. es verdad que la mayoría han venido en avión o barco para luego quedarse. La política migratoria actual limita su impacto. La inmigración es más del norte porque es más fácil y es legal. Para quién sostiene que somos africanos quizás lo adecuado es darle la vuelta a eso.
    Mucha gente ve Canarias como una tierra atractiva para vivir o para trabajar. Muchos Canarios no lo vimos así, no creímos lo suficiente en Canarias y nos fuimos fuera. Ahora somos parte de esa gente del norte que va como turistas asiduos a sobrecargar el territorio. Vamos a pedirles que se vayan los nuevos canarios que se han afincado allÍ?
    Un saludo

    • No acabo de coincidir con las razones por las que muchos canarios nos fuimos de Canarias. Queda para otro debate. En cualquier caso, nadie está pidiendo a nadie que se vaya. Los inmigrantes asentados en las islas, de donde quiera que hayan venido, que han demostrado voluntad de asentarse en nuestra tierra, son parte de la ciudadanía canaria y también por tanto afectada por esta cuestión y con derecho a expresar su voz acerca de la misma. En algún comentario anterior, puse un ejemplo: ¿qué pasaría si todos los emigrados de El Hierro más sus descendientes decidieran volver a la isla? Habría un grave problema, particularmente porque afectaría a nacidos en la isla, sus hijos,… Gente que, en mi opinión, no es equiparable a un nuevo inmigrante, que lo mismo iría a El Hierro que al Levante español si hubiera condiciones favorables. Tendría, debiera tener, preferencia el individuo que ya tiene vínculos con el territorio. Así ocurre en todos lados. Un buen amigo me contaba el otro día de una especie de campamento hippy (supongo que sería neo o pseudo hippy) en La Graciosa de en torno a quinientas personas. Tampoco me parece bien. Ni siquiera que quinientos conejeros se fueran a trabajar de golpe a La Graciosa porque hubiera surgido no sé qué oportunidad de negocio. Insisto: antes que el mercado prefiero que estas cuestiones las decidan los habitantes del territorio de manera democrática. Saludos.

  • No se trata de pedirle a nadie que se vaya, ni de fechar la puerta tampoco. Creo que todos nosotros conocemos canarios como el que más que han nacido e incluso se han criado en otro sitio, y no por ello dejan de ser canarios. En mi familia hay varios; entre los popularmente conocidos recuerdo ahora mismo a Rogelio Botanz o Pedro Lezcano, por ejemplo, de entre muchísimos más.

    Creo que el núcleo del asunto está en la necesidad de normas y arreglos específicos para Canarias por ser un territorio con condiciones específicas, difícilmente comparables a la mayoría de la UE. Tampoco creo que debamos comparar el regreso de cualquiera de nosotros a Canarias por Navidad, un suponer, con la llegada de turistas asiduos. Primero por cuestiones de arraigo, en todas sus dimensiones, y segundo por el diferente impacto sobre el territorio. Es sabido que un turista consume mucha más agua, por ejemplo, que un residente, a los que nos parecemos mucho nosotros cuando pasamos temporadas en Canarias. Algo similar pasa con el consumo de territorio, etc etc.

    Para mí el ejemplo de las Islas Aland es paradigmático. Sin quererlo trasladar hilo por pabilo a Canarias, sí nos puede y debe servir de inspiración, para convencernos de que las cosas se pueden hacer de otra manera, se pueden hacer mejor.
    http://tamaimos.com/2012/07/13/mentiras-y-medias-verdades-sobre-la-ue/

    Saludos!

  • No voy a intervenir en el debate de esta entrada, sólo voy referirme a la palabra con que nos ha obsequiado Iván Suomi en su última intervención: “fechar”. Todos sabemos que el lenguaje es algo vivo, que la forma de hablar va evolucionando según pasa el tiempo y que en estos tiempos de globalización casi todos usamos las mismas palabras. Por ello es muy bueno que nos diga fechar las puertas, aunque a alguien le pueda sonar a que haya que grabarle en la madera la fecha del día. Como señalé antes, ya esto supone una evolución del lenguaje, no sé si natural o forzada, pues, por lo que respecta a mi pueblo, nunca oí decir una cosa así, en esa forma verbal. Cuando había que cerrar algo se decía cerrar: “cierra la puerta”, “se me olvidó cerrar la ventana”…Sólo recuerdo que se usaba el verbo fechar en participio: “fechado”, y creo que limitado a dos construcciones: cuando llegabas a un pueblo y no había aún ninguna tienda abierta decías: “Está todo fechado” y cuando la noche ya era completa y oscura como eran las de antes decías: “Es de noche fechado”, así, sin concordancia de género.
    De todas maneras estoy muy de acuero en que Iván Suomi o cualquier joven emplee la palabra u otra que esté en peligro de extición en culquier contexto para evitar que sea condenada a ser un fósil en el diccionario de canarismos y tratar de inducir al canario de usar un poco m´s su léxico.
    Saludos.

  • Gracias Secundino por el comentario lingüístico, muy interesantes los ejemplos que pones de uso de la palabra fechar. Personalmente sí recuerdo oír el verbo conjugado, feché, fechó, etc. así como en infinitivo y participio, lo que no quita para que quizá en otros lugares el uso fuera distinto. También recuerdo que aquí el habla canaria es muy precisa, puesto que frente al verbo cerrar, fechar significa “cerrar echando el fechillo o pasando la llave o llavín”, mientras que trancar significaría “cerrar la puerta de modo que no se abra, pero sin todavía echar el fechillo o pasarle el llavín o llave”. Al menos así recuerdo haber oído emplear esos verbos.
    Y qué duda cabe de que usando estos canarismos no sólo nos expresamos con mayor precisión, sino que enriquecemos el español en general al darle vida a estos vocablos, lamentablemente tan en desuso.

    Saludos y disculpen la digresión lingüística

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