Semanario Crítico Canario
La Teología de la ciencia en el tema guanche e identidad canaria. “El peligro de la casaca” (parte 2/3)De la exposición "Colón y los olvidados" (Casa de Colón, 2011) de Jesús Arencibia.

Este artículo lo publica

Catedrático de Psicología, Psicólogo Clínico, Psicoterapeuta en el País Vasco y Tenerife, Doctor en Pedagogía, Director del Instituto de Ciencias de la Educación durante diez años y Presidente electo, en tres legislaturas, del Consejo Escolar de Canarias. Autor de la obra enciclopédica "Natura y cultura de las Islas Canarias".

Opinión

La Teología de la ciencia en el tema guanche e identidad canaria. “El peligro de la casaca” (parte 2/3)

En ese momento apareció en la acristalada y confortable cafetería, un destacado militante de izquierda, metido en numerosas denuncias de abuso social. Tiene un apellido de origen austriaco, es de aspecto bonachón, defensor acérrimo de la obra de Tegueste y correligionario político de Toni Pueyo. Toni quiso evitarlo. Había venido a comprar dulces para la familia y traía un periódico en la mano del 3 de agosto, con la noticia de que “Alrededor de diez personas murieron cada día durante el primer semestre del año en Canarias pendientes de recibir una prestación de dependencia”. Él se acercó y nos lo mostró indignado: “¿Cómo se puede permitir esto?” Luego continuó: “ni esto es admisible, ni tampoco el inconcebible vía crucis cultural por el que se sigue sometiendo a la obra de Tegueste… Por encima de ideologías, es un atentado cultural a nuestras raíces … Es la incultura de los que solamente gestionan intereses económicos… y mucho más que me callo por educación…”.

Tegueste agradeció sus palabras, pero Toni Pueyo sonrió por compromiso y, prácticamente, lo despidió. Luego, comentó: “Cuando antes te indiqué de broma que los frailes normandos se pasaron en elogios sobre los guanches, quería resaltar esa manía de hablar de la identidad centrándose en el mundo indígena, como acaba de hacer este”. Tegueste, entonces, le hizo ver que en su obra hablaba de la colonización, de los monocultivos, de la relación con América, de la Ilustración, de la emigración, de literatura, geografía, geología, arte, pero solo se pone el foco “agresivo” en los guanches o en la psicología y vida del canario. Pueyo lo admitió, pero insistía que debía hacer una visión de los indígenas con menos elogios y más mesura, a lo que Tegueste reaccionó ya un poco hastiado:

—Yo no juzgo esas frases históricas, porque era la percepción de los conquistadores y viajeros.  A mí me da igual. Lo que quiero hacerte ver es que no soy yo quien las ha descrito. Tampoco es cierto que fuera el único elogio ni los únicos autores que hicieron alabanzas similares…  ¿Qué culpa tengo yo, de que Nicolosso da Recco, en el viaje de Angiolino del Tegghia, en 1341, medio siglo antes de que comenzara la conquista, escribiera que los antiguos canarios eran respetuosos, alegres, risueños, bastante civilizados y menos salvajes que muchos españoles? ¿Elimino esa frase?

—Sí, claro, también Fray Alonso Espinosa los consideraba de «muy buenas y perfectas facciones de rostro y disposición de cuerpo»; de gran fortaleza y agilidad; amantes de su patria; respetuosos con las mujeres; considerados con los familiares de los vencidos, etc., Todo eso suena muy bien, pero debes comprender que remarcar cosas así, te colocas en la diana para que te encasillen en una postura romántica de los indígenas.

—Vamos a ver, Fray Alonso conoció a los guanches viejos, ¿a ti te parece científicamente riguroso descalificarme por exponer la visión que los cronistas han hecho de los guanches?

—En absoluto, pero, también, podemos pensar que es posible que muchos de los viajeros y conquistadores, esperaban encontrarse en las islas con salvajes peligrosos, y se sorprendieron al ver lo contrario de lo que imaginaban…

—Bien, puede ser esa y muchas otras más razones, pero ¿por qué tenemos que meternos en las razones de las alabanzas, sin considerar el valor de estas? ¿No es eso censura?

—Yo pienso que es interesante estudiar los motivos, pues muchos de los que hacen esos comentarios, tan superlativos de los indígenas, son capellanes y misioneros. ¿Por qué? Probablemente lo hicieran por sentimiento de culpa y también con actitud culpabilizadora respecto a la acción conquistadora.

—¡Con más razón si desde entonces había culpa, mientras hoy no se quiere hablar de esa Memoria Histórica! Además, si juzgamos las intenciones de los numerosos cronistas en sus comentarios, ¿por qué no juzgamos ahora a los “científicos” que juzgan a aquellos?

—Ya estás rizando el rizo…

—No creo, ¿cuál es el interés por desmontar esas valoraciones? Alejandro Cioranescu alabó mi libro, pero me dijo que podría ser peligroso. ¿Sabes por qué?  “Por la casaca” … ¿La casaca?, le pregunté. “Me refiero al tono, piensa que se presta a ser utilizado por radicales”.

—Eso es un poco lo que yo quería decirte… En este momento, la mayoría de la gente, tú lo sabes, que investiga y escribe sobre el mundo aborigen son personas políticamente progresistas, que evitan utilizaciones populacheras que pueden aprovechar ciertos partidos nacionalistas.

—O sea, que ¿también existe una “guadaña progresista”?

—No es eso. Lo que te sugiero es no entrar en esas valoraciones, sino en sus funciones y costumbres, para evitar malos entendidos. De hecho, no sé si señalas que, como en todos los sitios, también tenían peleas entre ellos por terrenos y ganados.

Además, son múltiples las coincidencias en distintas islas y por distintos autores…

—La coincidencia no es absoluta. Hay comentarios y actas del Cabildo de Tenerife que hablan de cómo los guanches robaban el ganado a los señores y se lo daban a los suyos.

—Evidentemente, no pertenecían a ninguna congregación religiosa y máxime, habiendo sido expoliados… ¿Te refieres al texto que habla de que eran “personas muy ligeras, muy astutas, criadas en los campos y montañas tras las cabras y ovejas, de forma que si los vecinos y moradores los guardan, algunos pastores guanches esclavos, los hurtan a sus amos y se los dan a los otros guanches libres, pero que los amos no se atreven a reprenderlos para que no se alcen y huyan a las montañas, destruyendo el ganado que les queda?”.

—¿Tú ves? Ese es tu problema, Tegueste, cuentas todo como si los guanches hubieran sido héroes… Parece que estás reclamando revancha histórica…

—Vamos a ver, Toni, yo no tengo espíritu de revancha ni veo que la realidad o la identidad canaria se tenga que limitar al mundo indígena, ni mucho menos, pero sí considero que es parte “raíz” de esa identidad.

—Todo lo que tú quieras… Tú puedes optar por cualquier posicionamiento, pero ¿no te parece que la historia no se debería transformar en arma política? Además, Canarias es lo que es, ¿qué necesidad hay de revolver heridas pasadas que solo aportan conflictividad?

—¿Precisamente, yo?… ¿Quiénes aportan la conflictividad? Yo, hasta ahora, sí que me he sentido víctima del Santo Oficio Académico y Político. Más de un dirigente importante ha sido capaz de decirme a la cara que había hecho mucho mal a Canarias con mi libro. ¿Esto suena a la antigua Inquisición? Pues no, es pan recién sacado del horno…  Siempre que se habla de arma política o de adoctrinamiento, la cuestión estriba hacia dónde se dirigen las armas… Te digo esto, porque no veo que ningún “progre”, como tú dices, se soliviante porque haya gente que critique las atrocidades del nazismo, aunque eso ya sea historia…

—Tegueste, esas comparaciones son las que te pierden, ¿cómo vas a comparar el nazismo con la conquista hispana?

— No te irás a identificar —reaccionó con energía Tegueste— con el Obispo de Tenerife, Fray Albino, respecto a la conquista, diciendo en primera plana de la Gaceta de Tenerife de 1935, palabras como estas: “Las Islas Canarias no fueron conquistadas, sino cristianizadas y anexionadas” … “Nunca fueron usadas las armas como medio de dominación. Pues “en cuanto lograban su fruto, esto es, demostrar a los guanches que los españoles podían más, venía la paz…”. Canarias fue y es pueblo hispano… Así lo quisieron los Reyes Católicos… En realidad, vosotros tenéis en vuestras venas un torrente de sangre guanche y un torrente de sangre español (aplausos)…”.  ¿Te parece que como investigadores y docentes es esto lo que tenemos que transmitir al pueblo? ¿Por qué hay tanto silencio y tan pocas tesis doctorales sobre estas barbaridades?

—Lo único que estoy pretendiendo es que abras los ojos, que este no es el momento para estar poniendo de estandarte, como tú haces, a los aborígenes canarios.

—Agradezco que me sugieras que sea más práctico no hablando de los guanches, pero ¿cómo puedo admitir la descalificación que esta mujer me hace sobre la psicología del canario? No sé si has visto cómo voy analizando los distintos factores geográficos, demográficos, económicos, históricos o educativos que han influido en la personalidad de los canarios. Algunos resultados son fruto de varias investigaciones, incluso, con datos comparativos con otras comunidades.

—¡Vaya! ¿También, ella se mete con la parte de psicología?

—¡Vaya sí se mete! Se mete, sin argumentar, laminando información y descalificando tan alegremente. Concluyendo que existe una continuidad pasmosa entre el “buen salvaje” y el “buen canario”, recogiendo de otro autor que “en realidad el guanche nunca existió” más que como “imagen arquetípica de lo canario”, habiendo sido una invención para proporcionar unos ancestros a la moderna idea de una nación canaria ¡Hay que joderse!

—Es lo que te decía, esta se ha apoyado en el texto de Fernando Estévez para poder encajar su teoría… No le des más importancia…

—Puedo no darle importancia, pero ¿a ti no te indignaría que, si consultas mi libro, vieras cómo, en la página 235, expongo un apartado dedicado a las cualidades  positivas de los canarios y, a continuación, otro más extenso de las cualidades negativas, incluyendo resultados de tesis realizadas fuera de Canarias, mientras ella se queda con las valoraciones positivas, para poder concluir: “Estas precarias descripciones psicológicas obviamente se enmarcan en una honda tradición de infantilización (o, lo que es lo mismo, racialización) del colonizado”.

—Todo lo que cuentas es muy desagradable, pero sal de ahí. Tegueste. No le des cancha a que aprovechen tu polémica para desacreditarte por tu exaltación de la canariedad, pues, ya sabes, como esto suele ser utilizado por un lado y otro de la política.

—Eso es lo triste, que no estoy en ninguno de esos dos lados, ni tampoco en el centro.

—Vamos a ver, Tegueste, te entiendo más de lo que tú crees… y me produce escozor todo cuanto cuentas… Sin embargo, ahora quiero ser muy sincero contigo… Voy a hablarte como amigo, pues he estado preocupándome y defendiéndote hasta lo imposible…

—Ahora, ya me estás poniendo nervioso.

—Tranquilo… Yo pienso que eres muy buena persona, tanto como considerarte ingenuo, así lo demuestras en tu preocupación por la ética de la verdad histórica… Verás, mientras tú has estado en esa batalla, yo he tenido que preocuparme de otro asunto que, de forma práctica, más te atañe…

—¿Más problemas todavía?

—Bueno, ya sabes lo raro que ha sido este curso con la pandemia y la tele-enseñanza… Bien, pues, ahora se está reorganizando el próximo curso, con esos nuevos parámetros, llegando a afectar a la plantilla docente… No es nada agradable para mí…

—Lo que pretendes decirme es que no se me va a renovar el contrato, ¿no es eso?

—Desgraciadamente, es así. Entiende que tu contrato es solo parcial… Era, por lo tanto, más difícil de salvar. Te diré que yo me abstuve… También lo hizo tu mujer. Lo peor es que te han denegado la subvención que tenías hasta ahora para tu proyecto de investigación

—¡Cómo! Para todo eso tuvo que haber alguien que se opusiera… ¿Quiénes?

—El discurso más arrollador fue el de Vigil Carrera, el que ha estado hasta ahora de vicerrector, aunque siempre figura en todos los gobiernos de la universidad. Él y también Christmas Flores, muy amiga de la consejera.

—¿Christmas? ¡No es posible! ¡Si me acaba de decir que lo me están haciendo a mí, eso no pasaría jamás en Cataluña ni en el País Vasco!

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