Semanario Crítico Canario
Entrevista Aminata Dramane Traoré*

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Opinión

Entrevista Aminata Dramane Traoré*

Aminata Dramane Traoré, muchas gracias por recibirnos. Para empezar me gustaría preguntarle por el libro en el que se encuentra trabajando, por el contenido y el porqué de este libro que aparecerá pronto bajo el título La mujer del Sahel (traducción propia del título original en francés).

Es un libro de importancia capital para mí como mujer maliense y del Sahel, más que mis otros libros. En mis otros libros abordaba la crisis, venía a decir: “si no cambiamos, vamos a tener problemas”. Ahora, por desgracia, estamos ya en el corazón del problema. Se podría incluso decir que, de todos los países del África occidental, lamentablemente es mi país el que está en el ojo del huracán, un ojo del huracán que trae consigo retos importantes que se le esconden a la inmensa mayoría de los malienses, especialmente a las mujeres. Este año 2018 es año electoral; normalmente —y como nuestra situación es grave— el debate político debería centrarse en las causas del problema, que están escondidas y que hacen que la situación se nos escape. El problema no está en los mecanismos de financiación, sino en que hoy por hoy —independientemente de la calidad de los políticos que nos gobiernan— estamos dirigidos por la naturaleza de las relaciones norte-sur y la naturaleza de la cooperación con Francia y con la Unión Europea. Claro que también están los Estados Unidos y China, pero el eje de cooperación más importante es franco-euroafricano, de carácter neoliberal. Se nos dijo: “ustedes convoquen unas elecciones y democratícense, porque su problema es la falta de democracia. Nuestro modelo de desarrollo es bueno, son ustedes los que no saben, así que avancen hacia la democracia”. Y así tenemos a todo el continente en este estado de locura, de guerras, nos dicen que no se han convocado elecciones a tiempo, que las urnas no eran transparentes, pero nadie quiere centrar el debate en el paradigma de desarrollo. Para ser breve, estoy segura de que habrán oído lo que dijo Emmanuel Macron, que las mujeres somos la clave de la estabilización y que África no se estabilizará ni con todo el dinero del mundo porque las mujeres tienen demasiados niños. O sea, que se instrumentaliza la causa de las mujeres para explicar la crisis migratoria, para explicar la crisis de seguridad, porque nosotras las africanas tenemos muchos hijos y no sabemos desarrollarnos, no sabemos democratizarnos y nuestros hijos se convierten en invasores de Europa, que no nos ha hecho nada, que es generosa y amable y nos ayuda a desarrollarnos, con esto respondo a su pregunta.

En Mali, con la guerra, la situación en el norte, Tombuctú, el Azawad, la intervención francesa… La situación es muy compleja. Ya no se puede ir a Mopti, a Djenné, esa preciosa ciudad tan visitada, a Bandiagara… Todo está militarizado, pero no por soldados malienses, sino por militares extranjeros. ¿Qué está pasando? ¿Cuál es el motivo de este derrumbe y de esta presencia extranjera que llega incluso a Bamako?, parece una exhibición. ¿Qué aporta todo esto a Mali?

Yo en ningún momento pensé que la Operación Serval [N. de la R: intervención militar francesa en Mali en 2013] fuera para liberarnos. Porque yo me dije: “de acuerdo, tenemos un problema en el norte, pero es un problema que no requiere el despliegue de cien mil soldados franceses”. Yo ya sabía que tras abandonar Afganistán, el ejército francés tenía la intención de implantarse en el Sahel, y no por generosidad, porque alguien que lucha enérgicamente contra la inmigración hasta el punto de crear la situación que conocemos hoy en día en Libia, no veo qué tipo de generosidad lo va a llevar a enviarte cien mil soldados a tu casa para salvarte. ¿No pueden salvarte en el Mediterráneo y van a salvarte aquí, en el Sahel? Nunca me lo creí. Lo que está claro es que Francia, en el seno de Europa, cuenta con África para hacer frente a sus desafíos. Desde la crisis de 2008 Europa se enfrenta a dificultades cuya solución pasa por los recursos naturales del continente negro. Con las independencias africanas, sobre todo en un país como Mali, uno de los símbolos fuertes de la independencia nacional fue la salida del último soldado francés. De ahí nuestra agitación, por eso todo el mundo está enfadado. “Se burlaron de nosotros”, nos decimos. “Ya nos habíamos despedido de Francia, nos dijeron que esto era una guerra rápida y que luego se marchaban”. Pero no solamente no se marchan, sino que llaman a sus aliados europeos. A los alemanes, a los italianos… “¡Vengan todos!” Así que se instalan aquí y en Níger, diciendo que van a luchar contra el terrorismo. Cuando empezaron la guerra, había quizá unos centenares de terroristas; hoy nadie sabe cuál es la situación. En realidad, los terroristas están en las cabezas pensantes que vienen del exterior y que reclutan localmente entre los jóvenes desesperados, entre los parados, entre todos aquellos a los que Europa va a poner bajo arresto en nombre de la firmeza en la gestión de los flujos migratorios. Esos son para mí los yihadistas en potencia. No es un problema de religión o de fe, es un problema de desesperación y de desconfianza, desconfianza hacia el Estado y hacia todo lo que se asocia con el Estado. Porque el trasfondo es económico, pero es cultural también por esta hegemonía cultural de Occidente que va de la mano de un modelo de desarrollo económico que no responde a la cuestión fundamental del empleo. En nuestros países nunca hemos conocido el desempleo, todo el mundo trabajaba, todo el mundo hacía algo hasta los años noventa. El paro para nosotros es algo inimaginable y humillante porque creces en familia compartiéndolo todo, se en tiende que te vas a ocupar no solo de ti mismo, sino también de tu familia y entonces van y te dicen: “no, no hay trabajo”. Ese es el germen de la inmigración y de la inseguridad, pero Occidente no quiere verlo así porque entonces tendría que cambiar de paradigma, tendría que reconocer que el neoliberalismo es quien ha destruido nuestras sociedades, que genera problemas. Los mismos problemas que se generan allí, se generan aquí también, con la diferencia de que en su país ustedes tienen Podemos, ustedes tienen otros partidos, ustedes saben quién es quién, tienen el Partido Socialista, tienen a la derecha. El campo político está estructurado de tal manera que sabes por qué sigues a alguien, aunque no es tés totalmente de acuerdo. En nuestro país hay ciento cincuenta partidos políticos, no hay debate ideológico. Cuando alguien como yo comienza a decir: “no, olvidémonos de los partidos, centrémonos en el modelo económico, ¿este modelo económico puede garantizarnos trabajo, una vida digna, proteger el medio ambiente?” Cuando planteas algo así y encima eres mujer… ¿Sabes?, ellos están comprometidos con la causa de la mujer, la emancipación de la mujer, que si esto, que si lo otro, que si la escolarización de las niñas. Yo les digo: “vale, ustedes quieren invertir miles de millones en la escolarización de las niñas. Pues bien, yo soy una niña escolarizada, si a mí no me escuchan, ¿quiénes son esas otras mujeres africanas a las que van a escuchar?” Tienes que hacer frente a tu sociedad y a tu cultura. La ablación genital o la poligamia son problemas reales, no digo que no, pero son problemas que podemos resolver nosotros mismos. El problema que nosotros no podemos arreglar es el de los recursos, la codicia, porque el desarrollo vincula do con las energías fósiles exige la entrega de esos recursos naturales. La cuestión es más compleja hoy que durante la guerra fría porque están China, Turquía, Brasil, porque todo el mundo quiere venir a obtener beneficios con esos recursos naturales, y todos vienen diciendo que nos van a proteger. Lo que me enfurece es que ahora la solución militar ha fracasado y nos echan la culpa. Las Naciones Unidas dan a Mali dos meses para arreglarlo.

 ¿Se podría pensar entonces que el yihadismo es una excusa para militarizar el continente y abrir un nuevo proceso de colonización que permita seguir explotando sus recursos naturales?

No lo digo yo, lo dice Immanuel Wallerstein a propósito de otros pueblos del mundo. Él dice que allí adonde han ido para combatir al yihadismo, han terminado instalándose, con la excusa de que “vamos a hacer elecciones, les vamos a enviar esto y lo otro”. Si por lo menos fueran honestos… Pero cuando ves que es puro negocio… Porque la guerra es un negocio. La ONU está proporcionando mercados a las multinacionales francesas sin contar con los malienses. Como el norte del país no es accesible, nosotros ni siquiera sabemos lo que está pasando allí. Con los aviones y con las pistas de aterrizaje pueden ir y venir y hacer lo que quieran. Sentimos que nos han robado nuestro país.

En los últimos años, tras los movimientos de protesta que ha habido en los países árabes, ha habido también movimientos ciudadanos, movimientos sociales que han surgido en diferentes países del África occidental, sobre todo protagonizados por jóvenes artistas, raperos… Aquí tenemos la plataforma Antè a Banna; en Senegal, el movimiento Y’en a marre; en Burkina Faso o en el Congo, otro tan to. ¿Piensa usted que esto muestra un cierto despertar de la sociedad civil en algunos países o responde una vez más a intereses extranjeros, a los intereses de [George] Soros? Porque ha habido gente también que ha hablado de los vínculos de Soros y ciertas fundaciones con estos movimientos.

De entrada, a la mayor parte de ellos los conozco. Cuando escribí mi primer libro, L’Étau, se acercó a mí Didier Awadi, una de las voces de esos movimientos, que además le ha servido de referencia a muchos otros. Hemos hecho muchas cosas juntos, lo llevé a Porto Alegre… Él dice delante de todo el mundo que se ha inspirado mucho en lo que hemos debatido aquí, sobre todo en lo relativo a los migrantes. Didier Awadi vino cuando en 2005 acogí a los rechazados de Ceuta y Melilla; hay cientos de artistas que han pasado por este pequeño centro, hemos hecho cantidad de cosas juntos. En primer lugar es preciso que la gente sepa que las revoluciones árabes llegaron después de las revoluciones africanas. Los levantamientos populares del África subsahariana son anteriores a la primavera árabe. Aquí también hay menosprecio, nadie habla del hecho de que, en realidad, cuando François Miterrand exigió que nos democratizáramos, Mali es uno de los países cuyo presidente dijo: “La democracia no es una camisa de fuerza. Si tenemos que democratizarnos, lo haremos desde dentro, pero esto no puede hacerse así”. En ese momento el presidente estaba acabado. Hubo un golpe de estado, el presidente cayó, y así entramos en la democracia. Una democracia formal, mimética; hacemos exactamente lo que los occidentales nos piden que hagamos, sin pararnos a pensar si funcionará aquí. La nuestra es una democracia dependiente en lo financiero, es la Unión Europea la que financia, la que en vía los supervisores, la que decide si las medidas son transparentes o no. Me parece un tanto sorprendente que todas esas buenas personas, todos esos dirigentes europeos que conocen el campo político, que saben muy bien que aquí no hay ideología, no se extrañen. No les molesta que aquí no se hable de neoliberalismo ni de capitalismo. Lo único que se busca es que todo el mundo haga negocio, que el mercado funcione bien. Es decir, se incita a los jóvenes y a las mujeres a entrar en política para que se conviertan en guardianes; lo siento, pero es así. Se pretende que nosotras, las mujeres, y los jóvenes, esas mismas mujeres que tienen demasiados hijos, esos mismos jóvenes que no quieren ver por allí, las mismas mujeres y jóvenes que ignoran, a los que no se da oportunidad de familiarizarse con los mecanismos de la deuda, de las materias primas, a los que se les esconden las responsabilidades globales, se pretende que nos levantemos y digamos: “Ese dirigente es un corrupto, ha hecho esto y lo otro”. Pero después sales a las calles a protestar y te matan, te violan… La Unión Europea dice: “hay que liberalizar esto y aquello; los acuerdos de asociación económica, esto y lo otro”. Todas las soluciones que no quieren los pueblos de Europa para sí, se aplican aquí con toda facilidad. Es el pe so del dinero. Allí en Europa me conocen todos. Louis Michel [N. de la R: excomisario europeo de desarrollo, exministro de exteriores belga, eurodiputado] me invitó a Bruselas, donde me reuní con toda la clase política. También he estado en la Fundación Zapatero. Yo creo que me conocen mejor en Europa que aquí. Pero Europa aquí en Mali no habla conmigo, aquí me ignora totalmente porque no quiere una democracia africana digna de ese nombre, lo que quiere es que cuando la juventud africana salga a las calles sea únicamente para derrocar dirigentes. De ahí lo que le digo a Y’en a marre y al resto: durante mucho tiempo su discurso se ha centrado únicamente en la transparencia de las urnas y las irregularidades electorales, porque es esta forma de democracia la que nos han vendido. Se lo he dicho. Y como es eso lo que les gusta a los dirigentes occidentales, pues Barack Obama va a ver a Y’en a marre, y todos aplauden, pero ellos saben perfectamente que estos jóvenes raperos y artistas no bastan para hacer una democracia en sus países. Para conseguir el cambio en África, la única palanca en teoría son esos jóvenes, pero es que esos jóvenes no están suficientemente familiarizados con las grandes cuestiones. Eso no hay partido político que lo enseñe, ni hay universidad tampoco que lo enseñe. Por ese motivo quiero transformar mi centro en universidad ciudadana. En lugar del “Centro Amadou Hampâté Bâ” quiero hacer aquí la “Universidad Ciudadana Amadou Hampâté Bâ”, incluso si se trata de pequeños grupos y a través de las redes sociales quiero contribuir a que la gente comprenda que hace falta una opinión pública africana más concienciada políticamente. La gente es valiente, tiene ganas de combatir, pero todo lo que les serviría para luchar está escondido.

¿Piensa usted que hoy en día, en el contexto actual, se vive un buen momento para la creación literaria, artística, aquí en África? ¿Se trata de un momento quizá mejor que los años ochenta o noventa?

No puedo decir que sea mejor, pero en cualquier caso es una nueva época. En su momento estábamos en la locura de las independencias, la esperanza, la autocrítica, que llegaba a veces al autodesprecio. Pero hoy vivimos tiempos muy duros, hay un racismo antinegro del que no éramos del todo conscientes. Vemos en televisión que han matado a afroamericanos, que han hecho esto o lo otro y que se rechaza a los migrantes africanos. Hoy, con la crisis siria y los flujos migratorios, todo el mundo comprende que hay un cinismo evidente, que consiste en decirle a los africanos: “vamos a ayudarlos a que se desarrollen”. Y cuando el desarrollo fracasa por razones ajenas a los africanos, se les dice: “a nuestra casa no vengan”. Es decir, la cuestión migratoria ha revolucionado el paisaje político en sus países, vemos hoy que incluso personas de izquierdas, para congraciarse con el electorado, dicen: “yo no voy a dejarlos entrar”. Pues yo querría que esta cuestión se inscribiera aquí también en el debate político. Que aquí también se diga: “Nosotros —no solamente la clase política, nosotros los africanos— ¿vamos a dirigir nuestra mirada hacia nosotros mismos? ¿Vamos a organizar – nos y a evitar los flujos y las hemorragias financieras —flujos ilícitos, impuestos, deuda, corrupción—?”. Por – que el dinero que se marcha de África es más que el que recibimos. El dinero más importante que recibimos son las remesas de los migrantes, el resto… Nos llega ayuda, pero el que envía la ayuda también viene a reclamarla.

Cuando un país te da tantos millones, ellos se frotan las manos; para ellos queda registrado como ayuda a África, pero cuando ese dinero viene a África, va a los mismos occidentales. Yo sé cómo funciona esto. Cuando hay un médico francés aquí, sé lo que gana y lo que gana su homólogo maliense. De modo que el dinero viene, pero vuelve a marcharse. Y la ayuda está vinculada con el armamento. La guerra nos va a llevar a la compra de armas, pero los que nos van a dar dinero para la compra de armamento no querrán que le compres a los chinos y a los rusos, te dan para que lo gastes en ellos; te dan para que les des dinero a sus expertos. Así las cosas, ¿qué tenemos que hacer? Por eso yo misma hago aquí mis muebles, no porque no me interese el negocio, sino porque es un desafío para la creatividad. Por eso tratamos de crear aquí un entorno agradable y que pueda dar trabajo a los ebanistas, a los artesanos. Ahora, si hablamos de creación literaria, la ver dad es que a mí me gustaría dejar de escribir ensayo para hacer novela, como él [señala a Antonio Lozano; alguien ríe]. La novela te da más libertad, va más rápido, mientras que el ensayo te obliga a enfrentarte a la historia, a la actualidad candente, te obliga a confirmar esto y lo otro. En una novela creas tus personajes, les das un trabajo, los mandas al paro… [Antonio Lozano ríe]. Haces lo que quieres.

Acabo de participar en un foro sobre la educación en Dakar: la Alianza Mundial por la Educación. Había muchos jefes de Estado, una decena del África occidental, entre ellos Nana Akufo-Addo, el nuevo presidente de Ghana. Una de sus primeras medidas tras llegar a la presidencia hace un año fue implantar la gratuidad de la educación secundaria y rechazar la ayuda del Fondo Monetario Internacional. ¿Piensa usted que este es el camino? ¿Nana Akufo-Addo representa algo nuevo entre los presidentes africanos?

Hoy hay mayor conciencia política entre todos esos jefes de Estado, el problema es el grado de dependencia. Por ejemplo, países como Mali, Burkina, Níger, que no tienen litoral, que dependen del oro, del uranio, pero que sobre todo tienen una dependencia cruel de la ayuda internacional, pueden ser desestabilizados de un día para otro si adoptan una posición radical. Ya vimos cómo desestabilizaron a Laurent Gbagbo, no hablemos ya de Thomas Sankara. Hoy tenemos memoria de todo aquello, de todos los jefes de Estado desestabilizados o asesinados. Nana Akufo-Addo acaba de llegar, nos gusta oír lo que dice, pero no sabemos lo que costará. Estuvo con Macron, ¿verdad? Bueno, pues a Macron, que es ambicioso, voluntarista, que va a cambiarlo todo, que sonríe pero yo creo que sin ganas, no debe de gustarle lo que dice Nana Akufo-Addo porque Macron es el nuevo director de orquesta, quiere arrastrar a toda Europa aquí y que la grandeza de Europa se mida por el lugar que Francia ocupe. Eso es lo que a él le gustaría hacer, es su agenda, incluso si los demás países europeos no están tan deseosos de que se salga con la suya. Se ha compartido mucho lo que dijo Nana Akufo-Addo después del discurso de Macron en Uagadugú y en la Alianza Mundial por la Educación. Es más, acaba de decir que ya está bien con el Fondo Monetario Internacional. De todas formas, estamos hablando de un país anglófono, y los países anglófonos de África a menudo han transitado por un camino distinto del nuestro [los francófonos]. ¿Por qué la gente habla de la Françafrique? Justa – mente por esto que digo, porque en la francofonía estamos hoy en una posición en la que desde fuera se alientan enfrentamientos contantes entre nuestros jefes de Estado. Un caso, el de Macky Sall [N. de la R: Presiden – te de la República de Senegal]. Los otros lo miran con recelo porque saben que Sall tiene dificultades, porque el cacao no se vende, porque para los militares la cosa no está estabilizada, pero desde fuera van allí a montar algo para decir que Senegal está emergiendo. Bueno, pues ya ves cómo Senegal va emergiendo mediante las infraestructuras. Se genera una efervescencia y en la especulación —yo llamo a eso especulación— es donde se constata que todo se basa en el mercado. Por eso cuan – do ellos hablan de África como el continente de la corrupción, yo digo: “no, es que la corrupción es inherente al modelo que ustedes nos han impuesto”. Hoy por hoy, aquí hay pocas maneras de hacer dinero, una es meterse en política. Si consigues que te elijan o si entras en algún sitio, puedes disponer de recursos para sobrevivir, lo que a su vez genera una redistribución. Aquí no hay programas sociales, no hay ayudas para los parados ni nada parecido, conque la gente se mete en política o en los negocios precisamente para poder redistribuir. Es esa redistribución la que le ha metido en la cabeza a la gente que desarrollarse es colocarse en el sistema. Pero nadie aprende nada, tienes un golpe de suerte y ya tienes dinero. No seré yo quien se lo reproche, pero para mí todo parte de una ignorancia cultivada deliberadamente. Porque si quisiéramos salir de eso, se podría, a la gente se le puede decir: “No importa tu Mercedes, ni la cantidad de productos que compres. Lo que importa es otra cosa. ¿Puedes comprar lo mismo localmente? ¿Eres capaz de contentarte con lo que tienes? ¿Eres capaz de vivir más sobriamente?”. Pero lo único que sale en televisión es que las personas de éxito llevan corbata y van en cochazo. Me preguntabas por la cultura: pues es frustrante ver cómo la literatura evita estas cuestiones, no estamos en absoluto en estas cuestiones macrogeoestratégicas, es un asunto doloroso y nadie lo quiere tocar. Con este panorama, ¿cómo va a ser suficientemente audaz la nueva generación de escritores y cineastas para abordar estas cuestiones? Es la naturaleza del sistema, pero no solo aquí: tengo muchos amigos en Francia a los que no se invita a los platós de televisión o que son marginados en los medios simplemente porque han querido decir la verdad sobre África. El precio que yo pago hoy es encontrarme que mis estructuras no son frecuentadas, están al mínimo. Aunque hoy con las redes sociales me llegan cosas que me interesan y veo que también se están haciendo muchas otras cosas.

 Una pregunta sobre la juventud. Dice usted que muchos jóvenes se marchan a Europa en embarcaciones precarias porque hay desempleo y muchos problemas. ¿Qué tendría que cambiar para dar una expectativa de futuro a esos jóvenes?

Creo que hay que cambiar el modelo. Hay que hablar con los jóvenes; si pudieran, muchos se quedarían aquí, han adquirido destrezas, pero no encuentran salida para sus capacidades, y no hay salida porque las reglas de la Organización Mundial del Comercio te prohíben proteger tu mercado. Si Mali, que es productor de algodón, cierra su mercado, nos buscamos un problema, pero es que este sistema ha puesto las cosas totalmente patas arriba en la base. Un tejedor maliense va con su producto al mercado a venderlo por 50 € y allí se encuentra con mantas del ejército americano o a saber de dónde por menos de 10 €. Lo mismo para los pantalones, las camisas y todo lo demás. Nosotros hacíamos camisas preciosas, pero ahora cuando los tejedores acuden al mercado se encuentran con los restos de las tiendas de saldo, porque todo lo que sobra se manda a África, conque no hay salida para la creatividad. A los jóvenes les podemos enseñar a tejer o a hacer lo que sea, pe – ro después no tienen un mercado africano al que acudir con sus productos. Así no podemos decirle a los jóvenes: “tú eres la solución porque sabes lo que compras, lo que con – sumes”. Nos persiguen como migrantes, pero nos necesitan como mercado para que compremos los teléfonos y todos los arretrancos que llegan de Europa. Porque una cosa son los recursos naturales, pero no olvidemos a los dos mil millones de africanos, que asustan a todo el mundo pero al mismo tiempo son un mercado atractivo, un mercado lamentablemente para el tabaco y el alcohol, dos de las industrias más boyantes aquí y de las que más problemas nos causan. Pero sobre eso tampoco podemos debatir, de eso nunca se habla, con lo que afecta a la juventud.

¿Y la educación?

La educación tiene hoy diferentes velocidades. Yo soy el producto de un sistema educativo gratuito, mis padres nunca pagaron, yo fui gratis a la escuela. Cuando era adolescente no estaba expuesta a la violencia sexual y todo eso porque dormía en el internado, donde comía y todo estaba cubierto, incluida la ropa y los libros. Cuando llega la década de los ochenta, se dice: “no, eso es un gasto improductivo”. Al Estado se le dice que tiene que desentenderse de la sanidad y de la educación, que son los padres los que tienen que pagar. ¿Pero cómo van a pagar los padres? Si no hay empleo, trabajan en la agricultura, no consiguen vender sus productos. Los que están en una posición un poco más desahogada, como yo, terminan mandando a sus hijos a colegios privados, que el Estado se ha visto obligado a subvencionar, con lo que tenemos colegios públicos y colegios privados con diversos grados de calidad, por – que cualquier para do puede montar una escuela. Todo el sistema educativo, la escolarización, se ha convertido en un mercado. Un día vinieron a proponerme ponerle mi nombre a un colegio. Yo no entendía nada. “¿Por qué?”, les pregunté. “Por lo que representas, queremos que lleve tu nombre”. De modo que hay un colegio que se llama “Aminata Dramane Traoré”. Desde entonces no he vuelto a saber de ellos ni me han pregunta do mi opinión sobre el colegio, lo de ponerle mi nombre a la escuela era por puro marketing. Y la escuela está llena porque la gente cree que yo tengo algo que ver. Es la mercantilización de la educación; de la educación y de la sanidad, que se encuentra en una situación catastrófica. Vas al hospital y los enfermeros se hacen pasar por médicos, intentan imitar lo que han visto hacer… Ya si hablamos del sanea miento, cuando yo era pequeña había muchos camiones de recogida de basuras, pero como el Banco Mundial nos dice que eso es caro, nos hemos desprendido de todo. Ahora tenemos que arreglárnoslas entre nosotros, crear pequeñas asociaciones que recogen la basura y la depositan donde corresponde, un quebradero de cabeza. Además de todo esto, no hay ningún vínculo entre formación y empleo, se habla de las startups y la tecnología como si nos fueran a sacar de todos nuestros apuros, pero la tecnología no está adaptada a las realidades de nuestro entorno. Estamos preparando al personal técnico que necesita la economía de mercado, convocamos elecciones para elegir al personal político que necesita la economía de mercado, y nos endeudamos con infraestructuras, como carreteras o puertos, que necesitan las empresas, no nosotros. El mercado se nutre a sí mismo, se autoalimenta en nombre del desarrollo de África, to das las infraestructuras que nosotros tenemos que poner en pie responden en primer lugar a las necesidades de las multinacionales, que solo vendrán si tenemos toda la infraestructura montada. ¿Te das cuenta?

 ¿Cuál es su opinión sobre el papel de la ONU en la actualidad?

La ONU para mí se ha convertido en un gran problema porque, al igual que los estados que la componen, es un rehén del sistema. Las multinacionales irrumpieron en la ONU en la década de los noventa. Con Butros-Ghali tenían la puerta cerrada, pero con la llegada de Kofi Annan —con apoyo norteamericano— llegaron también las grandes empresas y crearon lo que se llamó el Pacto Global (Global Compact). Está todo en internet. El Pacto Global agrupa a miles de empresas que hacen negocio gracias a las Naciones Unidas, o sea que el programa de la ONU consiste en liberalizar. Ya no estamos en el esquema de los años sesenta como cuan do yo era pequeña, cuando —como digo en mi libro— se aprobó una resolución de Naciones Unidas que dice que cada pueblo es soberano en la gestión de sus recursos naturales y que cada pueblo podrá decidir cuándo privatizar o recuperar esos recursos. Es decir, soberanía total de cada cual sobre sus recursos. Todas aquellas re soluciones con aquella musiquilla que tanto nos gustaba a los pueblos recién independizados… [Aminata hace un gesto dando a entender que la ONU se lava las manos]. El número de cascos azules ha aumentado exponencialmente entre 2000 y 2015, justo cuando la ONU nos promete los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Nos dijeron: “todo lo que no hemos podido resolver en el siglo pasa do lo vamos a resolver en quince años: la educación, la sanidad, la mortalidad materna e infantil, el medio ambiente”. La Unión Europea decide que 2015 sea Año Europeo del Desarrollo, para al poco enfrentar se a la crisis migratoria y de seguridad más aguda de su historia. Insisto, el número de cascos azules se ha incrementado vertiginosamente —con el 80 % des plegado en África— justo durante esos quince años, lo que significa que el modelo de ustedes no funciona. Si ustedes se han visto obligados a milita – rizar… Hoy ya no es el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con su red de oficinas, quien se ocupa del desarrollo, sino la minusma [misión de estabilización de la ONU en Mali] y el resto de grandes operaciones de mantenimiento de la paz. ¿Te das cuenta?

Me gustó mucho su definición de Macron: el nuevo director de orquesta. Efectivamente, da la impresión de decir: “Síganme, vengan a África…”

Al principio de su mandato todos los presidentes franceses hablan de África, pero después… La diferencia es que los africanos por fin han comprendido. Cuando escribí mi primer libro, resultaba molesta para los dirigentes porque ellos le decían al pueblo: “Estamos ha – cien do un buen trabajo”. Y yo lo que le estaba diciendo al pueblo era: “No, aquí hay otro por detrás que es quien les dice a estos lo que tienen que hacer”. Cuando empezó la guerra con la intervención [de Francia] aquí en Mali, todo el mundo andaba arriba y abajo con la tricolor [N. de la R: la bandera de la República francesa]. Yo dije: “No nos precipitemos. Vienen de pasar once años en Afganistán sin resolver el problema, destrozaron Irak y esto de aquí tampoco lo van a arreglar”. Hoy me preguntan: “¿Pero cómo supiste verlo?” Y yo respondo: “Es muy fácil, sencillamente hay que ser consciente de que el motor de todo esto es el beneficio”. Todo gira en torno a la supervivencia de sus grandes empresas. Lo digo y lo repito: cuando miras el mapa del mundo, los Estados Unidos tienen recursos; Canadá tiene recursos; China, Australia, Brasil, otros países similares… Las gran des potencias, en general, tienen territorio. Pero Europa occidental… Me van a disculpar, amigos europeos: Europa occidental tiene África. Los europeos tienen África, pero sin los africanos. Lo dijo Samir Amin: “El África útil para los europeos es el África sin los africanos”. Miren el mapa. ¿Ven el tamaño de Gran Bretaña, el tamaño de Francia? ¿Dónde están ahí los recursos? Durante siglos Europa ha extraído esos recursos del resto del mundo. Europa se construyó con lo que obtuvo del resto del mundo, y ahora le dice al mundo: “¡Qué den se en su casa! Pero nosotros sí vendremos a la suya”.

¿Y Aminata Traoré no quiere volver a presentarse a las elecciones para cambiar el sistema?

No resultaría útil. Las elecciones no son la solución, la solución pasa por el conocimiento, creo yo. En ese sentido estoy muy tranquila. Tengo amigos en el poder y sé que son personas que sufren, aun estando en el poder tampoco pueden hacer mucho. Por ejemplo, en 2013 aquí en Mali nadie se imaginaba que en 2018 habría más soldados, nos creíamos que los yihadistas se iban a marchar y que pasaríamos a otra cosa. No me apetecen en absoluto la carga ni los privilegios que conllevan esos cargos, prefiero seguir con mi vida tranquila de ensayista. Si consigo hacerme oír y que los otros comprendan, ya es mucho.

* Entrevista realizada en Bamako a la política y escritora maliense Aminata Traoré por el escritor Antonio Lozano y los periodistas José Naranjo (Premio Canarias de Comunicación) y Nicolás Castellano (redactor del Área de Sociedad de la Cadena SER en Madrid, especializado en África y movimientos migratorios). El escritor Antonio Lozano falleció el pasado 10 de febrero. Fue Antonio Lozano quien ofreció la publicación de esta entrevista en El Bucio a nuestro compañero Tenesor Rodríguez. La entrevista salió publicada originalmente en la Revista número 0 de El Bucio de venta en librerías.

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